Bundesliga report Futbol després del mur

Disidentes del fútbol moderno

Un extraño fenómeno inunda las gradas alemanas, descontentos con el pudiente y mercantilizado fútbol británico, miles de ingleses viajan todas las semanas a los campos de la Bundesliga para reencontrarse con el viejo sabor de las terrace británicas de los 80.

Hoy en día emprender el ritual de acudir a un partido de la Bundesliga conlleva toparse con helicópteros sobrevolando la zona, esquivar cientos de furgones policiales, sufrir algún cacheo que otro, atravesar cordones de seguridad junto a miles de policías desplegados en el estadio… y cruzarse con ingleses, muchos ingleses.

Cuando en 2012 el BVB anunció que adoptaría como propia en sus comunicaciones la lengua de Shakespeare – su televisión oficial emite ya tantas horas en inglés como en alemán – muchos lo vieron como una extravagancia, pero Carsten Cramer, el gurú marketero del club, lo tenía claro: «nuestra apuesta por vender emociones, por ofrecer una experiencia diferente, ha hecho que mucha gente en Reino Unido se fije en nosotros».

Según la BBC unos mil británicos parten de Londres cada quincena rumbo a Alemania con este propósito; incluso aerolíneas como Ryanair lanzaron el pasado noviembre paquetes especiales para acudir desde el aeropuerto de Stansted a Westfalia por un módico precio.

Lo que identifica a estos descontentos es el anhelo de experimentar en primera persona una sensación arrebatada, convertida en historia y recluída en las leyendas de las viejas terrace ochenteras

Pararse a escuchar a esta legión de disidentes de la Premier en los locales habituales donde se reúne la gente antes de los partidos, o en las mismas puertas de los estadios, es escuchar, con distintos acentos y diferentes rostros, las mismas quejas. «No estoy dispuesto a pagar 40 libras (55€) para ver como nos gana el Stoke» o «Es más barato venir aquí cada dos semanas que ver a mi equipo todo un año». Lo es, por el precio de dos entradas en Inglaterra el hincha alemán podría financiar el 50% de su pase de temporada.

Lo que identifica a estos descontentos es el anhelo de experimentar en primera persona una sensación arrebatada, convertida en historia y encerrada en las leyendas de las viejas terrace ochenteras.

No tienen una significativa afinidad ni sienten especial simpatía por ningún club alemán, les importa poco ir a Dortmund a Hamburgo o a Bremen mientras puedan ir a alguna fantribüne a revivir la experiencia de grada que se les niega en su país. ¿Y cuál es la más famosa de todas? La Südtribüne del Iduna Park.

Dicho fenómeno, inevitablemente, ha despertado otro, el de la reventa. La dificultad de encontrar billetes en las taquillas de la Bundesliga hace que este desembarco sea más moderado de lo esperado, pero hay quienes se las arreglan para adquirir tres o cuatro entradas de más buscando revenderlas a esos extraños visitantes incluso por encima del doble de su valor.

Un ticket que a un aficionado de Berlín le cuesta cinco euros puede colocárselo por quince a un inglés en busca de una emoción, y aun así, estaría invirtiendo una minucia respecto a lo que debería desembolsar en Inglaterra.

Esto responde al grave problema demográfico que tiene la Premier en sus estadios y que no atiende porque ella también es receptora de hinchas foráneos. Todas las jornadas cientos de españoles o noruegos, o de cualquier parte del mundo, acuden a sus partidos atraídos por el mito, buscando la misma sensación que el descontento hincha inglés busca en Alemania.

En las islas la media de edad en sus campos ya alcanza los 47 años, aportando contrastes salvajes, como las bolsas de jóvenes que abarrotan los pubs de los alrededores porque no pueden permitirse comprar una entrada, mientras una marea de cabezas canosas, junto a turistas entusiasmados, atraviesan las puertas de los recintos.

Yannick Hesse, habitual de Schwatzgelb, el fanzine más reputado del BVB, relató su experiencia en las gradas de la Premier en un artículo recogido por FourFourTwo, donde hace hincapié en el choque ambiental de alguien habituado a la Bundesliga y sus gradas.

«La atmósfera en sus estadios no es tan fría como la mayoría de aficionados alemanes piensa, pero sí es cierto que los partidos están rodeados de un extraño silencio. Al inicio de los encuentros la gente grita y canta sus himnos creando un entorno espectacular, pero luego todo el mundo cierra la boca y vuelve a su sitio, ya nada vuelve a perturbar la calma salvo una protesta al árbitro, un gol o alguna ocasión perdida, el resto de la animación, cuando la hay, apenas dura unos segundos y en demasiadas ocasiones es de tan baja intensidad que cuesta percibirla desde otros sectores del estadio».

La lucha, lejos de reducirse a llenar twitter de quejas huecas, ha sido militante. A través de la Football Supporters’ Federation se organizan masivas y constantes acciones para intentar revertir estos problemas. Las más frontales responden a las manifestaciones en las puertas de la liga a cada reunión de los clubes, donde centenares de aficionados de los más variados equipos componen ruidosas concentraciones haciendo uso de gritos y pancartas que aluden a la necesidad de poner fin al exagerado precio de las entradas, la misma, es acompañada con una constante actuación en los estadios jornada a jornada desde hace tres años.

Pero no se trata sólo de una acción de protesta.

En el parlamento inglés hay una proposición de la FSF para volver a las generales de pie gracias a un ingenioso sistema de seguridad que evitaría avalanchas y que el espectador apenas pueda dar un paso hacia delante o atrás al estar rodeado de un quitamiedos que sustituye al asiento de plástico. Mientras llega, también se han organizado para proponer a diferentes clubes la creación de gradas jóvenes.

De momento todas y cada una de sus peticiones, a pesar de la buena acogida de público y crítica, han pinchado en el hueso de la mayoría de entidades, que siguen haciendo oídos sordos.

Los ateos de la famosa expresión inglesa ‘los estadios con asientos han matado el fútbol’, se convierten una vez abandonan la Südtribüne dortmunesa

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Tal vez esta extraña sensación de desapego que está recorriendo el fútbol inglés se explique como nadie en el caso de Red Issue, uno de los grandes fanzines del país y referente en Old Trafford, que anunció hace un par de meses que en junio pondrá fin a más de 30 años de existencia. Las habituales especulaciones sobre la crisis del papel o la rentabilidad del invento quedaron volatilizadas cuando los editores de la publicación confesaron los verdaderos motivos.

«Tenemos la sensación de que todo va encaminado a vaciarle los bolsillos al aficionado y llenárselos a los Glazer. Estamos hartos de escuchar hablar de fútbol a la gente y que todo gire en torno a si tal o cual fichaje es bueno por su rentabilidad económica, o si habría que vender a este o a otro para mejorar el balance de ventas y compras, de ver como hemos dejado que lo reduzcan todo a mercados internacionales y contratos comerciales. Parece que nos hemos convertido en accionistas de una multinacional para dejar de ser aficionados a un equipo de fútbol. En estas condiciones no encontramos la motivación necesaria para continuar adelante».

Una de las cosas que más excitan a estos turistas de gradas es abandonar los estadios duchados en cerveza. Primero, por la sorpresa que les produce observar que en los estadios alemanes se venda alcohol sin problemas, y segundo, porque a cada gol una erupción de malta, rubia o tostada, caiga sobre las cabezas de los presentes con total naturalidad.

Aunque la diferencia que más les afecta es ver como nadie abandona el estadio hasta que público y equipo se despiden mutuamente; contemplar estas cosas, lejos de curarles el alma, les ahonda todavía más en su pesar. Los ateos de la famosa expresión inglesa ‘los estadios con asientos han matado el fútbol’, se convierten una vez abandonan la Südtribüne dortmunesa – o cualquier otra -; «no sabes lo que te estás perdiendo hasta que lo experimentas por primera vez» suele ser su reacción favorita. Ésa y unas cuantas más.

— «Un ambiente así es imposible replicarlo en Inglaterra, imposible».

— «Ahora entiendo porque la gente compra billetes y vuela cada dos semanas aquí, es el mejor ambiente en el que he estado nunca en un partido».

El inevitable proceso de deslocalización del fútbol consigue que los clubes cada vez miren menos por su propia gente y que la gente cada vez se sienta más alejada respecto a su propio club. El auge de publicaciones que hacen referencia al fútbol victoriano es otro fenómeno nostálgico en las islas, o la cada vez más frecuente creación, o rescate, de clubes por parte de hinchas que huyen de la comercial Premier League.

La reciente lluvia de dinero que les ha caído de los mercados tras el multimillonario contrato de televisión que permitirá a los modestos ingleses ser más ricos que la mayoría de grandes clubes europeos fue recibida con la esperanza de que trajera consigo una reducción en los precios de las entradas – las más caras del continente -, aunque ni siquiera está previsto que haya una congelación de los mismos.

En la era de la hiperinformación, donde todo se televisa todo el tiempo, el fútbol ha perdido el misterio que le hizo tan atractivo en el pasado

Esta especie de saudade masiva no sólo se centra en entornos capitalistas como el fútbol británico, en la admirada Bundesliga también se observan fenómenos de esta índole.

En los últimos años la asistencia a los partidos de los filiales se multiplicó por cinco – hay afluencias de hasta 12 mil espectadores -, la razón, según se desprende de un estudio-reportaje del Der Spiegel, reside en boca de los aficionados en recuperar las sensaciones del fútbol de siempre, en disfrutar de un estadio destartalado, de cemento vista, donde se sirve el café en mesas con tapetes de papel y vasos de plástico, para acabar mojado si llueve y ver a un grupo de muchachos identificados con la ciudad que luchan por la gloria y no por un dinero que escasea en esas divisiones.

Quizás en la era de la hiperinformación, donde todo se televisa todo el tiempo, el fútbol haya perdido el misterio que le hizo tan atractivo en el pasado, repercutiendo en unas generaciones, las últimas analógicas, que no se acostumbran a vivir en la frontera, donde el espacio para la sorpresa o la ilusión ha quedado reducido a la nada por la milimétrica precisión de los presupuestos.

Año a año son más los hinchas británicos que visitan Alemania buscando reencontrarse con ese fútbol con el que crecieron, como cada vez son más los españoles (600 a la semana según la BBC) que visitan los estadios ingleses buscando ambientes futboleros en un intento de recuperar lo que tenían en la puerta de casa. O esos alemanes refugiándose en divisiones inferiores para regresar a aquel fútbol rural de chicos del pueblo en una Alemania repleta de estadios bautizados con nombres de futbolistas históricos.

En el fútbol moderno, como en la vida en tiempos de crisis, es cada vez más habitual buscar fuera lo que no se encuentra en casa. Permitiendo por el camino que una ristra de agentes implicados hagan fortuna con los descontentos del fútbol negocio. La nostalgia también tiene sus contradicciones.

3 comments on “Disidentes del fútbol moderno

  1. ……yo aun no llego a eso,pero ya prefiero muchas veces ver un partido de otra liga a uno de la española,pero lo que siento viendo al VCF aun es UNICO,solo lo comparo ,en una decima parte ,en ver perder al Madrid y al Barcelona….

  2. Anónimo

    Tremendísimo. Cierto. Pero a los tiburones del fútbol todo esto les da igual. Y si no te apuntas a la corriente, desapareces.

  3. Pingback: El precio de ir al fútbol – THE BARRACA

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