cultura de club

En Polonia late el VCF

La vida de un grupo de aficionados polacos del VCF está llena de impedimentos y retos a superar. Esta es su historia.

Podría formar parte de alguna de las escenas de ‘El libro negro’, pero representa algo más postsoviético, una estación fría, decadente, sin trenes escupiendo vapor ni personajes de gabardina arrastrando maletas de cartón. Es una Varsovia de máquinas sin glamour, viejas quejosas reclamando tiempos mejores al ritmo que penetran en estaciones alejadas de la elegancia que un día lucieron. Con una hora de retraso Hubert Jaros abandona el vagón que le ha transportado desde la lejana Lublin y se encamina dispuesto a encontrar un modesto hostal en el centro de la ciudad, esperando toparse en sus puertas con Dexter, Kamila, Paul y Martin, también llegados de distintas partes del país y arrastrados por el mismo cometido: celebrar el V Rally Valencianista en tierras de Wojtyla.

Aunque por su nombre parezca escogido a conciencia la elección responde a los asuntos del monedero, porque ‘Adventura Hostel’ encaja como un guante en esta historia. En una de sus paredes, levantadas en el cerco histórico de la urbe, jugando al escondite con el huésped, los visitantes que lo han ocupado a lo largo del tiempo han ido estampando la huella de sus manos en forma de legado, formando un mural con alma y significado. Escuetas inscripciones indicando sus motivos y lugar de procedencia rematan la obra asemejándola a un testamento vital. Desde el pasado octubre ‘Valencianistas Polonia’ pegó con letras de pasión un pedacito de la esencia blanquinegra en dicha estancia varsoviana, «fue una sensación extraña, muy sentimental» describe Jaros. Las presentaciones del inicio dejan paso a choques de valijas al ritmo de habitaciones que se abren y se cierran en lógica transición hacia el momento de las cervezas.

Castigada y sufrida como es ella los rincones más intrascendentes de la ciudad cuentan historias, como ese pobre autobús que cruza sus calles para recordar que no hace tanto era víctima de la violencia de los ultras del Legia – uno de los grupos más agresivos de Europa – respondiendo en su camino a la pregunta de por qué los estadios polacos han sido abandonados, alejándose el público local de unos clubes secuestrados por la violencia de unos pocos y la dejadez temerosa – cuando no cómplice – de sus dirigentes. Sentado en él viaja Saska, otro de los integrantes del clan valencianista en Polonia. Lleva una hora buscando un local en el que poder ver el partido que enfrentará al VCF ante la Real Sociedad. La suya es una de esas militancias sufridas, que van curtiéndose de la misma forma que se curten las manos de un carpintero al contacto con la madera, sólo que él moldea adversidades.

Se subió en el trasto porque el ritual de abrazos y besos dejó pasó al tambaleo de un acto organizado con semanas de antelación, perdiendo incluso la reserva en un pub, todo por una decisión arbitraria de un tipo que prefirió ilustrar a sus clientes con el partido del Barça, al igual que lo prefirieron todos los canales de pago, como lo prefieren siempre. De repente adquirió todo sabor a fracaso, el grupo, disperso, desesperado, busca algún tugurio que les arregle la existencia, pero no hay solución. La escenografía del perdedor habitual les conduce a la hogareña derrota. Janos no sabe identificar el autor, pero una exclamación pone luz en medio de la penumbra: «No somos aficionados del Barça, comportémonos como hombres». En el ‘Adventura’ corre la cerveza como corren los antidepresivos en una consulta psiquiátrica, quedan dos días y el grueso de la expedición, la que vive en Varsovia, está por llegar y no hay forma de ver el partido.

Podían haberse quedado en casa, al calor de la estufa. Podían haberse hecho del Man.Utd o del Real Madrid y evitarse tanto dolor. Podían pasar de todo. Pero ahí estaban a la mañana siguiente, luciendo ‘señeras Joma’ y vestigios de otras épocas en mitad de un parque público, cumpliendo con el planning, jugando partidillos emulando a Rufetes bálticos y Aimares de Silesía con piernas que se niegan a funcionar y cabezas embotadas por una noche de alcohol y fiesta, soportando temperaturas de 5ºC en pleno otoño polaco, olvidando la afrenta de la primera jornada. En una de las mochilas que descansan en el hostal, doblada, abultando por los quilates de ilusión que la han bordado, descansa un trozo de tela de cinco metros con los colores de la bandera nacional. En un lateral se ilustra el águila imperial del escudo, a su derecha, la inscripción ‘Valencianistas Polonia’ le pone alma al trapo. Un trozo de tela construido desde el más puro sentimentalismo, ideado para invadir un local que les dejó tirados, pero «con la intención de colgarlo en Mestalla dentro de un año».

La colonia blanquinegra en Polonia debe ser una de las más numerosas allende nuestras fronteras, y seguro, es de las más sólidas. Su fe les ha llevado a estructurar en la red todo un medio de comunicación valencianista en lengua eslava, incluyendo un programa de radio on-line que se puede escuchar en podcast. Son artesanos de la militancia, hasta el punto de haber creado una revista sobre fútbol español (Olé Magazine) impregnada con el espíritu del murciélago.

Sorteando el vapor de las duchas, y las camisetas sudadas estampadas en el suelo, van corriendo las bromas y los chistes. Enfundados en victorias unos y en derrotas otros, Maciek, vecino de la localidad, se entera del problema que les dejará tirados por la tarde, cuando a miles de kilómetros, el VCF salte a Mestalla para intentar encontrar el equilibrio en su funambulismo extremo. En un primer momento plantearon ver el partido a través del Xperia de alguno de los integrantes, captando alguna señal remota emitida por la red. Maciek ofrece su casa, sillón y bebida para poder ver el partido por una pantalla de 40 pulgadas con conexión a Internet. Un pequeño triunfo que solidifica más todavía el espíritu irreductible de un grupo acostumbrado a convivir con ‘las de perder’.

Jaros todavía describe con dolor las escenas que deja el encuentro ante los donostiarras, estampas de miseria, desesperación y rabia. Tras sufrir un par de dolorosas derrotas el pasado curso las esperanzas de poder doblegar a la Real y devolverla al plano que le corresponde pintaron de color esperanza la jornada. Con el 0-2 llueven las maldiciones. La decepción se encarga de recordar el peligro que comporta la decadencia de este equipo, transformado en un eficaz aniquilador de adhesiones como estas, de abandonos sonados. Pero muchos siguen ahí, conviviendo con ella esperando que sea leve, luchando, sabiendo, en el fondo de su ser, que el VCF siempre vuelve, aunque a veces se haga el remolón, aunque a veces cueste creer en ello. Con todo, el morder la lona no amarga la segunda jornada de Rally. La noche se presenta joven, hay hambre de alimento y de triunfo, lo que escupió la TV no fue más que un nuevo motivo para seguir peleando.

Una macedonia de sensaciones contrapuestas dan el buenos días a un domingo de despedidas entre gente lejana, que sin necesidad, gastan un dinero que no tienen en un viaje en tren y dos noches de hostal para juntarse a vivir una ilusión, para sufrir un equipo lejano, anclado en el mediterráneo ajeno a toda cultura eslava. El domingo de despedidas sacraliza la motivación y la ilusión de unos jóvenes que podían haber elegido la felicidad del Barça o el triunfo seguro del Chelsea, pero prefirieron ‘ésto’, escogieron ‘ésto’ y con ‘ésto’ abandonarán el mundo de los vivos porque así lo decidieron. El mismo tren que transportó a Janos de Lublin a Varsovia le devuelve a casa, al lugar que acogerá el VI Rally Valencianista, con la esperanza de que los canales de pago del país olviden por una vez su obsesión por el equipo de Messi, con la ilusión de que el VCF abandone su depresión y se ponga a ganar a los que tiene que ganar. El ruidoso vagón que transporta a Janos también transporta una fiera certeza, la de que a miles de kilómetros de distancia, en un rincón de Europa en el que casi nadie mira, hay un numeroso grupo de personas iluminadas por el club del murciélago a las que no les importa soportar bajas temperaturas ni recorrerse medio mundo con tal de ver a su equipo, inmunes ya a todo contratiempo. Con ese capital el VCF nunca será pobre.

4 comments on “En Polonia late el VCF

  1. Aldar PV Russos.

    hemos invitado a ellos por los partidos en Minsk o en Rusia, no se pq no quieren viajar, tienen mucha gente y están cerca.

  2. Igual no es lo mismo viajar dentro de Pólonia que hacerlo fuera. Son duros a la hora de abrirse a gente desconocida. Yo me he pasado 4 años detrás de ellos hasta que me han hecho caso.

  3. Aldar PV Russos

    claro pero Minsk es muy cerca. Queria conocer con algun che de Polonia, y es muy extraño que nunca quieran aceptar nada.

  4. son polacos, no son nada sociables. XD la gente joven un poco mas

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