Brasil en memorias Mi Querido Tiburón.

La Bundesliga quiere industrializarse

Un cambio de paradigma en la Bundesliga, los clubes tradicionales empiezan a vender su alma al capital en aras de poder reverdecer viejos laureles.

El principio de igualdad está matando el campeonato alemán. Eso es lo que sostiene Joachim Watzke, afamado CEO del Borussia Dortmund, que ha propuesto en la DFL acabar con el reparto igualitario y favorecer así ‘a los clubes tradicionales’, aquellos que más aficionados arrastran tras ellos. Su propuesta la sujeta con datos, sobre los 150 mil espectadores que compraron en pago por visión el BVB – HSV por los 10 mil que gastaron su dinero en visionar el Leverkusen – Paderborn; en los 1200 aficionados que llevó el Wolfsburgo a Berlín por los 25 mil que consiguió congregar el Dortmund en el mismo escenario meses atrás. Medida, que de aprobarse, crearía un grupo de siete clubes de élite para dominar una liga plagada de entidades emplazadas en entornos rurales y poco industrializados.

Esta es sólo una muestra más de la soterrada batalla que se esconde tras un campeonato que no deja de ser piropeado y envidiado fuera de sus fronteras, al tiempo que tras ellas se escuchan cada vez más voces discordantes que buscan el fin de dicho modelo. Tal vez la representación más gráfica de esta problemática corra a cargo de Martin Kind, presidente del Hannover, que hace unos años pretendió tumbar en los tribunales la ley del 50+1, la regla que impide que las entidades puedan ser adquiridas y dominadas por un único accionista. Tras meses de peleas judiciales su batalla alcanzó el tribunal supremo alemán, y en su empeño, afirma, que no parará hasta conseguir su objetivo, llevando el asunto en última instancia a Bruselas ya que entiende que la regla atenta contra el principio de libre mercado que impone la Unión Europea.

Posibilidad que parece no preocupar en demasía al Bayern, cuyo expresidente, antes de caer en desgracia y dar con sus huesos en prisión por evasión fiscal, despachó el asunto declarando que “el Hannover siempre será el Hannover, sea de sus socios o de un inversor”.

Precisamente es el Bayern y su incontestable dominio el gran culpable de que esta fiebre inversionista se haya adueñado de la liga más democrática de Europa. Desde que el club bávaro se convirtiera en SAD y se independizara de su matriz polideportiva, allá por los 2000, ha bordeado las fronteras de la legalidad para financiarse copiosamente gracias a la venta de pequeños paquetes accionariales a grandes multinacionales, sumando cantidades millonarias a sus ingresos que le permitieron consolidar su estatus de potencia dominante y abrir distancia con sus principales rivales. Y el precio a pagar por ello ha sido dejar la toma de decisiones en manos de dichas marcas, con puestos de peso en los órganos de control de la entidad.

Aunque la regla alemana no permita comprar un club deja libertad a los mismos para que el 49% restante lo gestionen como deseen; mientras unos lo usan como una suculenta vía para encontrar financiación externa, muchos otros, lo ven como un arma ideal de poder para consolidar los clubes y ponerlos en manos de unos pocos. El Hertha consiguió recientemente 65 millones de euros gracias a vender el 20% de la sociedad a un consorcio americano como vía para reorganizar sus números rojos; por otra parte el BVB ya es ‘propiedad’ de sus patrocinadores, con Evonik, Puma y Signal en su accionariado a cambio de 120 millones.

El Hamburgo, que hasta hace unos meses presumía orgulloso de ser el único gran club alemán en manos de sus socios, llevó a votación el pasado verano la posibilidad de independizarse de la matriz polideportiva convirtiéndose la sección de fútbol en SAD, vendiéndole el 25% de la sociedad a un millonario suizo a cambio de una inyección de 100 millones de euros y la gestión de la nueva entidad; la propuesta fue aprobada con rotundidad al conseguir el 75% de los votos a favor, cinco puntos por encima del mínimo necesario para su aceptación. Los últimos en sumarse a la escalada inversionista son el Stuttgart y el Werder Bremen, que en enero llevarán ante sus socios una propuesta similar como solución final a su prolongada decadencia. En el caso de los suabos Mercedes irrumpiría con una potente inversión inicial de 90 millones de euros.

Hasta el tradicionalista Gladbach padeció una proceso similar, capitaneado por Stefan Effenberg, pero la candidatura fue derrotada sin llegar siquiera a pasar el trámite necesario para ser planteada en una junta extraordinaria. Y aunque el Schalke no se pueda incluir en este grupo, la influencia de Gazprom en la toma de decisiones de la institución es tan evidente que muchos consideran a la gasística la dueña de facto de la entidad.

Alemania se alza como un país con demasiados clubes históricos que arrastran demasiadas urgencias históricas imposibles de saciar, encorsetados como están por el principio de igualdad. Aunque se trata de una liga que tolera con sumo gusto a los clubes de empresa. El Wolfsburgo es propiedad de la Volkswagen, el Hoffenheim de SAP, y el Leverkusen de la farmacéutica Bayer; en segunda división el Ingolstadt es una creación de AUDI, y el Rasenball Leipzig de Red Bull, ambos con aspiraciones de Bundesliga; éste último incluso con pretensiones al título. Todos ellos se ven beneficiados con gigantescas inyecciones de capital de sus dueños que les permiten granjearse un estatus y gozar de una ventaja competitiva evidente.

Esto es debido a que la regla del 50+1 permite que una empresa, tras demostrar un apoyo sistemático e ininterrumpido durante 20 años a un mismo equipo, pueda adquirirlo en un 100%. Aunque en los supuestos del Ingolstadt o el RB Leipzig se ejemplifican los agujeros que tiene la legislación. Recientemente la DFL descubrió que parte del paquete accionarial destinado a los socios del Rasenball, los encargados de elegir a sus representantes, estaban en manos de empelados y directivos de alto rango de la empresa de bebidas energéticas.

Otro paradigma de las fallas que esconde la norma, sobre las que Martin Kind sustenta parte de su cruzada, es el Munich 1860, de la que se podría decir que es la primera entidad alemana en manos de un inversor extranjero. La institución muniquesa consiguió salvar la quiebra vendiéndole el 49% de la sociedad a un afamado millonario jordano, una operación en apariencia positiva, pero el rechazo en bloque del resto de socios a la operación, y las guerras de familias que llevaron a la sociedad a tal situación, han convertido lo que podría ser el resurgir del histórico club en un caos continuo sumiendo al TSV en un clima de ingobernabilidad sin fin.

El modelo Bundesliga también plantea serios problemas morales, ya que se da el caso de que muchas empresas tienen intereses en diferentes clubes. Por ejemplo, Volkswagen es dueña del Wolfsburgo pero también uno de los accionistas de referencia del Bayern de Munich. AUDI es la propietaria de facto del Ingolstadt, y también el principal accionista del campeón alemán. Adidas controla grandes paquetes accionariales en diversos clubes, sobre todo del Bayern y del Nurenberg. Asuntos todos ellos que no en pocas ocasiones han levantado suspicacias y sospechas ante determinados resultados, tanto en el mercado de fichajes como en el terreno de juego y durante votaciones en el seno de la liga.

Hasta ahora las entidades teutonas han sabido conjugar mejor que nadie el fútbol tradicional con las exigencias del fútbol moderno; pero cada vez son más los que se están dando cuenta de que han sido devorados por el mercado, incapaces ya de competir tanto a nivel local como a nivel internacional. Éso, sumado al temor creciente que se respira en el país de Angela Merkel de que el equipo de Munich pueda iniciar una década de dominio alzándose año tras año con el entorchado sin oposición alguna está llevando a muchas entidades a levantar la voz en aras de un cambio de modelo que les permita una mayor inversión en el terreno de juego. Algo que ya podrían hacer sin demasiadas variaciones estructurales si las obligaciones financieras y de inversión que impone la DFL no fueran tan estrictas. Curiosamente, las mismas que han llevado al fútbol germano a vivir su renacimiento se han convertido para muchos, llegados a este punto, en un lastre que les impide crecer.

En los próximos años se decidirá si llega el fin de la Bundesliga tal y como la conocemos hoy en día. La DFL tiene que luchar en demasiados frentes y no en todos tiene la seguridad de poder ganar. En el seno de la institución matriz del campeonato germano cada vez más socios exigen reformas. En el propio marco competitivo van aumentado los clubes que abandonan el modelo de socios para abrazar las sociedades anónimas tras aliarse con inversores, y en el trasfondo de todo ello Bruselas, sino con anterioridad el tribunal supremo alemán, pueden dar un vuelco al campeonato con una resolución que Martin Kind da por ganada en una u otra instancia.

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