Retalls de premsa

Entrevista vintage: Di Stéfano

Cinco años después de dejar Mestalla Di Stéfano regresaba a Valencia, a un VCF que venía de ganar la Copa del 79, con un equipo y una plantilla de más parangón de lo que mostraba el rendimiento en el terreno de juego y de la que él mismo dirigió a principios de los años 70, con la que fue campeón y obtuvo tantos resultados. La llamada al argentino respondió a esa especie de búsqueda desesperada del técnico que hiciera rendir a los jugadores a su verdadero nivel. Prácticamente desde el principio se fijó la mira en la Recopa y en revalidad el titulo copero en una temporada que empezó con aires de transición. En esa tesitura María Luisa del Romero se citó con Di Stéfano en el despacho del recién fichado entrenador para mantener esta entrevista. Era el verano de 1979 y los fastos del triunfo en el Calderón ante el Real Madrid todavía resonaban en la ciudad. En la foto Di Stéfano dirigiendo un entrenamiento en la parte trasera de Mestalla, cuando el estadio todavía conservaba los viejos campos de entrenamiento que desaparecieron poco después de estar finalizada la Ciudad Deportiva de Paterna.

***

Un personaje como el que tenemos la oportunidad de entrevistar en esta ocasión, invitar a hablar del pasado, aunque su transcendencia de cara al futuro sea grande. La verdad, uno se siente interesado al sentarse frente a un hombre de la talla de Alfredo Di Stéfano; con un hombre nacido en Argentina, pero vinculado estrechamente a Valencia por lazos profesionales y sentimentales. Todo un personaje, que se asoma a esta tribuna desde el momento en que acaba de ser aprobada su integración en el Valencia C. de F. como entrenador. Ante todo Di Stéfano se nos antojó un hombre cordial y extremadamente correcto. Por sus palabras, parece tener bien asumida la experiencia de todos esos años que ha dedicado al fútbol. Por su trato familiar con varias de las personas que encontramos cuando nos dirigíamos al despacho donde realizar esta entrevista comprendimos la sensación del que regresa a casa tras unos años de ausencia.

¿Cómo ha sido el recibimiento, Alfredo?

Bueno, oficialmente todavía no lo ha habido, ya que lo que hasta ahora se ha producido ha sido la información a los directivos. Pero sí he tenido la oportunidad de saludar a algunas personas; a Pasiego, a varios dirigentes y jugadores… y todos se han mostrado muy contentos, igual que yo mismo.

Los más jóvenes, quizás, ignorarán cuántas temporadas pasó Di Stéfano en este club, aunque sí conozcan esa fama de hombre difícil que tiene usted…

Estuve en el Valencia C. de F. prácticamente desde 1970 a 1974. Guardo buenos recuerdos deportivos e individuales de aquella etapa, sobre todo porque conquisté muy buenos amigos. En cuanto a ese ‘sambenito’, o leyenda negra… la verdad es que siempre la he tenido, quizás porque ya desde que fui jugador me mostré enérgico. Me obligaba a mí mismo, y me gustaba aquello del ‘al pan, pan, y al vino, vino’. Pero, por otra parte, nunca me he comido a nadie, ni he sido peleador; dejémoslo en contestatario, y eso de un modo razonable. Cuando uno quiere, dos no discuten, y yo, por mi parte, siempre procuro ir de frente, de forma leal.

¿Y qué ocurrió para que Di Stéfano abandonara el Valencia hace ahora cinco años?

Pues mire, se cumplió un ciclo. No anduvo bien el equipo… en fin, son factores éstos que imponen el dejar un club de común acuerdo. Yo me fui contento, y los que se quedaron también, y hubo una despedida muy emotiva.

En estos últimos años, ¿qué ha estado haciendo Alfredo Di Stéfano? Porque no siempre se le ha visto en un club.

He estado en Castellón, en el Rayo, en Argentina… y he presenciado partidos por toda Europa; también trabajé contratado por la televisión venezolana… en fin, todo en asuntos relacionados con el fútbol.

¿Y nunca pensó en volver definitivamente a Argentina?

Allá vive mi madre, y también mis hermanos. Pero tenemos la vida hecha aquí, en España; los hijos tiran mucho. Además, uno ya no tiene treinta años.

Pero si los suficientes para trabajar como entrenador.

Pues yo creo que el entrenador puede trabajar hasta los cincuenta y ocho o sesenta años. Un futuro mucho más largo que el de un futbolista, indudablemente. Al jugador se le exige un esfuerzo físico, y el entrenador, por su parte, ofrece su experiencia; ojalá un fubolista pudiera jugar hasta los cuarenta años, con la experiencia que se va acumulando…

¿Nostálgico? Más bien Alfredo Di Stéfano nos parece un hombre que gusta de mirar atrás para recordar los buenos días perdidos, pero que sabe amoldarse a las situaciones del presente, y entregarse ayudado por la experiencia que le avala. Los que no le conocidmos más que de nombre cuando le apodaban ‘la saeta rubia’, le descubrimos como un mobre sereno, algo nostálgico, pero activo y seguro de sí. Pero será el tiempo quien hable; el tiempo… esa nostalgia…

Mire, el individuo se conforma. Ni quiero volver atrás, ni puedo adivinar el futuro. La vida tiene estos procesos, y uno los va asimilando.

¿Asimila el público ese fútbol de hoy, que no tiene mucho que ver con el de hace diez años, por ejemplo?

Hombre, a pesar de lo que le he dicho, al ser interno de cada uno le pesa lo de ayer. Ahora se impone más el atleta por encima de la inspiración. Antes, no había televisión, y el fútbol era prácticamente el único deporte. Con una pelota, se divertían treinta chicos. Ahora existen otras posibilidades, y en fútbol se ha estancado en cuanto a calidad; no en preparación ni entusiasmo… Antes, quizás, existían más preciosismos, y ahora sólo importa el correr, y, por supuesto, en ambos casos, el ganar un partido. El público mismo, pide el triunfo en un setenta por ciento; el treinta por ciento restante, lo componen las personas que quieren ver jugar al fútbol. Antes, también, el fútbol nacía en la calle, aquellas calles donde había jardines y lugares para jugar; ahora, nace en los balcones; falta el eterno contacto con el balón.

¿Qué nombres recuerda de forma especial Di Stéfano de aquella época de los grandes mitos?

Muchos, muchos… entrenadores como Fernández, Muñoz, Villalonga, Carviglia, Kubala, Mundo, Quincoces, Helenio Herrera… jugadores como Pasiego, Monzó, Quique, Puchades, Fuertes, Suárez, Gento, Puskas, Santamaría, Garay, Máuregui… figúrese; y directivos muchos también.

Después de evocar estos nombres, ¿cree Di Stéfano en las ‘figuras’?

Creo en las figuras que responden en el terreno de juego, porque existir, existen figuras y figuritas. La figura es un elemento que tiene de todo: Carácter, genio, fortaleza, juego, saber estar… y ante todo busca defender sus colores. La figura, además, debe serlo a lo largo de siete u ocho años por lo menos.

En cuanto a equipos, hoy, ¿Cuáles son a su juicio los mejores?

Los hay como el Ajax, el Benfica, el Real Madrid, el Bayern o los de Milán, Budapest… ahora, el que mantiene el tipo es el Liverpool, sin duda.

¿El fútbol europeo, pues?

Es distinto del americano, en efecto. Allá en América es más melodioso, más cansino; el europeo es trepidante, impulsivo y de ritmo fuerte. Recíprocamente, quizás no se gusten unos a otros, pero existen jugadores que triunfarían igual aquí que allí.

Pero hablemos del futuro. Un futuro que encierra no pocos problemas, aunque también muchas posibilidades. Veamos lo que opina el nuevo entrenador del Valencia C. de F., al que hemos planteado, para empezar, cuál es la política acertada de cara a los propios jugadores, que aquí y allá se quejan de permanecer demasiado tiempo sentados…

En efecto, es un problema. Por desgracia, los planteles suelen ser de veinticuatro jugadores, y al final salen unos quince, hecho que crea descontentos. Pero el entrenador no tiene más remedio que sacar provecho de los hombres que den mejor rendimiento; ésa es la triste realidad, que algunos comprenden, y otros, no. Pero de hecho, el entrenador, si ve que el equipo responde, procura hacer pocas variaciones. El Argentina, por ejemplo, lo ha hecho así en su gira por Europa.

Con la actual plantilla, ¿Qué objetivos se ha marcado Di Stéfano de cara a la liga y las copas de la próxima temporada?

El Valencia, no cabe duda, debe obtener un título, o intervenir en una de las tres copas. Adelantar proyectos es aventurado, pero vengo con la ilusión de poder hacer algo grande por el Valencia, porque dispone de un buen plantel, con elementos jóvenes, y creo que se puede sacar más provecho en la próxima liga.

También se ha comentado, por aquello de su leyenda negra, que Di Stéfano no es un hombre asequible para la prensa…

La prensa debe hablar de lo que ve, y eso lo comprendo perfectamente. Si un equipo funciona, le apoyará; pero si no, lo criticará; lo que ocurre es que siempre debería criticar al auténtico responsable de esa situación.

¿Se hará cargo Di Stéfano del equipo en los torneos veraniegos? ¿Qué opina de este trabajo de pretemporada?

Creo que sí. Y por mi parte, opino que un club no puede permanecer parado, porque al fina y al cabo es parecido a una empresa. Un jugador, por su parte, no debe permanecer inactivo, salvando los lógicos periodos de descanso.

Cuando le pedimos a Di Stéfano un consejo para los jóvenes que empiezan nos sorprende un poco con su respuesta:

Practicar el fútbol es bueno para todos los chicos, porque les ayuda tanto en el físico como en el carácter. Pero si por ejemplo el chico está estudiando, y piensa en ser profesional del fútbol, que se quite esa idea de la cabeza. Primero, los libros; y el fútbol como hobbie. Porque si de verdad quiere ser un profesional, deberá entregarse al fútbol con todas las de la ley. Se da el caso de que son muchos los que empiezan, y pocos los que permanecen; y el fútbol puede ser el pan de hoy y el hambre de mañana.

¿Encontró Di Stéfano muchos obstáculos en su carrera?

A mi no me costó sacrificios, porque me gustaba. Mis padres querían dedicarme al negocio de la familia; eran ganaderos y consignatarios de cereales. Y un grupo de amigos, y un directivo de River Plate de Buenos Aires, me animaron a seguir esta vocación. Tuve la oferta de River a los dieciséis años, y acepté. A los tres o cuatro meses, debuté, y desde el primer momento lo tomé con la seriedad y dedicación que deberían ser obligatorias. Gracias a eso, y a que no me lesioné, seguí adelante en mi carrera. A los 20 años, fui internacional… En fin, que el único problema es de esos jugadores que creen que con llegar a un equipo de primera está todo resuelto. Hay que trabajar mucho para continuar hasta los treinta años.

El joven argentino se mantuvo. Y ahora vuelve a un club en el que hizo grandes amigos, y tras el cual existe una aficion que Di Stéfano sabe que es cálida, pero crítica cuando no se le satisface. El compromiso es suyo, y él viene dispuesto a cumplirlo. Y, entre esos espectadores, quizás esté su hija.

Soy hombre de familia; tengo cuatro chicos y dos chicas, y una de ellas vive precisamente en Valencia. Por eso ésta es la ciudad de mis afectos; aquí nacieron mis dos nietos.

Por el momento, Di Stéfano andaba buscando piso donde instalarse; un piso en el que no faltará el tablero de ajedrez y un buen tocadiscos donde colocar los discos de esas grandes óperas que tanto admiró su padre. Él supo inculcar en sus hijos el amor a la música, y la casualidad quiso que, un día, naciese en Italia un gran artista del ‘bel canto’ llamado Giuseppe Di Stéfano.

Ojo – nos dice el míster – que no tenía nada que ver con la familia. Pero, sin ser erudito, me gusta mucho la música. Especialmente la ópera y la zarzuela.

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