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Fuego en la Champions

A un paso de iniciarse en la máxima competición continental, Javi Fuego ha pasado por todas las fases del fútbol, la ruina, los impagos, el abismo de una retirada prematura… hasta hacerse con un puesto en el Valencia, siendo uno de los capitanes y la conciencia del equipo de Nuno.

Confesó Gayà que el jugador en el que más se fija se llama Javi Fuego. Javi Fuego confesó a El Comercio que siente predilección por los jóvenes, «tal vez porque salí de una cantera como Mareo, donde se cuida bien de los guajes. En todos los equipos en los que estuve intenté tratar bien a los jóvenes, darles buenos consejos».

Las paredes de Paterna susurran que ejerce de hombro sobre el que llorar cuando ve decaído a alguno de los integrantes del primer equipo. Que arropa y arenga. Lució el brazalete allá donde fue, aunque aquí ni siquiera le hace falta, Fuego Martínez es de los que se ocupa, es el líder del Valencia, la conciencia sobre la que se levanta un grupo unido.

Tal vez por ello no sean pocas las ocasiones en las sus compañeros reivindicaron su figura tras algún partido, él siempre dijo que se siente como uno más, «el grupo está por encima del interés personal, lo que me importa es el equipo», soltó en alguna rueda de prensa.

«Trabajo es la única palabra a la que nunca voy a renunciar y en la que siempre me voy a basar»

Este hijo de profesores de primaria se decantó desde la cuna por la normalidad, aunque el fútbol le ha dado tantas bofetadas que hubieran templado cualquier cabeza; de niño, participaba en carreras populares y ultratrails junto a su padre y hermano. Costumbre que no perdió. Sus veranos transcurren en los Picos de Europa en lugar del Caribe, escalando montañas y corriendo por sus nevadas cimas, alejado de la tentación del michelín.

Fue en octubre de 2014 cuando deslizó unas palabras que pasan por biográficas, «lo único que me ha dado resultado en mi vida futbolística es trabajar y cuanto más trabajes normalmente antes llega la recompensa. Trabajo es la única palabra a la que nunca voy a renunciar y en la que siempre me voy a basar».  Esto de la pelota le entró por pura ilusión, tesoro que recuperó no hace mucho.

Fue en Mareo, de joven, cuando el Valencia se cruzó por primera vez en su vida, pero un ex de Mestalla, Eloy Olaya, le convenció para no marcharse «ya tendrás tiempo de ir a un club mejor», le dijo. Donde acabó Javi Fuego fue en el infierno.

Con la edad justa de dar el paso, coleccionando internacionalidades en todas las categorías inferiores, le presentaron a la primera división, y con ella de la mano, conoció lo ingrato de la élite. Encadenó clubes en ruina, impagos, concursos de acreedores y descensos, mentiras y mentirosos. «Si hace tres años me dicen que volvería a jugar en primera no me lo hubiera creído», contó nada más llegar a Valencia. A Fuego le creció un estigma.

«Me planteé qué hacer con mi carrera, con mi vida, si seguir lejos de aquí o si merecía la pena continuar…», estuvo cerca de colgar las botas, «estaba en un momento anímico bajo y con bastantes dudas sobre mi también» le confesó a Pau Fuster durante la pretemporada de 2013.

Para evitar ser absorbido por aquella espiral tomó la decisión de emigrar, de darse una segunda oportunidad. Grecia, el Aris, era el único rincón del mundo donde le querían ver enfundado en traje de futbolista. Una carta, un trozo de papel escrito a mano, depositada en el lugar en el que esperaba encontrar a su padre cuando fue a decirle que se iba, lo cambió todo.

«Probablemente el Rayo sea el club más importante de mi vida», dice. Y no le falta razón. Tras desmontarse leyendo aquellas líneas escritas sobre una hoja doblada deshizo la maleta, esperó un resquicio por el cual colarse, y cuando el mercado amenazaba con dejarle sin carrera y retirado a los 25 años, apareció José Ramón Sandoval para llevárselo a Vallecas. Ya nada sería malo.

«He vuelto a ser feliz jugando al fútbol»

En tiempos de guaje Fuego era un medio creativo, con llegada y gol. Una faceta que ha recuperado fugazmente a la vera de la acequia de Mestalla, donde sólo los que coleccionan prejuicios no saben apreciar su buen toque de balón, los cambios de orientación con precisión de cirujano que realiza y su peculiar infalibilidad a la hora de entregar el esférico, en virtud de esa técnica que sólo la escuela asturiana sabe introducir en sus pupilos.

Todavía resuenan, residuales ya, los ecos de aquellos que intentaron levantar como verdad que un tipo como este «no tiene nivel para jugar en el Valencia»; sentencia mutada en escarnio público para pesar de sus autores. Fuego venció a su estigma, llegó al Valencia, un sueño cumplido para él en lugar de un lugar de tránsito hacia otras metas, tras sortear el abismo y fue imprescindible para cuatro entrenadores diferentes en dos realidades económicas distintas. Casi todos los que se opusieron a su contratación le consideran hoy un fijo en el once.

«Desde que fui al Rayo creo que he vuelto a ser feliz jugando al fútbol. Ahora mismo disfruto mucho con mi posición, además es la posición que me viene bien y se adapta a mis características. Cuando el equipo ataca disfruto imaginando por dónde puede venir la jugada de ataque del equipo rival, disfruto viendo que si ha subido un lateral el otro se ha quedado, que los centrales están bien en las vigilancias, disfruto viendo a los jugadores de ataque haciendo buenas acciones y marcando goles. Es un puesto en el que disfruto. Quizá alguien que no haya jugado al fútbol le cueste entenderlo», dijo este rostro arrancado de una foto de posguerra en entrevista concedida al Levante-EMV.

No es difícil adivinar cómo van las cosas sobre el verde si uno se fija en Javi Fuego. Habla, y no para de hablar; ordena, y no deja de ordenar. Lidera. Cuando mueve sus brazos con nerviosismo y se presenta sobreexcitado está avisando al espectador despierto que el día no salió bueno. Es el termómetro del partido. La conciencia del equipo.

Aquel muchacho elegido por televisiones y periódicos como rostro de una liga en derrumbe financiero se enfunda ahora la camisola de un grande a las puertas de la Champions.

Allí estará Javi Fuego Martínez, el chaval que compartió piso con compañeros de equipo porque no les pagaban, que vivió encierros para dignificar su profesión, que subió a primera y lo echaron creyendo que jamás volvería, codeándose, él que tocó fondo, con las estrellas de la máxima competición continental. Y estará como referente para chicos como Gayà, porque nadie mejor que Fuego para explicarles cómo se mellan las fauces del fútbol cuando éste te las enseña.

7 comments on “Fuego en la Champions

  1. Grandisimo en todod los aspectos, pero sobretodo en su esfuerzo futbolistico!!!! Gracias Javi!!!

  2. El mejor profesional d la plantilla junto a Negredo André Gaya y alguno más

  3. MAGISTRAL!!!!

  4. ídolo donde los haya. Si fuese la referencia de todos los jóvenes de la plantilla nos iría mucho mejor. Igual es una muestra de la diferencia de rendimiento entre Gayá y Rodrigo

  5. Un fenómeno de persona , son de las personas que da gusto que triunfe , y además tendrá el orgullo de presumir de haber jugado en un club de renombre mundial.

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