Futbol després del mur

De la ruina no se sale

Un recorrido por la historia de ruina y decrepitud que sumió al Leeds United en las catacumbas del fútbol inglés.

Como todas las historias, las ruinas empiezan en tiempos de alegría, dibujando futuros prometedores y ambiciones locas.

Peter Ridsdale manejaba el Leeds Utd con cierta pericia hasta que creyó insuficiente vivir permanentemente en el Top-4; necesitaba devolverle la gloria a un club situado en el mayor centro financiero del Reino Unido tras la city londinense, siendo equipo de una urbe mayor que Liverpool o Manchester (ninguna llega al medio millón de habitantes) con su área metropolitana aglomerando a cinco millones de personas; y para ello necesitaba dinero, una suma importante para poder desbancar al potente Man.Utd de su dorado trono.

El plan de un dueño extravagante, que asentaba a los jugadores en hoteles de lujo y les ponía coches de gama alta y casas en las zonas más exclusivas, era hipotecar ingresos futuros a cambio de suculentos créditos bancarios que ayudaran a la entidad en su objetivo de tocar metal. El Leeds comprometió sus contratos de TV, sus ingresos de Champions y patrocinios hasta sumar deudas bancarias por valor de 200 millones de euros.

El horizonte solo se vislumbraba con optimismo. Pero el castillo de naipes, sustentando únicamente por los ingresos provenientes de la competición europea y los bonus televisivos asociados a la misma, se derrumbó al primer movimiento de aire. Dos temporadas consecutivas sin lucir el balón de las estrellas en la manga de las camisetas lastraron la economía e iniciaron un eterno camino por la perdición.

El primer síntoma de que algo iba mal en Elland Road fue el traspaso de Rio Ferdinand al United por 30 millones de euros. Una suma lo bastante alta como para seguir ocultando los problemas tras una oferta irrechazable por un jugador convenientemente enfundado en el traje de ‘traidor’. Una cortina de humo que apenas duró en el ambiente un par de meses.

El Leeds había entrado en la inconfundible espiral que se asocia a la miseria. Durante años tuvo que sobrevivir a base de vender jugadores – Woodgate, Alan Smith, Keane…etc – y reducir costes de plantilla dejando un rastro de cadáveres en el banquillo fruto de los malos resultados. Aquel equipo acostumbrado a los cuatro primeros puestos había evolucionado hacía un club de media tabla. 2004 fue el año del crack, la temporada en la que la situación ya era insostenible.

Ridsdale intentó vender la entidad a varios fondos americanos para solventar la situación, topándose con el orgullo de Yorkshire; aficionados y empresarios se negaron a dejar la mayor institución del norte en manos de extranjeros. Gerald Krasner comandó por entonces un consorcio de burgueses que se hicieron con el control del Leeds bajo el auspicio de los acreedores. Su misión: Pilotar la venta de activos para satisfacer las deudas contraídas.

Los nuevos dirigentes, confiando en su masa social y en el potencial de una entidad como aquella, pusieron en venta la ciudad deportiva y el estadio; dinero por propiedad; propiedad por arrendamiento.

Aquel 2-3 en Highbury que dejó al Arsenal sin liga y al Leeds en primera dio paso poco después a los Invencibles y al descenso del equipo de Elland Road a segunda, al tiempo que Ken Bates le vendía el Chelsea por 140 millones de libras a Roman Abramovic. La frontera entre dos siglos, dos épocas y dos maneras de entender el fútbol, se escribieron en aquellos meses sobre el ataúd de una entidad con el peso histórico y la tradición del conjunto de Yorkshire. La política de cesiones y jugadores jóvenes que impuso el nefasto Krasner resultó fatal para los objetivos deportivos de la entidad.

La etapa en el Championship comportaría tormentas más violentas sobre los designios de la institución. Un nuevo giro en la cúpula, seguido del desmantelamiento del primer equipo a base de cartas de libertad a cambio de que los futbolistas perdonaran deudas, marcarían aquel verano. Fue entonces cuando surgió ‘la brillante’ idea de acabar con los números rojos deshaciéndose de todo. Los nuevos dirigentes, confiando en su masa social y en el potencial de una entidad como aquella, pusieron en venta la ciudad deportiva y el estadio; dinero por propiedad; propiedad por arrendamiento.

Las penurias prometían finalizar con una operación inmobiliaria que dejó 5 millones por Thorp Arch – centro de entrenamiento – 15 millones por los terrenos adyacentes al estadio y 25 más por el propio recinto. El resto del capital lo aportarían inversores con una pequeña ampliación de capital en la que incurriría el propio Bates – quien dejó al Chelsea en la ruina – haciéndose con una modesta participación.

Medidas de choque que permitirían recuperar Elland Road en el futuro a cambio de una suculenta, pero accesible, suma a pagar antes de 10 años. Lejos de haber servido todo aquello para algo acabó hundiendo todavía más a la institución.

En 2007 el club entró en administración – aquí conocido como concurso de acreedores – sufriendo una sanción de 10 puntos que le condenaron a perder la categoría y verse atrapado durante años en la League One. El nivel más bajo jamás alcanzado por el club. Los nuevos tiempos también trajeron nuevos problemas. El fisco británico denunció al Leeds por una deuda de 7,7 millones de libras en impuestos impagados, lo que junto a iniciar la competición en concurso, comportó que la entidad iniciara el campeonato sancionado con -15 puntos; que no fueron impedimento alguno para alcanzar la clasificación para el play-off de ascenso, en el cual sería derrotado.

Solo fue el primer año de los muchos en los que el club quedaría atrapado en el tercer nivel sin capacidad para conseguir competir por volver a lo más alto; hasta que en su último año consiguió el título de la competición con números de récord.

GFH entró en el Leeds, como lo hicieron otros tantos antes que ellos, prometiendo la vuelta a primera división en dos años gracias a una potente inversión que nunca llegó.

¿Por fin acabaron las pesadillas para el Leeds? Un mero espejismo. La vuelta a la categoría de plata contribuyó a mejorar los números de la entidad; esta vez parecía que el plan sí funcionaba. Era tiempo de tiburones. Ken Bates, tras mucho tramar en la sombra, aprovecharía el momento para hacerse con el 72% del club en 2010; prometiendo inversión y capacidad para volver a la Premier; y durante su primer año y medio dio la impresión de que estaba cumpliendo con su palabra. Pero el especial tino de la entidad para encontrar problemas acabaron lastrando la breve primavera que azotó Elland Road.

En 2012 el estancamiento del club en la zona media hicieron resucitar viejos problemas y tras medio año de tensas negociaciones, Bates y los accionistas, vendieron el 100% del club a Gulf Finance House – una entidad bancaria situada en Bahrain –. Bajo el reinado de Bates los ingresos por taquilla se habían reducido hasta los dos millones, con una caída del volumen de negocio de 32 a 28 millones de euros, encadenando pérdidas de 12 millones por temporada y con un gasto salarial en plantilla de 18 millones de euros. Fichas de ascenso en un equipo incapaz de situarse más allá del 6º puesto.

GFH entró en el Leeds, como lo hicieron otros tantos antes que ellos, prometiendo la vuelta a primera división en dos años gracias a una potente inversión que nunca llegó debido a los desequilibrios financieros que encontraron.

Los nuevos propietarios aportaron estabilidad y seguridad, asentaron el club y empezaron a construir las bases para recuperar la titularidad de estadio y ciudad deportiva; y eso, fue suficiente para iniciar luchas por el poder. La mera sospecha de que en el Leeds florecieran brotes verdes llevó a su director general, en alianza con Insurance Group – el principal patrocinador del club – a lanzar una opa a GFH sobre el 75% de las acciones. Era el momento de recuperar la entidad tras años de penurias en las que había bordeado la liquidación.

La operación no cuajó porque el consorcio que lanzó la opción de compra perdió por el camino a los socios capitalistas que la habían impulsado; mientras eso ocurría a GFH había llegado otro potencial interesado. El italiano Massimo Cellino, expropietario del Cagliari y buscado por la justicia italiana por evasión fiscal – evitó pagar las tasas aduaneras en la compra de varios yates – , era el hombre que el pasado mes de enero se quedó con la OPA lanzada desde las propias entrañas del Leeds.

El historial de Cellino hizo que la FA bloqueara la adquisición y haya dejado al club en el limbo, con retrasos a la hora de pagar las fichas a los jugadores y con escenas esperpénticas; como el anuncio del italiano del cese del entrenador minutos después de hacerse con las acciones, y su posterior readmisión minutos después de bloquearse la compra. Desde enero el Leeds no ha hecho más que perder partidos y dilapidar sus opciones de entrar en el Play-off. Tras dos meses de deliberaciones y silencios, el pasado fin de semana el abogado de Cellino anunciaba vía Twitter que la FA había dado luz verde a la entrada del italiano. Aún no hay confirmación oficial de que sea así.

Mientras esta llega, el club sigue en caída libre, con riesgos de impagos y un vacío de poder considerable. Justo cuando el Leeds parecía haber encontrado el camino de la recuperación ha sido capaz de autodrestruirse desde dentro una vez más para continuar atrapado en la ruina, la misma que empezó cuando la entidad estaba situada en lo más alto del fútbol británico y todo le parecía poco. El club arrastra ya diez años de hecatombe que nadie parece atreverse a poner fin. Ahora Cellino; ahora uno más.

0 comments on “De la ruina no se sale

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s