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Farinós nos molaba a todos

El chico del barrio de La Torre, del que jamás se despegó ni aun tocando el cielo, llega al final de una carrera que pudo ser mucho, y se quedó en casi nada por querer correr demasiado deprisa. Farinós se retira, y con él aquel Valencia revolucionario y primaveral de finales del siglo XX.

Fue de aquellas cosas que no te esperas, porque de él, eso nadie se lo esperaba. Un tipo de barrio, que seguía pegado a sus calles, frecuentando sus recreativos para echarse unas partidas con los amigos; que dejaba que una tienda de fotos regentada por un conocido luciera a modo de reclamo las estampas de su boda; que fue a Mestalla siempre que pudo y se metía allí arriba, en General de Pie, a ser un Ultra más antes de que eso del fútbol le obligara a ser profesional.

La salida de Farinós jodió, quizá más que otras mucho más relevantes, pero salió y lo explicó dejando a un lado recursos manidos; ni siquiera quiso esconderse tras las sombras de títulos imaginarios para justificar la emigración. Se sentó en una sala de prensa y soltó que se iba por dinero, que eran 3 kilos limpios y eso el VCF no se lo podía pagar en la vida. Fue auténtico hasta para marcharse.

No es, ni nunca lo pretendió, de esos que orinan alta colonia. Probablemente no sepa qué es un libro, ni para qué se usan, pero formó parte de aquella primavera futbolística que consiguió levantar a un muerto, despertando a una masa social y liberándola de todos sus complejos. Aunque fuera de forma efímera.

«Vivía en una nube, quería meter un gol con el Valencia como fuera. Aquello fue un error, aunque la gente lo vio como algo positivo, pero no lo fue»

Aquel centro del campo formado por Milla, Farinós y Mendieta, al que luego se le unió Gerard, se montó para ser de Copa de Europa, y a las puertas de ganarla se quedaron. Nunca se sabrá ya que hubiera sido de aquello de tener más continuidad; organizaron, sin quererlo, la mejor media del viejo mundo y luego decidieron irse por donde habían venido, como unos Beatles prematuros que se olieron la gloria y se asustaron, refugiándose en el dinero fácil, poniendo tierra de por medio entre ellos y la trascendencia.

La irrupción de Farineli en el primer equipo ya avisó de que aquello prometía: «A Farinós hay que enseñarle que a los entrenadores no se les pega, todo lo demás ya lo sabe», dijo Valdano cuando le subió del filial. Aquella pelea con Balaguer, entrenador del Mestalla, a cualquier otro le hubiera supuesto la expulsión del club, y probablemente el abandono del fútbol de élite; cuanto menos, un sambenito de jugador problemático que le hubiera cerrado mil y una puertas.

Pero para aquel muchacho de La Torre supuso acelerar su ascenso al primer equipo y tener la oportunidad de intentar robarle un penalti a Ariel Ortega el día que el argentino debutó en Mestalla tras un millonario fichaje. «Vivía en una nube, quería meter un gol con el Valencia como fuera. Aquello fue un error, aunque la gente lo vio como algo positivo, pero no lo fue», explicaría años más tarde. Fue su noche más burra en Mestalla.

Porque él tenía esas cosas, como recorrerse el campo entero para dedicarle su gol a un Cañizares que minutos antes se había comido un balón que ponía en riesgo el triunfo del equipo. Farinós nunca perdió esa pinta de macarra de barrio, ni su espontaneidad, como demostró poniéndose de portero ante el equipo de su vida hasta acabar eliminándolo porque nadie se atrevió a chutarle a puerta.

«Tuve una vida frívola en el Inter»

Pero sí perdió el fútbol. Sus tiempos en Milán fueron oscuros y estridentes. Sus mejores años se los pasó fuera del terreno de juego por un mal diagnóstico en una pubalgia. Y aprovechó para hacer majaderías, como vaciar tiendas de ropa en la milla de oro milanesa o comprarse coches de lujo como si fueran snacks. «Tuve una vida frívola en el Inter», confiesa. Cuando se recuperó el mundo ya se había olvidado de él. En el Inter ni era nadie ni tenía a nadie; y de la liga, con 27 años, no tenía ni un triste interés.

Tuvo que ser otra vez Cúper quien le rescatara del olvido pidiendo su cesión al Mallorca. Pero duró poco. Con 28 años se quedó sin equipo y en el limbo. En una entrevista en ElPaís, de sus años en Alicante, lo dejó así de claro: «Los presidentes de los equipos de primera me decían que venía del Inter y de ganar mucho dinero, que ya no tendría hambre. Y eso me molestaba porque no era verdad».

Farinós pudo haber sido una leyenda, un referente en un equipo referente para mil generaciones, como lo fueron otros antes, como lo hubieran sido todos ellos si el dinero no hubiera supuesto una losa ante la que rendirse. Y además, era un chico de la ciudad, como lo fue Cubells, o Molina, algo habitual en otros tiempos y toda una rareza en el fútbol actual.

ENTRENAMIENTO DEL VALENCIA

Con todo, no deja de ser un breve recuerdo en una historia cambiante. Dejó huella, sí, pero no poso. Por eso corre el riesgo de quedar olvidado para siempre cuando los trovadores del futuro se pongan a cantar las hazañas del pasado. Era habitual encontrárselo corriendo por el río para mantener la forma en esos días de paro, aunque también se puso, en otra de esas muestras del carácter de un chico de barrio, a cargar y descargar camiones ayudando a un amigo «para no pensar, porque cuando tenía un rato para pensar lo pasaba muy mal», le sinceró a Cayetano Ros.

Lo primero que hizo al ascender a primera con los alicantinos fue romper a llorar como un crío, nadie pudo consolarlo, ni dejó de hacerlo en todo el día porque sólo él sabía qué significaba aquel regreso a la élite

Ni siquiera un equipo como el Charlton Athletic le quiso tras tenerle a prueba tres semanas. Como ya hicieran con él en Mallorca, fue otro ex quien le rescataría de la miseria para devolverle al fútbol, en esta ocasión su nombre era Subirats, quien se lo llevó al Hércules para que pudiera vivir una segunda juventud, un renacer que incluso llevó a muchos a reclamar su vuelta a un VCF de saldo.

Por ello, lo primero que hizo al ascender a primera con los alicantinos fue romper a llorar como un crío, nadie pudo consolarlo, ni dejó de hacerlo en todo el día porque sólo él sabía qué significaba aquel regreso a la élite.

Ahora, a sus 35 años, es otra lesión puñetera la que le obliga a colgar las botas, a decir adiós a un fútbol que le fue ingrato cuando mejor lo tenía para hacerse un hueco en su hall of fame. El caso de Farinós es uno de esos que se pueden poner de ejemplo a los más jóvenes, de cómo una mala decisión, por querer correr demasiado y no saber esperar, puede echarse a perder la prometedora carrera de un jugador excepcional.

Él era el último de aquel Valencia primaveral y revolucionario que quedaba en activo, y su marcha no es más que otro aviso de que nos hacemos mayores, de lo lejos que queda todo ya; como sus lágrimas en San Siro, escondido en la grada con sueldo del Inter, mientras su Valencia se despellejaba ante Oliver Kahn.

11 comments on “Farinós nos molaba a todos

  1. Dinero y poder son muy peligrosos. Yo recuerdo ver a Farinós en el B, con una melena “a lo Beckham” en sus inicios, jugando en banda y haciendo unos centros que flipaba… todo ello con 18 ó 19 añitos.

    El tío tenía carisma.

  2. Juan Baixauli

    Otro de los Mendieta, Piojo, Kily, Gerard… Que salieron del Valencia para comerse el mundo y se comieron una mierda

  3. Fueron muy burros, no supieron ver las cosas con perspectiva, pudiendo haberse ido después, a ganar más dinero, dejar más en caja y haber hecho leyenda aquí… pero mira. Jugadores enormes que han quedado en efímeros y comidos por la historia.

  4. Pero para mí lo estropeo con su salida antes/ durante París. Me voy al Milán, ahora al Inter… en fin que me voy. Muy Soldado

  5. Jorge Roca

    Esas faltitas que ponía desde el lateral del área, con el bote cerca del portero y se le colaban… tenía buena pierna, sabía ponerlas aunque tenga esa pinta de Gattuso.

  6. Siempre tuve la cosa esa de que Farinos volvería al Vcf…era de ese tipo de jugadores que hacen talta falta en un terreno de juego. Caracter.

    Pepelu.

  7. Farinós-Mendieta-Gerard aquello fue un centrocampazo , lástima que no tuviera más continuidad, era de copa de europa. Si le añades al 'Kily' por la banda izquierda ya tienes al mejor equipo de Europa. Ese medio del campo nos lo sabemos de memoria, jejeje.

  8. Vidalnini

    Farinós era Dios

  9. Mono Canalla

    molaba la aproximación familiar de ver a Farinós como el típico excéntrico del grupo que cuando te metías con él iba a su bola. Lo hacía un personaje más creíble que las distancia de otros. Carlos Soler también me recuerda a los chavales de ahora, más hombres que la generación de sus padres, los primeros milenials, criados por sus madres, pero más humildes y tranquilos que ellos.

  10. Mayordomo Ase

    Recuerdo un gol exrañísimo que coló en los minutos finales, de falta fuera del área, contra el Celta (creo). Todo el mundo esperaba un centro y se la clavó por arriba.

  11. Oscar AS

    El Valencia de la 96/97 que se cargó al Bayern en los 1/32 de final de la UEFA con un 3-0 en Mestalla. Mitíco.

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