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Ian Cathro: El secreto escocés de Nuno

Tras la sombra del portugués se mueve un pelirojo natural de Dundee que lleva revolucionando el fútbol escocés desde los 16 años. Ahora, en el Valencia, ha montado su particular laboratorio donde desmontar a los rivales y trabajar sobre sus puntos débiles.

Verle transitar por las entrañas de Mestalla es toparse con una ristra de curiosos preguntando por la identidad del misterioso joven; un rostro arrebatado a la adolescencia, y un chándal adherido a su figura como una segunda piel, ayudan a confundirlo con algún canterano premiado con una estancia a ilusiones pagadas en el banquillo del primer equipo. «No serà el Tropi eixe?», suelen eructar osados tribuneros.

A ello contribuye su estratégica discreción, siempre un paso por detrás, enrollado en la sombra del jefe, oteando el horizonte con la cabeza gacha, mirando como mira una vieja, por encima de un par de lentes sujetadas en el extremo último de la nariz en un intento desesperado de averiguar el futuro. Ian Cathro es de esos tipos que desde el mismo momento de su nacimiento ya sienten que se les acaba el mundo; capaces de construirte en una tarde la Bastilla y la Revolución Francesa ‘porque no hay tiempo que perder’.

En cierta ocasión, contando con 16 años, empujado por el efusivo entusiasmo que caracteriza a los genios prematuros, irrumpió en una tienda de barrio exigiéndole al comerciante una bolsa de balones con el despreocupado desdén de quien pide un paquete de tabaco en un tugurio de mala muerte. Arrastrándola, supo plantarse en mitad de un descampado a las afueras de Dundee con la pretensión de montar su propia academia, desde la cual, revolucionar el fútbol escocés.

Sólo carecía de lo básico: no habían niños. Por aquel entonces dirigía el club local Craig Leving, que andaba refunfuñando por las esquinas del Tannadice Park, maldiciéndolo todo; ese reconcomer acumulado, ya como seleccionador, le llevó a poner en alto lo que nadie se atrevía a sacar del ámbito del susurro, «el jugador británico cuando llega a la élite lo hace con un déficit técnico inaceptable».

Cathro tiene un par de citas que bien definen su actitud revolucionaria: «Lo que necesitamos son entrenadores que se hagan preguntas, que piensen en desafíos, no gente cuya visión sea ‘tengo un carnet de entrenador, ya lo sé todo, así que haz lo que te digo’» o, «en este país no se toleran a los jugadores técnicamente brillantes». Ian, que ya había encontrado a los niños, canalizó su desprecio al dogma establecido redactando su propio programa de formación, «master the ball», desde el cual dinamitó las obtusas mentes de un fútbol formativo escocés que seguía haciendo uso del balón medicinal y las pistas de atletismo.

«Lo que necesitamos son entrenadores que se hagan preguntas, que piensen en desafíos, no gente cuya visión sea ‘tengo un carnet de entrenador, ya lo sé todo, así que haz lo que te digo’»

Al igual que la gente cuando le ve desplazarse por Mestalla, el mundo suele reaccionar con incredulidad al cruzarse con este enfant terrible; tal como ocurrió en aquella sala de prensa a la que se le cayeron las paredes tras un estallido de carcajadas nacidas al calor de un nuevo reto: «nuestro objetivo es tener en 2020 un par de jugadores de clase mundial creados en nuestra academia».

Ya no era un chaval en mitad de un descampado, a sus 20 años Craig Leving le aupó hasta la dirección de la escuela del Dundee United, «sus muchachos son los mejor formados de Escocia» dijo el mánager en la presentación de un niñato que accedía a la élite sin el boato de ser una estrella retirada, sino más bien un modesto personaje que se rompió los ligamentos a los 14 años jugando en el equipo de su barrio.

El chico, porque apenas tiene 27 años, no deja de ser una anomalía en el fútbol británico. Es de entender que se considere «polémico» porque «todo lo que he dicho o hecho hasta ahora ha generado polémica». En su faceta de entrenador-adolescente revolucionario era tratado como un demente, lo que generó ciertas reticencias en muchos padres a la hora de llevar a sus hijos a un don nadie que pretendía cambiarles el molde impuesto por el sistema.

Cuando cargó contra el establishment, «yo no he jugado nunca al fútbol, pero tengo más respeto por este deporte que muchos de los que tienen 100 apariciones con Escocia», se le acusó de todas las cosas que se le acusa a un mindundi.

Un mindundi, pero con sustancia. De los 16 niños que consiguió arrastrar junto a su bolsa de balones hasta un descampado en las afueras de Dundee, 12 han llegado a ser futbolistas profesionales. Un elevado ratio de éxito, que otra mente inquieta como la de Leving pretendió utilizar cuando en 2009 le nombraron seleccionador escocés, llevándoselo con él para que, desde la cima de la Scottish FA, pudiera cambiar de arriba a abajo el fútbol nacional.

Que Escocia esté obteniendo sus mejores resultados en categorías inferiores tiene mucho que ver con el programa de cinco pasos que elaboró Cathro, que no sólo modificó el sistema de formación, sino que se puso a voltear también la educación de los entrenadores y los métodos a emplear. En uno de esos programas fue como el destino le ayudó a conocer a Nuno, que viajó hasta Glasgow para apuntarse a los cursos que tanto estaban dando que hablar en el mundillo de los chándales y que organizaba la Federación Escocesa.

«Sólo sabía de él que era portugués, y un tipo grandote con cara de gruñón. Cuando finalizó la sesión se acercó y me felicitó. Luego se puso a enumerar todo lo que no le había gustado. Nos pasamos horas hablando de fútbol; durante aquellas semanas congeniamos muy bien», es la versión oficial que Cathro cuenta hasta la extenuación siempre que los medios británicos le han preguntado por su encuentro con el luso, quien no dudó en 2012, cuando le dieron el banquillo del Río Ave, en hacerse con sus servicios. «Alguien en la Federación le dio mi teléfono personal, cosa que no es legal hacer; pero Nuno es un tipo muy persuasivo, capaz de convencer a cualquiera. Me di cuenta enseguida que podía ayudarme a crecer», relata a modo de descarga.

«Cathro tiene ideas rompedoras

y posee una mente brillante»

Epirito Santo, en compensación, le considera «un genio». Tal vez el éxito de este nouveau Valence resida en la especialización, en un cuerpo técnico conformado por expertos en diferentes asuntos vitales del juego.

Ian, en el laboratorio de Paterna, se dedica a diseccionar a los rivales, a destapar sus patrones de juego y sus puntos débiles y a diseñar entrenamientos específicos para, en base a esa información, contrarrestar su potencial y hacerles daño en el terreno de juego. Ray Mckinnon quizás sea el único dinosaurio de la vieja SFA que habla bien de Cathro, «tiene ideas rompedoras y posee una mente brillante»; le define en una simple frase, «hoy en día son muchos los que hacen estas cosas; lo que diferencia a Ian del resto es que es el que mejor las hace».

Su fama le precede hasta el punto que en Reino Unido no se destacan las novedades del club valencianista sin apostillarlas con un ‘del escocés Ian Cathro’; su figura ha sido glosada por la BBC, SKY, The Times, el Herald, el Scottsman y hasta por la hoja parroquial; goza de tal reputación que el Rangers lleva tiempo planteándose su contratación, sólo los cascotes de la ruina que todavía asolan Ibrox Park evitaron que ya esté allí.

«No es cuestión de tiempo, es cuestión de encontrar la oportunidad adecuada»; el muchacho tiene claro que su estancia en el VCF «es como el último año de la universidad», para un tipo que lleva desde los 16 corriendo una maratón el éxito a orillas del mediterráneo no iba a suponer cruzar la meta, sino un paso más hacia su verdadero anhelo: ser entrenador.

Meses atrás Graham Hunter le preguntó si estaría dispuesto a cometer la insensatez de abandonar un equipo champions para enrolarse en lo más bajo del fútbol europeo, su respuesta fue contundente: «Sin ninguna duda. Lo único que necesito para mi primera experiencia es un lugar donde el inglés sea la primera lengua y poder hacer una pretemporada completa».

En Paterna se le suele ver dando ordenes a tipos que le superan en edad y estatus; en Mestalla muchos siguen preguntándose quién es, confundiéndole con algún jugador del filial.

Ryan Gauld fue uno de los mocosos que se presentó en un descampado a las afueras de Dundee buscando una oportunidad que no le daban en otro sitio. Aquellos tipos que se rieron de Cathro cuando afirmó que su pretensión era poder tener a un par de jugadores de clase mundial formados en el Dundee United hoy llaman a Gauld ‘el pequeño Messi’, o ‘el Messi escocés’, al ver como el pasado verano protagonizaba un traspaso récord de 3 millones de libras al Sporting de Lisboa tras un debut fulgurante con el primer equipo.

Cathro no sólo lucha contra molinos de viento, sino que además acostumbra a vencerlos. Aunque tenga que arrastrarlos.

3 comments on “Ian Cathro: El secreto escocés de Nuno

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