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Entre los guantes de Yoel

El Valencia anda enfrascado en su enésima búsqueda de un portero, operación que acometió en demasiadas ocasiones desde el retiro de Cañizares, olvidándose en apenas un verano de una de sus mayores apuestas en los últimos tiempos, Yoel Rodríguez.

El cambio de ciudad supuso para Yoel Rodríguez abandonar su zona de confort. Dejó de sentarse a la mesa con su familia a la hora de comer para hacerlo en soledad, en un apartamento alquilado y por amueblar. Dejó atrás a su padre, al que define como su mejor amigo; y a sus hermanos, uno de los cuales ejerció de lobbista hasta convencerle de cerrar la maleta y poner rumbo al Mediterráneo, a cumplir su sueño.

Yoel aprendió sobre la marcha a ser más independiente, a afrontar en solitud los retos de la élite futbolística. Dijo en una ocasión sobre su adaptación vital, a modo de rasgo definitorio, que «no me asusta equivocarme, porque así aprendo». Este cancerbero de trazas germánicas y acento gallego no huye de los problemas, los rumia hasta deglutirlos. Como hacen los caballos, su otra gran pasión.

Tal vez por eso, porque le gusta aprender, se confesó en las páginas del Levante-EMV en vísperas de Almería, «el trabajo con Otxotorena es muy bueno, siempre intenta sacar lo mejor de cada uno. Intenta tocar puntos más específicos del portero y una de las cosas que mejoró de mi es que voy aguantando más la posición, antes iba un poco acelerado en la portería».

Esa sobreexcitación bajo palos le llevó a desperdiciar alguna que otra oportunidad portando el manto del murciélago. Es la misma que le llevó a enfundarse los guantes, ya que de tan mal perder acababa peleándose con todos, hasta que decidieron ponerle de portero, para que lo hiciera solo.

Durante su presentación, el Valencia se afanó en vender a Yoel como «uno de los guardametas con más futuro del panorama español» haciendo uso del énfasis con el que hoy busca un titular que mute en suplente ante el regreso de Alves. La apuesta por el portero de «juventud y talento» que llegó como uno de los mejores de la primera división duró lo que una rodilla en quebrarse.

«Trabajar me gusta un montón, irme a casa cansado y satisfecho me gusta, y cuando vengo a entrenar lo hago con las máximas ganas»

A pesar de todo, el chico de Oterino (Vigo) que habla con los caballos considera que fue «un acierto» venir. Un riesgo necesario, porque lo suyo siempre fue arriesgar para triunfar. «Siempre que tomo una decisión no me arrepiento. Voy de frente con ella, si sale bien perfecto. Si sale mal estaré satisfecho porque lo habré intentado al máximo y habré dado lo mejor de mi por conseguirlo». Batalló hasta que Luis Enrique se convenció y le dejó asentarse en el once. Provocando gracias a sus actuaciones que su salida llevara al argentino Berizzo a amenazar con el suicidio si había otra baja de tal calibre.

«Trabajar me gusta un montón, irme a casa cansado y satisfecho me gusta, y cuando vengo a entrenar lo hago con las máximas ganas». Aprendió de Alves por el arte de la observación, esperó siempre la oportunidad, el momento, pero la fortuna le parece esquiva. Este verano el club acometerá su vigésimo quinta operación en la portería desde la salida de Cañizares – ídolo de Yoel -, para continuar perpetuando esa montaña rusa que demuestra que no sabe qué quiere tener bajo palos, que no le sirve nada porque nunca se atreve a apostar por nadie. Incluso la irrupción del guardameta carioca llegó como suelen llegar las cosas a la vera de Mestalla, porque no había más.

En Valencia ya no puede darle un beso a su hermano pequeño (recogepelotas en Balaídos) antes de los partidos. Ni mirar a la grada, buscando la complicidad emocional de sus padres. Se enfrenta sólo a todo, incluso a la incertidumbre que le azotará en los calores y que nos dice que no sabemos si sobrevivirá al mercado, o si por el contrario, tendrá la tranquilidad que le otorgó a Diego la posibilidad de mostrarse solvente, alejado de aquella imagen de tipo inseguro, abonado al error, de cuando salía a examinarse a cada oportunidad en tiempos de competencias con Vicente Guaita.

«Soy de familia humilde y de amigos de toda la vida, jamás los dejaría por nada del mundo»

Yoel, como dijo en las páginas de El Mercantil Valenciano, hace gala de una virtud capital para los portadores de manoplas, poseer una mentalidad a prueba de bombas. «En Vigo pasé momentos duros, eso te ayuda a cuando vuelva a pasarte saber cómo llevar la situación. Nunca pido ayuda, no me gusta tampoco contar lo que me pase, intento salir yo sólo dándole mil vueltas. Me gusta enfrentarme a las situaciones. Me gustaría jugar más, quizá ahora no es el momento, pero no voy a bajar los brazos ni a pedir ayuda. Sé salir de las situaciones y llevarlas».

Sus tatuajes en ambos antebrazos responden a ello, a una promesa de éxito cumplida tras una de esas batallas que sólo Yoel sabe cómo se ganan. Ahora, cuando llega a casa, sigue sin encontrar a su familia repartiendo platos a la hora de comer, pero la tiene amueblada, y está su novia, que se la trajo del pueblo cuando entendió que esto de jugar en el Valencia era de verdad, y no un sueño, del que el Espanyol se encargó de despertarlo a tiempo.

«Soy de familia humilde y de amigos de toda la vida, jamás los dejaría por nada del mundo», afirmó una vez en un periódico gallego, cuando sacaba manos en el Celta del Lucho, que hizo con el rubio lo que ha hecho con Bravo, que la gente se pregunte de dónde salió ese portero.

En algún rincón de Pontevedra, hoy, estará tocándole el morro a Morocha, la yegua con la que enseña a su hermano a montar. Porque le gusta aprender, y aprendió a lidiar con las exigencias de las cumbres, y a comprender sus entresijos.

Entre equinos, «una actividad para liberar estrés, sobre todo cuando las cosas no van bien», observa como Valencia entera busca a la desesperada un portero sin acordarse de él. Sentenciado por la masa; minusvalorado por el club, ansiando que llegue julio, para enfrascarse en otra lucha biográfica. Se le presentó la ocasión de decirle al mundo que Yoel existe, que el internacional sub-21 que se destapó como uno de los mejores guardaredes de la categoría vale para el puesto. Sólo necesita que confíen en él para poder cruzar la puerta abierta que tiene ante sí.

3 comments on “Entre los guantes de Yoel

  1. Pipolest

    Al meu parer, este xic ha automatitzat el rol de suplent amb massa resignació. Després quan tenia que demostrar: massa nervis.

  2. Me parece un buen portero. Puede que no tenga el nivel de alves pero creo que le deberían dejar demostrar lo que vale. Hay que fichar otro portero (la lesión de alves es grave) pero yo le daría diez partidos. Seguro que no defrauda.

  3. Pingback: Infografía: Danza de porteros | THE BARRACA

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