Coses de futbol cultura de club Equipiers

El día que hicieron llorar a Otamendi

Tras un ascenso meteórico Otamendi lamió las mieles de la selección; con un Maradona enamorado de él, se lo llevó al mundial de Sudáfrica, donde esperaba encontrar el culmen a su carrera. Sin embargo, algo ocurrió que apunto estuvo de cerrarle las puertas de la élite para siempre.

Argentina naufragaba. En los cuartos de final del mundial de Sudáfrica el equipo de Maradona moría caricaturizado a manos de la máquina diseñada por Joachim Löw; se iba tal y como había llegado al envite desde las eliminatorias sudamericanas. Una y otra vez los teutones hacían lo que querían y cuando querían, sin demasiada resistencia ante la anárquica acumulación de talento presentada por el rival.

«A mis 50 años, esto es lo peor que me tocó vivir», declaró la mano de Dios al finalizar la humillación. El castillo de fuegos artificiales que puso Grondona al frente de la albiceleste, poco antes de enfilar el pasillo dirección a la sala de prensa, dejó en su estallido otro cadáver, el de un muchacho llamado Nicolás Otamendi, arrastrado hacia el seleccionado en un cortejo público, repleto de piroperia.

Entre el atronador sonido de las vuvuzelas, en anuncio profético del apocalipsis, el joven defensor de Vélez tuvo que hacer frente a las embestidas de Podolski y a las incursiones de Schweinsteiger defendiendo una posición ajena, enrolado en el lateral derecho como un cacique a pecho descubierto, sin ayudas de un interior dado a la fuga y con un Demichelis que no llegará a tiempo ni a su propio funeral. La autopista propició editoriales que pronto se tornaron en dedos acusadores, miradas en afiladas dagas voladoras, el chico de El Talar, que todavía vivía con su madre, quedó señalado, dejando un reguero de críticas tras su actuación que aún hoy se pueden rastrear.

«Me das lástima Otamendi, te comiste los goles», le escupen en la cara las momias de los fanáticos al abrir los sarcófagos de las hemerotecas digitales. En el 24′ de la segunda mitad, Ota, era arrancado del partido como se arranca a un desertor; ignorando en ese transcurso hacia la penumbra del vestuario que no volvería a aparecer por allí hasta dos años después, ya siendo otro.

«Todo me está pasando demasiado rápido», se le escuchaba repetir una y otra vez, jovial, cuando era sensación en el equipo campeón de Gareca. Roto, en la soledad de la caseta, penetrado por los ecos que llegaban desde el exterior portando los restos del naufragio mundialista, la rapidez le traía ahora y en bandeja, a sus 21 años, el ostracismo que se hereda tras un mal partido en un gran escenario. En los momentos felices el pibe solía presumir diciendo que «la anticipación es mi imagen de marca», y lo era, hasta que se topó con la luftwaffe balompédica y un seleccionador con las bombillas fundidas.

Tal vez fuera el precio a pagar por una ascensión vertiginosa a la cumbre, de esas que dejan las faldas de las montañas llenas de tumbas anónimas. Pero él, iniciado en el boxeo desde los 10 años, donde moldeó su rostro y su condición atlética, se acostumbró desde bien pequeño a fajarse y a sufrir en silencio sus dolores. Sobrevivió a aquello, claro, pero no sin  antes coserse las heridas.

otacomplemento
«Tengo la personalidad suficiente para seguir adelante, pensar en lo que viene y mantener el nivel», lanzó el reto cuando ya le estaban cavando la tumba. El nivel lo definió Maradona, antes de pegarle la puñalada: «Nicolás es el mejor defensor que vi en mucho tiempo. Tiene las características de Perfumo cuando se estaba retirando. Habla, ordena… Tiene un aplomo impropio de su edad. Lo de Otamendi es increíble».

El derroche de conceptos exhibidos marca la temperatura ambiente, su lectura intuitiva de las diversas fases de una misma acción lo ubican al filo del aplauso continuo; exhibiendo tendencia a marcar de perfil, «prefiero achicar hacia adelante en sentido de los costados, ya que obtengo más tiempo para sacar a mi rival para afuera y que lleguen los laterales. Mi manera de jugar quizás llame la atención, trato de dejarme la vida», le leemos en El Gráfico (monográfico de Vélez Campeón 2009) cuando viajamos a sus orígenes para saber de él.

«Asad fue fundamental para que empezara a ilusionarme con ser alguien»

La personalidad se la labró como se la labra un m’hijo de su estirpe, un canijo cabezón en un barrio cercado por las altas tasas de criminalidad; por eso su padre lo subió al ring, donde ganó corpulencia en el tren superior y agilidad en las piernas, baile de cintura y elasticidad para poder golear hoy de cabeza; hasta que Omar Asad lo rescató y lo puso donde lo tenía que poner, en el césped, a corretear sobre el pasto persiguiendo una pelota.

«Asad fue fundamental para que empezara a ilusionarme con ser alguien» le cuenta a Darío Gurevich, desde Moscú, en su primera citación con la absoluta, cuando era feliz. Fue cuando empezó a dejarse la vida para ganarse una nueva. Porque el éxito de Otamendi se basa en el sacrificio desde la raíz.

Su apresurada madre le empujaba todos los días desde la puerta del colegio al autobús, endosándole una viandita para merendar durante el trayecto de dos horas y cuatro transbordos hasta encontrarse con Liniers, la casa de Vélez, el feudo desde el cual, pateando bajo una tribuna del Amalfitani, se reencarnó en Perfumo.

Se desconoce dónde y cuándo, y sobre todo, cómo incorporó la capoeira a su repertorio de cortes y confecciones, hay teorías que indican que la trajo de su incursión estival en Brasil; fuera como fuere se podría asegurar que la lleva haciendo desde los catorce años, aunque sea a la vida misma, donde tuvo que empezar a volar sólo tras el divorcio de sus padres, la llegada de las dificultades económicas y una madre convertida en hincha de su hijo, gritona y ataviada que no se perdía ni un amistoso del muchacho, «mi vieja sabe más de fútbol que yo; fútbol miro, me gusta, pero no soy un fanático», la vieja es una representante de entre casas que no dejó a Mendes en anécdota porque prefirió dedicarse en exclusiva a su niño, guardando en vídeo todos los partidos del nene, y coleccionando tantos recortes de prensa que necesita un garaje para archivarlos; la mujer quedó abandonada en Buenos Aires cuando Nicolás se le fue a Europa, huyendo de Dios y del destrozo que se trajo de Sudáfrica.

otacomplemento2«Debuté en un mundial y lo hice de la mejor manera. Me sentí cómodo y no tuve quizás el partido que esperaba ante Alemania, pero siempre confié en mis posibilidades», dijo en la Copa América, cuando entró de rebote y siendo reserva, un marginado que no disputó ni un minuto en la breve etapa del Coco Basile. La afrenta africana acabó con la internacionalidad de Otamendi, que no regresaría al combinado argentino, ya con Sabella, hasta 2012 y para disputar un amistoso en Calcuta, ante Venezuela, en una lista B.

Lejos quedaron los años de gloria desde Vélez, donde debutó como titular para cubrir la baja de Waldo Ponze y ya no abandonaría el puesto, valiéndole apenas 38 partidos en primera el pase al mundial y una avalancha de reconocimientos. Eran días de un Maradona peloteador de Otamendi, «cuando escuché lo que dijo Diego de mí me quedé sin aliento, es fuerte oírlo del más grande de todos los tiempos. Tendré que seguir peleando para agigantar sus palabras». Nadie sospechaba lo que vino después.

Europa fue contradictoria para él. Se construyó una imagen, como lo hizo siempre, porque Nicolás fue ídolo allá donde estuvo, referente, de esos tipos que destacan y llaman por su rendimiento. Pero no fue suficiente para quitarse la mancha a ojos argentinos.

Debutó en una Copa del Mundo con 21 años y se quedó fuera de otra a los 25 siendo mejor futbolista, emigrando a Brasil, al escaparate sudamericano para que los ojos de Sabella se tornaran hacía él. Pero ni así. Huyó, maduró, lo dejó todo atrás, incluso ahora, que vuelve al certamen internacional en Mestalla, la selección le sigue pesando, sin acabar de encontrar aquello que llegó a tener en sus inicios.

Porque los trozos esparcidos por el vestuario del Green Point Stadium de Ciudad del Cabo no se acaban de recomponer del todo para un jugador que volvió a romperse cuando le dejaron sin Brasil 2014, porque Ota necesita a Argentina para completarse, y Argentina necesita a Ota para seguir siendo Argentina. El Tata Martino parece haberlo entendido, y lo primero que hizo en septiembre de 2014 fue devolverle la albiceleste para que la defendiera; en un amistoso en Hong Kong, sí, pero para regresar a la estadística.

Aunque en cuatro años apenas haya jugado un par de partidos, y ni siquiera oficiales, con su país, es el camino para encontrar la redención que necesita; hasta entonces Nicolás seguirá descosido. «Defender la remera de Argentina es tocar el cielo con las manos», dijo en 2010, siendo un debutante. Luego, D10s lo expulsó del paraíso en una tarde de verano.

6 comments on “El día que hicieron llorar a Otamendi

  1. Pancho Santos

    Maradona es autodestructivo, todo lo que toca lo contamina y acaba rompiéndolo.

  2. Otamendi GRANDEE para esta destinado a ser el jefe de la defensa de argentina al igual que lo hizo Ayala pero primero a triunfar en valencia OTAKAISER !!!

  3. Xavi Talora

    O dios Maradona , te equivocaste y mucho , te lo perdone todo , como jugar con drogas , tomarlas y hacer gilipolleces en Cuba , pero esta no te la perdone en su momento y ni te la perdonare nunca

  4. Farlopadona donant lliçons,marcant gols amb la ma i deixant a tot un pais sense un mundial,borraxo,mano ligera pegant a dones perque el tapó de merda eixe no pot pegar-li a ningú,ves a cagar i de paso pinta quatre ralles runós.

  5. per a renaixer de les sendres tens que ser molt umil i otamendi eu es , diego armando era un xiquet umil ara es sendra.

  6. Pingback: The tactics room: Defectos y virtudes del VCF | THE BARRACA

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s