Ball de Torrent Bundesliga report Mi Querido Tiburón.

Editorial: Violencia, educación, periodismo

Se podía leer esta semana en las páginas de ElPaís a un supuesto experto en la Bundesliga deslizar con total tranquilidad que la violencia en el fútbol teutón era inexistente; focalizando el problema en divisiones inferiores. Por algún extraño motivo hemos convenido en llamar experto de una liga a cualquiera que conozca el nombre, peso e historial del lateral derecho del FC Augsburgo. Los hechos, sin embargo, desnudan al autor de tal afirmación. Pocas semanas atrás, en Colonia, la policía tuvo que huir al ser sorprendida por una horda de hooligans, tanto del equipo local como de varios de los clubes de la zona, mientras iniciaba un simulacro callejero con aficionados comunes; la escaramuza acabó con varios heridos, coches incendiados, alguno del revés, y con cubos de basura ardiendo en forma de barricadas.

En alguna ocasión hemos hablado aquí de esta clase de problemas, que persisten en las gradas alemanas, aunque sea un aspecto que no trascienda fuera de sus fronteras. El pasado año los antidisturbios, en un claro ejemplo de la tolerancia cero que sí impera en el reino de la DFL, irrumpieron sin miramientos en el fondo sur del Veltins Arena para retirar una pancarta que instaba a Grecia a reconocer como entidad política a la República de Macedonia. El partido enfrentaba al Schalke ante el Olympiakos, y tuvo que detenerse durante un cuarto de hora por los altercados entre la seguridad, que se abrió paso entre la multitud a golpes y con spray pimienta, y los aficionados hasta que consiguieron hacerse con el trapo y detener a los autores. El hecho incumplía un único articulo del reglamento: la prohibición de exhibir símbolos, lemas o pancartas con tintes políticos en un terreno de juego.

La Bundesliga exporta seguridad y confort, pero según las autoridades, en las últimas temporadas se multiplicó por tres el número de altercados en los recintos deportivos, situándose la cantidad de heridos en 1,200 durante 2013. Y ello responde a un fenómeno preocupante: Los hooligans han vuelto al fútbol alemán.

Hay que tener en consideración que en Alemania la palabra ‘ultra’ tiene unas connotaciones bien diferentes a las que se le atribuyen en el sur de Europa, principalmente porque fueron éstos en los años 90 los que consiguieron expulsar a los violentos de las gradas y pacificar las fantribüne. Mientras el ultra responde al estereotipo de gente joven, pacifica que pertenecen a peñas sin ninguna ideología política; los hooligans, por contra, se asocian a movimientos extremistas con marcados tintes políticos. Aunque hoy en día, las acciones de expulsión, no siempre se saldan con éxito. En Aachen hace dos cursos consiguieron erradicar de la fankurve a una facción de extrema derecha que se había infiltrado entre ellos; en Dortmund, han sido los hooligans los que han conseguido expulsar a los ultras.

El BMI (ministerio del interior alemán) tiene identificados a 17 grupos violentos que se creían disueltos desde los años 90 y que han vuelto a tener actividad en los arenas de la Bundesliga, también hay grupos vinculados al Partido Nacional Democrático (PND) de Udo Voigt, condenado en 2012 por odio racial y glorificación del nazismo. Éstos, según publicó Der Spiegel en un reportaje que puso el foco en el nuevo problema del fútbol alemán, consiguieron expulsar de la Südtribune del Westfalen a diversas peñas y colectivos a base de golpes y amenazas al grito de ‘a Auschwitz, a Auschwitz’. Poco tiempo después de la conquista, un miembro de ‘Nortshide’ (uno de los grupos afiliados al PND y que han colonizado la famosa grada de animación del BVB) durante un partido ante el Stuttgart se colgó de la valla que les separa del terreno de juego, se desprendió de la sudadera, y exhibiendo un torso repleto de cruces gamadas grabadas a tinta en su piel realizó el saludo Nazi en repetidas ocasiones. Hoy, cumple 5 años de prisión por enaltecimiento del nazismo.

En Dortmund, una ciudad con altos índices de violencia de extrema derecha, conviven en las tribunas miembros de la ‘Northside’, de Nacionalistas Autónomos (AN) que llaman ‘Führer’ a su jefe, y del ‘Borussenfront’ liderado por el neonazi Siegfried Borchardt. Las históricas peñas ‘Unity’ y ‘Desesperados’ que habían conseguido tener la grada limpia de radicales y violentos durante 20 años han perdido el control, incluso sus miembros han sido perseguidos y apaleados por los citados grupos en raids organizadas por la ciudad. El nuevo orden se hizo notar bien pronto. En febrero de 2013, en un viaje a Donetsk en partido de Champions, los nuevos reyes de la Südtribune dejaron moribundo a un aficionado en los baños del Donbass Arena, su pecado fue entrar al servicio mientras estaba siendo ocupado por ellos.

Este mismo año, en el popular barrio de Sankt Pauli (Hamburgo), protestas para evitar que el Ayuntamiento vendiera a un promotor inmobiliario un emblemático teatro que llevaba 30 años en manos de colectivos sociales acabaron en crudos enfrentamientos con la policía, a los que se unieron los aficionados más radicales del FC St. Pauli llegando incluso a asaltar por la fuerza las comisarias del barrio e incendiarlas. La situación llegó a tal extremo que las autoridades decidieron sitiar el arrabal durante dos semanas y declarar el toque de queda, algo que no ocurría en Alemania desde la II Guerra Mundial. También hay casos llamativos como los de Rostock y su equipo de fútbol, el Hansa, donde la extrema derecha no sólo campa a sus anchas por las gradas, sino que además controla el club habiendo colocado en la presidencia a uno de los suyos, hecho que le costó a la entidad la pérdida de casi todos sus patrocinadores (y un descenso a la 3.Liga) cuando se descubrió que la violencia de sus hinchas estaba siendo instigada desde la propia institución.

Educación

Anda la LFP preocupada en acabar con los insultos en los estadios, escandalizándose por hechos cotidianos. La DFL, en estos 25 años de paz, junto con el gobierno alemán, han ido educando con acciones y campañas al aficionado para evitar problemas mucho más graves que llamar ‘hijo de puta’ a un jugador. Con cierta asiduidad se escuchan gritos xenófobos, homófobos y racistas en las gradas de la Bundesliga; a pesar de la campaña de concienciación y de las severas sanciones no se ha conseguido erradicar del todo estas ‘costumbres’. Las autoridades españolas harían bien en importar otras medidas más eficaces, como la creación de los Fanprojekt, asociaciones financiadas por la liga, el gobierno y los clubes que buscan hacer de contrapeso, buscando por la vía de la inserción y la educación llevar a los estadios a la gente con menos recursos evitando así que su único modo de vivir una experiencia en las gradas sea vincularse a grupos violentos, agraciados con descuentos y rebajas en entradas y viajes, siempre ávidos a la hora de captar nuevos miembros. Porque no olvidemos que esta clase de colectivos son una pequeña pieza de un gran puzle, con vinculaciones a partidos políticos, asociaciones y demás entramados que hacen del radicalismo su leitmotiv encontrando en fenómenos de masas como el fútbol un granero y un altavoz ideal.

Aunque nos parece más interesante si cabe la convención anual que se celebra entre la policía, la DFL y los grupos ultras para aunar intereses, pulir discrepancias y hacer la convivencia más agradable para todos, impartiendo charlas para educar al aficionado más animoso y ayudarle a evitar problemas en el estadio intercambiando pareceres para consensuar las reglas y las leyes que regulan la asistencia a los estadios de fútbol.

Lo que resulta llamativo del caso español es la permisividad histórica que se ha tenido con esta clase de prácticas. Y éso es lo que marca la diferencia respecto a otras ligas. Hay ciertos estadios, y en ciertos momentos en otros muchos, que más que gradas de animación parecen concentraciones mitineras de tal o cual tendencia ideológica. La exhibición de banderas políticas, y la incrustación de éstas en todo tipo de material, incluso en las equipaciones de los propios clubes, es un fenómeno local muy extendido. Que los estadios de la Bundesliga se tiñan únicamente con el color del equipo propietario del recinto se debe básicamente a que la exhibición de esta clase de símbolos está prohibida (aunque en ocasiones se consiga colar alguna, que es rápidamente retirada con el uso de la fuerza si es necesario). Al igual que todo tipo de pancartas que no contengan un mensaje 100% futbolero.

Mientras, en la liga de Tebas hemos visto durante años como los ultras hacían exhibición de mensajes de apoyo y solidaridad para con delincuentes encarcelados por agresiones o delitos por arma blanca y se mofaban de asesinatos a manos de extremistas con total impunidad. Así como las incautaciones de puños americanos, banderas nazis y palos de hierro jamás costó la expulsión de los estadios a sus portadores.

Por estas cosas, no hay mejor ejemplo de la convivencia de autoridades y violentos que la estampa de Lendoiro en el entierro del ultra asesinado, la LFP y el gobierno carecen de toda credibilidad ante estos asuntos. Ha tenido que caer un muerto en sus manos para que se le de visibilidad a un problema que siempre fue ocultado por todos, al que se le hizo la vista gorda y sobre el que jamás se hizo ademán alguno de actuar sobre él. Solo hay que hacer una visita al historial policial de esta clase de gente para darse cuenta de que no estamos ante hechos aislados, y sí ante una escandalosa inacción generalizada por parte de todas las partes implicadas. Principalmente por los clubes, en demasiados casos la fuente de sustento y financiación de estos grupos.

Periodismo

La misma inacción que tuvieron los medios de comunicación, que rara vez se han atrevido a poner el dedo en la llaga, tal vez porque muchos de sus popes han sentido simpatía o proximidad para con estos grupos. Así está la hemeroteca llena de fotos de esta clase de lideres de opinión recibiendo premios o agasajos por parte de grupos radicales. Aunque hay un hecho más mezquino en este asunto, a raíz del asesinato y el enfrentamiento que tuvo lugar en Madrid hace unas semanas. Y es como de forma sibilina se ha ido alejando el foco del hecho acontecido en Madrid Río para encausar a la generalidad de aficiones y clubes, desapareciendo de todas las imágenes y vídeos que han ilustrado las informaciones los aficionados radicales del Real Madrid, FC Barcelona y del Atlético (con dos muertos a sus espaldas) rellenando su ausencia con todas las demás. Sigue sin existir una voluntad colectiva, imperando el trincherismo y el periodismo de bufanda, que lejos de formar e informar se dedica a fagocitar los ideales preestablecidos del consumidor.

No es de extrañar pues la ausencia de ética en muchos de los contenidos de estos medios. Programas y formatos inimaginables en cualquier otra parte de Europa, en la que ni siquiera, como ocurre en Alemania, se hacen eco de polémicas arbitrales. Mientras aquí se vive constantemente de lanzar sospechas y crear conspiraciones sobre todo y todos para justificar derrotas y errores propios, haciendo bandera del grito y la descalificación; sobre todo si te llamas Messi o Cristiano, las dianas preferidas de esta extensión del radicalismo asentado en la TDT. La LFP pretende luchar contra el exabrupto y la mala educación en los estadios cuando el aficionado no ve otra cosa en los medios que consume, maestros a la hora de fomentar división.

Tebas, en su constante campaña de lavado de imagen, pretende hacernos creer que está luchando contra algo, cuando sus medidas son obtusas e ineficaces porque están alejadas del núcleo del problema, además de resultar cómicas algunas de ellas. El fútbol español tiene un serio dilema, principalmente porque siempre apartó la vista ante esta clase de asuntos acordándose sólo cuando hubo muertos, para volver a la desmemoria con inusitada velocidad sin emprender medidas ni acciones de calado por el camino. No sólo urge una reforma integral en el modelo de competición, sino también en la ley del deporte, el código penal y una regulación más seria y eficaz en las medidas anti-violencia. Es de prever que en poco tiempo nos volvamos a ver en una de estas y sigamos hablando de lo mismo porque tras las declaraciones pomposas y las intenciones mediáticas no quede más que el silencio y la inacción tan característica de nuestros legisladores.

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