Entrevista vintage

Entrevista vintage: Manolo Mestre

«El único jugador que veo que me puede quitar el puesto en el Valencia es Manolet, eixe xiquet del Mestalleta…»

Así se manifestó un día el gran zaguero valencianista Sócrates —¿te acuerdas, «Socra»?— cuando en plena calle comentábamos la formidable campaña que el Mestalla estaba haciendo en Tercera División, que desembocó con el ascenso a Segunda, de la mano de Amadeo. «Manolet» jugaba de defensa izquierdo – Sócrates también – y ya llamaba la atención por su fútbol recio, serio y técnico… y porque siempre llevaba los pelos de punta. Hoy en día aún no ha logrado dominarlos.

Un año después de aquella conversación que tuve con Sócrates, se cumplía el pronóstico, y aquel «Manolet», convertido en Mestre porque a Vicente Peris le pareció más serio el apellido que el diminutivo de su nombre, comenzó a jugar en el Valencia. Mestre, Manolo Mestre, puntualiza: «Del Oliva, el equipo de mi pueblo, pasé al Valencia. Bueno, al Mestalla. Jugué una temporada en tercera división y ascendimos. Y cuando jugaba en Segunda, me llamó el Valencia para el primer equipo. Debuté en Mestalla, contra Las Palmas, y ganamos cuatro a dos. Era el 15 de enero de 1956 y acababa de cumplir veintiún años. Recuerdo que era el primer partido de la segunda vuelta de la Liga».

Quince años jugador valencianista

Esa temporada y trece más jugó Mestre en el Valencia. Y entre las trece y media del Valencia y la temporada y media que jugó en el Mestalla, han sido quince las que, ininterrumpidamente, ha estado al servicio de la entidad como jugador. — Después — sigue puntualizando Mestre — seis temporadas consecutivas como entrenador del Mestalla. Al mes de la séptima, al Valencia. Al comenzar la presente, ayudante del entrenador.

– Y ahora otra vez de míster

– Yo hago lo que el club diga. Para mí es un honor poder servir como y cuando sus hombres lo estimen conveniente, aunque…

¿Aunque qué?

– Aunque sufra lo indecible y muchas noches me las pase en vela, pensando no sólo en sistemas de juego, en el porqué de una victoria o una derrota, sino también en los veintitantos hombres que componen una plantilla, sincronizar, y resolver muchos y completos problemas…

«Después de casi 25 años como profesional, contra nadie tengo nada y, quizá, nadie tenga nada contra mí. Respeté y me hice respetar»

– Bueno, eso le sucede a todos los entrenadores…

– A todos, creo que no. Mi caso, con perdón, es especial porque yo soy valencianista hasta… hasta las pestañas. No es lo mismo entrenar a un equipo de cualquier parte, al que te debes porque para eso eres profesional, que entrenar al Valencia, al que llevo en la masa de la sangre. Los disgustos que te llevas son dobles: por profesional y por vinculación y amor.

– Pero también las alegrías serán dobles.

– No siempre. A mí me gustaría que todo saliera perfecto, pero eso no puede ser porque en el diccionario futbolístico faltan muchas palabras que existen en las demás profesiones.

– Desde que Manuel Mestre Torres apareció en el Valencia, la vida del Valencia y de Mestre ha sido la misma vida. ¿Qué es el Valencia para ti, Manolo?

– ¡ Huy ! Yo te podría decir que lo es todo, pero eso es tanto como despejar a córner la pregunta. El Valencia es la continuación de mi casa. Créeme que no sé dónde termina mi hogar y empieza el Valencia, o al revés. Por ejemplo hay familiares a los que quieres porque son familiares, pero en el Valencia hay personas a quienes quieres más, aunque no existe consanguinidad.

– ¿Cómo que no? ¿Tú no crees en la consanguinidad valencianista?

– Pues por eso debe ser. Otra cosa que no se explica. Y para terminar la respuesta a tu pregunta te diré que si di todo lo mejor de mi ser al Valencia, el Valencia en ese aspecto nunca se quedó atrás. Yo no sé cómo habrá actuado el Valencia con muchos de los que le quieren de verdad, sólo sé que conmigo se ha volcado siempre. Incluso hizo por mí más de lo que merezco.

– ¿Cuáles han sido las mayores alegrías de tu vida en el Valencia?

– No he conocido otra vida, y eso ya es una alegría. bueno, he tenido muchas, pero fundamentalmente han sido tres. La primera cuando me pasaron del Mestalla al Valencia. La segunda, cuando fui internacional por primera vez. Y la tercera, cuando en 1967 fui campeón de Copa por única vez. Después han habido otras más.

– Pero no todo ha sido para Mestre un camino de rosas…

– En la temporada 1964 estuve a punto de desaparecer para el fútbol. Hubo una fractura del tabique nasal, fiebres de Malta y una ciática quizá por hernia de disco por lo que fue necesario operar dos veces. Lo pasé francamente mal, porque, además, quieras o no, me llegaban los comentarios de la gente, y aunque sobre todo los doctores Bordes Valls y Ribes me animaban muchísimo y me decían que me curaría y que volvería a jugar, yo no las tenía todas conmigo. Yo no recordaba a nadie que con lo mío hubiese vuelvo a jugar…

Buqué, ¿no?

– No sé, no sé si jugó después de la intervención. No me acuerdo bien. Pero él no había tenido fiebres de Malta

«Todo lo conseguí con el Valencia, menos ser campeón de liga»

La fuerza de voluntad de Mestre, que siempre fue extraordinaria y en este caso más, le llevó a vencerlo todo, el Valencia volvió a tener jugador y nosotros amigo. Volvió a jugar, ¡ y de qué manera !, cuatro temporadas más a pleno rendimiento como defensa central. Treinta y nueve partidos en la 64-65, cuarenta y cinco en la 65-66, cuarenta y cuatro en la 66-67 y treinta y ocho en la 67-68. Fueron cuatro temporadas en las que disfrutamos de verdad como aficionados y el Valencia tuvo en Mestre uno de los mejores centrales de España. Declinó en la 68-69… ¡ con treinta y cuatro años ! y fue la última. Al finalizar, el 14 de junio de 1969, se le rindió un emocionado homenaje, con menos público del que el gran deportista merecía, pero con una fuerza emocional como bien pocas veces se dio en el Luis Casanova. Se enfrentó el Valencia al Standard de Lieja y hubo empate a uno. El homenajeado jugó durante cinco minutos. Y antes, el general Agulla le impuso la medalla al Mérito Deportivo, y Joaquín Ríos-Capapé Algeret la del Mérito Turístico.

— No me hagas hablar sobre el homenaje, y demás, porque no puedo. Aquello fue algo tan grande para mí que sólo recordarlo me emociona de tal manera que…

Internacional imbatido

– La actuación internacional de Manolo Mestre es singularísima. Bien pocos pueden presumir de haber jugado siete encuentros y… 

– En ninguno de ellos conocí la derrota. Jugué dos partidos con la Selección A y siete en la B, y es más: empatamos en Estambul y Casablanca con la selección B, pero el resto los ganamos todos.

– ¿Algún contratiempo… deportivo?

– No haber sido campeón de liga.

– Pero del título de Copa disfrutaste como nunca.

– Sí que disfruté, ché. Además, llevé una temporada muy completa, de gran regularidad. Fui dos veces campeón de la Copa de Ferias y finalista una vez.

– Y en el segundo de esos dos títulos europeos tuviste mucho que ver. — Mestre sonríe una vez más, al recordar la efemérides que, por cierto, vivimos juntos —.

– Jugamos la segunda eliminatoria contra el Dunfermline escocés. En Valencia vencimos cuatro-cero, pero allá, en Dunfermline, bien cerquita de Edimburgo, a nueve grados bajo cero y con el campo completamente helado, perdimos nada menos que por ¡ seis-dos ! ¿Cómo no íbamos a perder si no había manera de mantenernos en pie? Era como jugar sobre una barra de hielo. No se nos fue la eliminatoria por puro milagro. Total, que tuvimos que ir a jugar el desempate en Lisboa y el único gol del partido lo marqué yo…

– El Valencia siguió adelante y llegó a campeón. Mestre, al marcar uno de los poquísimos goles que ha logrado en su vida deportiva, puso luz verde hacia el título.

– Y a propósito del título, la única vez que jugué el trofeo Ramón de Carranza, lo ganamos. Allí está en el club, reluciente. Flamenco como él sólo…

Labor satisfactoria

Mestre, jugador y capitán del Valencia en mil batallas balompédicas, está satisfecho con su labor. Sus actuaciones, siempre a alto nivel, fueron reconocidas y admiradas por la afición no sólo española, sino también de nuestra vieja Europa. Su sentido de la responsabilidad y su indomable corazón causaron la satisfacción de propios y extraños. Fue recio y duro, pero noble.

– Nada tengo en contra de nadie, y creo que nadie tiene nada en contra mía, porque respeté  y me hice respetar, tanto dentro del terreno de juego como fuera de él.

– Manolo Mestre es el entrenador del Valencia, y en él lucha a brazo partido por conseguir un Valencia mejor. Se acabaron Manolo aquellos felices tiempos de entrenador del Mestalla.

– Y tan felices. Con el Mestalla he disfrutado horrores. Los chavales me han dado muchas satisfacciones, entre ellas ver cómo salían de mis manos, hacia el Valencia, muchachos como Cota, Balaguer, Basauri, Cerveró, Claramunt II, Víctor, Esteban, Sebastiá, Lys, Martín Vila… y creo que me olvido de alguien.

– Ahora…

– Ser entrenador del Valencia pesa demasiado. Y para mí, como comentábamos antes, pesa el doble.

Mestre, uno de los pocos valencianos que han triunfado clamorosamente en su tierra.

1 comment on “Entrevista vintage: Manolo Mestre

  1. Guille Mestre

    Y nade trufada como él

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