històries de la champions

Supervivientes en Mónaco

Al equipo de Nuno le entraron las ganas de resucitar donde quedó enterrado hace 11 años.

Al Valencia le mataron tan despacio que se convenció de no estar muerto. Por eso se arrimó a orillas de la derrota, sostenido por un estado de casi obediencia, hasta vislumbrar el destino. Enfrente tenía al Mónaco, pero también a sí mismo: el peso de la historia, que nunca está satisfecha.

Desahuciado por los augurios desde el 7 de julio, empezó el partido con el eco estival sonando de fondo. Debió ser por eso que este club, que suele ir al revés del mundo, se puso a destrozar las quinielas que le ponían plaza en el otro barrio. 0-1 a los cuatro minutos y a otra cosa.

Las únicas ocasiones claras de los monegascos acabaron en gol tras jugadas de voley-playa, con esos balones muertos por el aire que parecen globos aerostáticos pendiente de desplome, empujados por un colegiado temeroso de despertar un día de navidad y encontrar en su cama una cabeza de caballo.

Parejo, como le pasaba a Bukowski, tiene los ojos tristes, los zapatos viejos, y nadie le quiere.

Al equipo de Nuno le entraron las ganas de resucitar donde quedó enterrado hace 11 años. Tan propicia era la noche para los embrujos que Negredo decidió regresar de Manchester y firmar uno de esos goles que bien podrían justificar seis meses anteriores.

Mientras el Valencia se divertía haciendo lo que quería, Enzo y Fuego,incrustados en la media para aniquilar la psicodelia de De Paul, emprendieron una revolución cultural que cincela para el futuro una pareja que llevará al grupo a un nivel superior, de nobleza y empaque sobre el que levantar un imperio si es menester. Y ahí estará Mustafi para dirigirlo, a falta de general bien sirve un Kaiser.

Pero pasaron más cosas en ese refugio para piratas a orillas del Mediterráneo sobre el que se levantó una dinastía principesca. Pasó Parejo, que resulta ser siempre el que más corre, y eso que parece que vaya andando. Se tiró al suelo como un naufrago se lanza ante un salvavidas, y ejerció como suele ejercer de faro en mitad de la tempesta ofensiva. Todo eso ocurrió mientras le duraron las fuerzas. Pero este chico, como le pasaba a Bukowski, tiene los ojos tristes, los zapatos viejos, y nadie le quiere.

Y pasó lo mejor. Que el Valencia se subió a la Champions con una masa joveny entusiasta que se enganchó al club como se engancha uno a la vida cuando la creía perdida. Esos tipos, que igual se hacen 1000 kilómetros que 10 horas de cola, como te suman 40 mil abonados en un verano, es la mejor noticia de los últimos tiempos. Ignoraron a Messi, hicieron oídos sordos al incipiente Atlético, y se criaron en la miseria de un equipo que les llevó a tomar la calle para celebrar un cuarto puesto.

El club de Mestalla no sólo vuelve a la máxima competición europea, sino que lo hace empujado por el influjo de una generación con ganas de marcha, que tienen al Valencia por desvirgar, llamados a lavarle la cara a un estadio al que se le torció el gesto en la crisis.

Y lo harán con Javi Fuego de capitán, un tipo, que como el Valencia, estaba en las últimas, mirando a Grecia, cuando lo rescató el Rayo. Ahora, los dos, que podrían contarse la historia el uno a otro como dos amantes se cuentan las cicatrices, saldrán a la opulenta Champions, a mirarle a los ojos a todos y decirles que regresan tras haber sobrevivido a una hecatombe. Que eso es casi como ganar una Copa de Europa.

0 comments on “Supervivientes en Mónaco

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s