«¿Habéis visto jugar a ese chaval de 18 años camerunés? Tiene un olfato de gol impresionante, un crack que debe subir al primer equipo ya». Haciendo arqueología por la red se encuentran comentarios como ese sepultados por el olvido en foros inactivos; hoy, sin embargo, averiguar la vida de Pierrick siguiendo su huella digital es toparte con su perfil en Badoo donde lejos de relatar goles y peripecias de delantero internacional le encuentras afirmando que «quiero chatear». Ambos eventos se señalan desde los extremos, separados por toda una vida que ilustra cómo el joven delantero del Mestalla pasó de estrella emergente en 2008 a pizzero ocasional en la actualidad.

Parece ser que la pasajera efervescencia siempre acompañó los designios de este muchacho, al que puedes encontrar durante las matinales del sábado en el río, compartiendo camiseta con el Nzalang Valencia, ese curioso equipo compuesto por la disidencia ecuatoguineana residente en la ciudad, o, enrolado con la selección local de Camerún jugando torneos amateurs de combinados africanos que enfrenta a inmigrantes afincados de cruces para dentro; como la festividad de San Vicente. Y todo ello compaginándolo con sus peripecias en el Paiporta, desde el cual pasea su potencial por la regional preferente; allí donde se guardan las esencias del fútbol romántico escucha como el «tío, si tú no marcas, ¿quién lo hace?» es el nuevo «¿habéis visto jugar a ese chaval…?» en su versión comarcal.

Pero la historia de Pierrick es una historia mil veces narrada, la de un talento que lo tuvo todo a temprana edad y se quedó en nada llegada la madurez. Aunque él, cuando le preguntas, prefiere desgarrarse por Koeman, «Con Quique subí al primer equipo, pero cuando llegó Koeman dijo que no quería canteranos y me devolvieron al filial» donde empezó a encadenar una serie de cesiones sin fin que laminaron su futuro, episodio que el jugador resume con un lacónico «lo pasé muy mal». Quizás los más memoriosos sepan de él, ya que fue la estrella, el referente, de aquel juvenil dirigido por Óscar Fernández que ganó la liga, y nadie mejor que Pierrick Dipanda para ilustrar el infortunio que persiguió a aquello chicos tras la conquista, dejándonos a los pocos que siguen calzándose botas de fútbol localizados en campos de tierra o en las catacumbas de ligas exóticas.

Aunque el habilidoso delantero, hoy, no puede reprimir cierto grado de envidia al ver como adquirió la cantera un protagonismo que en su época sólo era un anhelo utópico, «si fuera ahora estoy convencido de que me hubiera ido mejor, ahora sí se cree en la cantera y se le tiene en cuenta», suelta en un sollozo disimulado.

De ello estuvo cerca nuestro amigo, de seguir los pasos exóticos como tantos otros de su misma camada, si no hubiera sido porque perdió la carpetita donde guardaba el visado, el pasaporte y los contratos que le hubieran llevado hasta la segunda división india, un aspecto, este del descuido y la dejadez, que ya le costó un suculento fichaje en segunda con el Castellón, cuando su coche le dejó tirado a mitad camino y no osó siquiera avisar a La Plana, quedándose los orelluts compuestos y con el contrato por firmar. Quizás estuviera predestinado a la extravagancia desde que compartiera habitación con Miguel Brito durante una pretemporada, extraña mueca del destino; por eso acabó dando con sus huesos en ese Alzira pudiente que reunió en un mismo once a Pierrick y Félix Ettiene como buscando el pase a la categoría de plata para acabar encontrando el descalabro en tan mareada aventura.

Decíamos que la siempre pasajera efervescencia pareció acompañarle eternamente porque algo así ya le ocurrió con apenas 14 años, cuando aterrizó en Europa reclamado por el Real Madrid. Teniendo a sus familiares más próximos en Valencia el club blanco le envió al Don Bosco – filial madridista – para que tuviera apoyo familiar, pero el asunto acabó en desamor para verse tres años después con la oportunidad de engrosar la escuela del VCF. Su paso por Paterna sigue siendo un recuerdo dulce, aunque no sin ausencia de reproches personales, «sigo sin entender qué ocurrió, estaba convencido de que iba a triunfar en el Valencia», dice; y tal vez fuera eso, creérselo. Tal vez, no supo digerir el interés de Arsenal y Barça tras ganar el campeonato juvenil; tal vez tampoco supo entender ese traicionero y fugaz escarceo por los focos que suelen arrastrar a muchos jóvenes talentos a la perdición, cayendo en la noche y el fantasmeo que ineludiblemente acompañan a estas cosas.

Una vez más, quién sabe si por última ocasión, los vientos del destino le cerraron con crueldad otra puerta abierta cuando teniendo la ocasión de recalar en el opulento fútbol chino un cambio de entrenador, de nombre y de todo en el Hubei Huakaier le devolvió de bruces a su modesta realidad en el Paiporta CF, donde continua esperando que la vida le devuelva algo de lo que le llegó a poner en la boca a modo de caramelito. Mientras llega, si ha de llegar alguna vez, sigue viviendo con sus tíos, compaginando su espera balompédica con cameos laborales descargando camiones de fruta o ejerciendo de pizzero. «Creo en mí. Sé que si me dan confianza puedo llegar a donde sueño. Soy joven. Aún no es tarde» dice un muchacho que llegó a ser comparado con Samuel Eto’o; empujado al mundo del balón gracias a que su primo la rompió en el torneo alevín de Brunete, donde un ambicioso representante preguntó a sus parientes si tenían otro hijo como ese, «tengo un sobrino, y es mucho mejor» dijo su tía; y aquí está hoy Pierrick, intentando encontrarse.

4 comments on “Ciudadano Pierrick

  1. Menuda idiotez

  2. Es sorprenent lo mal que han acabat tots els jugadors d’aquell juvenil, que va resultar el millor en moooolts anys. Inclús Oscar Fernandez no ha acabat de quallar com a entrenador d’elit, encara que ha tingut més sort i està per la Aspire Foundation, crec, vamos, al menys es l’última noticia que vaig tindre d’ell.

  3. En La Roda lo hizo bien, pero en lugar de volver lo enviaron al Olímpic por cojones cuando tenía mejores ofertas. Nunca llego a dar ese salto definitivo, como la mayor parte de aquel prometedor juvenil. Ha ido bajando categorías, La Roda, Alzira…

  4. No lo estará pasando tan mal, se le ve por el pueblo pasear con un buen coche y siempre lleva buena ropa de marca. Con su gorrita y sus cosas.

    Siempre ha sido un viva la virgen, como Joel, otro que tal.

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