Andrés Bonilla - círculo - foto archivo familia Bonilla Folgado
cultura de club Història VCF

El abuelo diseñó el escudo

En el instante en el que todo empieza los detalles alcanzan la importancia del magma volcánico, la marea que lo conforma todo. En aquellos tiempos de camisetas en blanco y futuro incierto el Valencia cosió a su pecho un escudo del que se desconoce su origen. Aquí una aproximación a su posible autor.

Contaba José Ricart, socio en octubre de 1919, que el sudoroso Gonzalo Medina pasaba por la puerta de su almacén de maderas todas las mañanas rumbo al almuerzo, amenazándole, «hemos formado el Valencia Football Club y vamos a hacer de él un club grande, así que te haremos socio, a ti y a tus hermanos»; «aquel Valencia era una familia, nos conocíamos todos» despachaba a sus ochenta años, hace ya cuatro décadas.

Historias como las de Ricart, que cada vez que acudía al campo del Gimnástico a instalar unas porterías, o a arreglar unas gradas, tenía que salir corriendo porque se daba la voz de que un merengot estaba profanando el templo granota, acabaron perdiéndose en la noche de los tiempos, generándose con sus vacíos enormes lagunas sobre los detalles que dieron forma a la fundación del club.

¿Por qué esos colores? ¿Por qué ese escudo? El Valencia sigue sin poder responder a esas y muchas otras preguntas

En una ciudad convulsionada, donde los atentados sindicalistas y las revueltas obreras estaban a la orden del día, en la que se mataban a alcaldes en el trenet, en la que el blasquismo consolidaba su poder y la fiebre urbanística a emerger, en la cual jugar al foot-ball suponía ser apedreado por hereje y los días de mercado generaban las primeras trifulcas futboleras, un puñado de hombres buenos decidieron fundar un equipo desde el rincón de una pequeña licorería, al que se le quedó enganchada en el alma la irascibilidad de aquellos tiempos, arrastrándola ya durante toda su existencia.

— Sea usted fundador de un club y tenga usted el número uno de socio.

— Para luego si te he visto no me acuerdo.

En octubre de 1945 Andrés Bonilla se lamentaba en las páginas de Las Provincias, ante la estilográfica de ESECE, del olvido que padecían los fundadores. Hoy, su bisnieto, contemplando a los herederos de Llorca o Milego ante Peter Lim, lamenta «que se haya perdido el vínculo entre las familias». Bonilla es uno de los nombres que aparecen en el margen izquierdo del acta fundacional, uno de aquellos entusiastas muchachos, estudiantes, que se reunieron en el Bar Torino un primero de marzo de 1919, designado como primer tesorero de la entidad, y también, su primer socio, porque la B de Bonilla iba antes que la M de Medina, Milego o Marzal, o la L de Llorca.

Fue quien lidió en aquellos tiempos, donde el fútbol era una hoja en blanco con sus movimientos aún por inventar, con la tramitación legal del arrendamiento de Algirós, quien batalló con jugadores, socios y directivos para cobrar las tres pesetas mensuales—una cantidad respetable— que posibilitaran que la sociedad subsistiera más allá de sus primeras semanas, quien luchó con los flecos de aquellos primeros amistosos que permitieron al público fijarse en ese recién llegado a una capital con cinco periódicos y una docena de clubes entre sus muros. Y también, junto a Medina, se batió el cobre con el Ayuntamiento para que éste donara un trofeo [Feria de Julio] que permitiera al Fé-Cé medirse en competición ante los gigantes de la vecindad, antes siquiera que le dejaran jugar en el Regional. Pero, ¿fue más cosas?

«El primer escudo del Valencia CF lo diseñó mi bisabuelo y cofundador Andrés Bonilla»

Mercedes González-Teruel, comisaria de la muestra “El Color dels Taulles” en el Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias, atribuyó el pasado mes de enero la autoría del escudo del Valencia a un pintor ceramista de la boheme valentina, Francisco Aguar Tarín, basándose en el testimonio familiar; en palabras del profesor e historiador Josep Bosch «es va aventurar al ficar-li nom al autor del nostre escut sense tindre massa elements per a corroborar eixa afirmació».

¿Y quién diseñó el escudo fundacional? «El primer escudo del Valencia CF lo diseñó mi bisabuelo y co-fundador Andrés Bonilla Folgado»; habla Alejandro Olmos, que raudo, saltó ante la noticia para darle visibilidad a una historia que lleva escuchando en los salones de su casa desde el mismo momento de su alumbramiento.

«Poco o nada nos ha llegado a los bisnietos para poder probarlo. Un hijo poco futbolero, dos hijas y siete nietas nada interesadas en un deporte ‘que no era para mujeres’ no han dejado rastro conocido, más que la tradición oral que ya se está perdiendo en mi abuela [hija de Andrés Bonilla], con alzheimer desde hace diez años».

Estamos hablando de un club de barra de bar, fundado por amigos, en el que el dinero de una boda se usaba para vallar un estadio, y la madera de un conocido, para construirle la caseta a un conserje y regalare porterías que guardar al goalkeeper; donde las madres y esposas cosían y remendaban camisetas con telas de casa, y los jugadores no sólo pagaban por jugar, sino que además, tenían que pintarle las líneas al campo antes de poder hacerlo.

Tal vez la esencia del alma artesanal de aquel club primigenio resida en ese sello redondo, con un balón acogiendo en su seno un escudo capitalino custodiado por la C de club y la V de Valencia que aparece como rúbrica en los documentos del primer momento.

«Mis primos y yo siempre escuchamos estas historias desde pequeños. Ser descendientes de uno de los fundadores del Valencia… buah, era una pasada. Más de mayores las escuchábamos con la lamentación de que no quedara en casa casi nada de aquellos tiempos. Muchos domingos en esas comidas familiares siempre hemos hablado de la posibilidad de reclamar la autoría, no ya por lo económico, sino por el honor de mi bisabuelo».

¿Es posible que Bonilla fuera el autor del primer escudo que lució el club en sus camisetas? La propia familia admite que «nunca hemos podido plantearle el reconocimiento al Valencia porque no hemos tenido documentos que lo prueben», el profesor Bosch es más contundente al respecto, «les histories familiars transmitides de forma poc fidedigna, com sembla que és el cas, no aguanten una crítica mínimament rigorosa».

La verdad es que aquel escudo redondo está inspirado en el del Club Valencia, el Foot-Ball Club Valencia de 1906 que adquirió fama y resonancia cuando empezó a jugar en la pista de la Exposición Regional de 1909. El suyo era el emblema de la ciudad encerrado en un círculo, que más adelante dio paso a un balón de cuero con las siglas C.V., de estilo gótico, entrelazadas en su centro. El atribuido a Bonilla, sin embargo, cambió el círculo blanco por un balón de cuero, y la doble ele, por las siglas C.V. que refieren al cómo se le conocía popularmente (Club Valencia) a aquellos pioneros en utilizar el nombre de la ciudad.

ooooo
Las Provincias 1946

Suele ocurrir durante los inicios de algo importante que se ignore hasta dónde se llegará, que nadie se preocupe por documentar esos instantes, que no tienen por qué importarles a nadie, ni siquiera a los primeros aficionados de la aventura, que en una muestra de que aquel grupo de jóvenes había creado un monstruo, acabaron con la presidencia de Milego presentando una moción de censura, y poco tiempo después, impidiendo toda participación de los fundadores en la vida de la institución. Parte de ese olvido reside en la depuración que sufrieron muchos de ellos tras la guerra, privando al club poder reconocerles de manera oficial; guardando silencio por temor en unos casos, o por la lejanía que les daba el exilio en otros, quedando su existencia y servicio reducidos a charlas familiares de domingo al medio día.

El acto de aquellos ilustrados en un mundo donde el analfabetismo rampaba libre y sin freno era un modo de demostrar que tenían ganas, que creían en el futuro, que anhelaban hacerse un lugar en una ciudad que también se estaba haciendo a sí misma. Aunque la identidad del club llegaría mucho más tarde; en esos instantes de zozobra se llegó incluso a vestir, en un arrebato sin explicación, una camiseta juventina, y generalmente, durante los años iniciales rara vez se veía un escudo cosido al pecho, que aparece y desaparece de forma recurrente.

Durante el primer partido del FC Barcelona en Mestalla (1924) las camisetas lucen blancas y sin distintivo alguno sobre el corazón

Tal vez por esa ausencia de importancia identitaria no haya nada documentado, por eso, esa ambigüedad en los primeros años de vida de la entidad. Aquello era otra cosa, era amateurismo, era amistad, eran once amigos sobre un terreno de juego; y todo se explica con el Tonelada, un tercer equipo del Valencia que admitía a gente con sobrepeso, capitaneado por Bonilla luciendo por esos campos el escudo redondo; en el que también llegó a jugar Milego antes de darse al arbitraje y al cual calificó como «los reservas de los reservados», que fueron, como se puede leer de puño y letra del tesorero en la foto que ilustra este artículo «los primeros campeones que ha tenido este club».

«¿La veracidad?» dice Alejandro, «pues hombre, la genealogía de mi bisabuelo es innegable. Lo del escudo es lo que nos ha contado siempre mi abuela, su hija, de su propia boca. Corroborado por mis tías y mi abuelo, su yerno; y por supuesto me creo a mi familia». Pero, «a falta d’altres elements» como dice Josep Bosch, «esbóssos o documents, cal continuar investigant sense precipitar-se».

Como hizo el Valencia con José Ricart, «la madera de la tribuna de Mestalla la servimos nosotros», seguía diciendo, «después, lo de siempre… tenga usted paciencia señor Ricart, que ya cobrará…». La generosidad y altruismo de aquellos olvidados primeros hombres la describe Alejando Olmos hablando de su propia situación, «para mí es un orgullo que llevo en silencio, por valencianista y por descendiente».

Allí en la barra, con el lugar arrasado, en esa secreta atmósfera de los locales en penumbra que aún huelen a la noche anterior, nada ha acabado. El club sigue teniendo dos escudos sin autor reconocido, como sigue escondiendo héroes encerrados en el cajón del olvido que fueron los que moldearon con sus manos el rostro y el carácter de lo que hoy corretea por los campos del siglo XXI, a la espera de que algún día algo, o alguien, lo abra y los saque del cruel anonimato en el que se encuentran.

2 comments on “El abuelo diseñó el escudo

  1. Anónimo

    Mercedes González Teruel la comisaria de la exposición Els colors dels taulells no se ha aventurado a adjudicar la autoría del escudo fundacional del Valencia . Les ruego que lean bien el estudio realizado con motivo del catálogo de la exposición y no supongan lo que no se ha escrito.

  2. Pingback: El color de la camiseta – THE BARRACA

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s