Destinació Futbol Lectura de balons

Fútbol callejero

Caio Vilela alcanzó la fama mundial durante la copa del mundo de Brasil con su obra sobre fútbol y favelas, ahora llega a Europa con la edición alemana de su trabajo, Strassen Fussball, tras triunfar en Estados Unidos con Where Soccer Lives, ambas, ediciones ampliadas de Futebol Arte, su obra primigenia.

El fútbol no se juega en los estadios, se juega en las calles y se lleva en el alma. Es el lema del que hace gala Caio Vilela, plasmado a través de las páginas de Strassen Fussball [Fútbol callejero], «el balón siempre dibuja una sonrisa», afirma. Por eso se dedicó a recorrer el mundo buscando la felicidad más 7b3826fc4dhonesta que existe e inmortalizar el instante con su cámara de fotos.

Esta adaptación europea a su exitoso Futebol Arte, es una extensión de aquellas páginas en las que niños de medio mundo se olvidan de sus miserias mientras emulan la gloria en campos de tierra. Donde en Dakar, chavales se lanzan por las dunas con bidones de plástico cortados a modo de trineos áridos, disfrazados de jugadores del Chelsea, el Milan y de cientos de equipos europeos más.

«Va de plasmar la pureza del fútbol, más allá de Blatter y personajes siniestros»

Vilela sabe muy bien la función terapéutica que puede ejercer un trozo de cuero esférico. Es en las favelas de Sao Paulo y Río donde ha pasado gran parte de su vida. El lugar en el que la noche inunda las playas mientras los chavales siguen gritando goles hasta que aparece alguna madre reclamándolos para la cena. «En Brasil el fútbol es una enfermedad, pero también una medicina. Pasarse el día en la playa o entre la selva jugando al fútbol salva a muchos niños de caer en la droga o de acabar en medio de un tiroteo». Sentencia.

A esos paréntesis acuden muchos ojeadores, y también las mafias, que disfrazados de agentes, prometiendo futuros brillantes a sus padres, acaban llevándose a los chavales al sudeste asiático, a ser estrellas del turismo sexual.

Strassen Fussball plasma momentos únicos. Infantes sin más ropa que unos pantalones pateando entre el barro o jugando ante las murallas de arena de ciudades sagradas. No es una colección de desgracias, sino de contrastes. Las plazas de Roma o Pisa, de Frankfurt o Paris, de Buenos Aires o Montevideo también aparecen. En todas, se configura un escenario similar. Un momento de abstracción.

«Se trata de captar la felicidad del momento», dice Caio. Un brasileño de lentes circulares, geógrafo, que abandonó los mapas y los movimientos tectónicos para escribir sobre viajes, ganarse la vida haciendo fotografías para el National Geographic o reportajes para la revista Rolling Stones. «Va de plasmar la pureza del fútbol, más allá de Blatter y personajes siniestros», añade.

La sencillez de sus aventuras, montado en la bandeja trasera de una furgoneta que rebota sobre terrenos arenosos, coincide con la fuerza con la que se abre paso el fútbol en entornos desfavorecidos. En Strassen Fussball abundan los pies descalzos, tres palos clavados en la tierra y terrenos con más piedras y barro que camisetas falsas de clubes europeos circulan por el mundo.

Pero no sólo son fotografías, la imagen es una poderosa compañera de los relatos que explican cada instantánea. Detrás de cada una nos espera una vida, a veces de los niños que salen en ellas, en otras, del entorno en el que están jugando. Momentos que aparentan paz y normalidad están rodeados de muertos o de sangre. De guerra o de disturbios. De desesperación o problemas. «¡En los instantes de tregua aparecen cuatro niños y echan a rodar un balón como si no hubiera cosa más importante que decidir que un marcador!», grita el autor.

De muchas, existe una que golpea especialmente. Tomada en África. Aparecen niños muy bien vestidos, con polos de punto de cruz, pantalones color crema por las rodillas y zapatos bien, salidos de algún colegio religioso. Abandonan a la carrera casas construidas con planchas de plástico y cuyas puertas son un trozo de tela raído colgando de un palo, para ponerse a jugar al fútbol mientras en las orillas del imaginario terreno de juego se agrupan vecinos de su misma edad desprovistos de cualquier prenda de ropa, absortos, observando el partido o muriéndose de envidia.

¿Dónde encuentra Caio Vilela las historias?
– Preguntando a las instituciones sociales o a las misiones [religiosas], ellos saben indicarte dónde ir y a quién buscar sin caer en riesgos innecesarios.

Mientras en Europa es cada vez más inusual escuchar el griterío de las pachangas copando los ambientes de sus plazas y parques, plagados irracionalmente de carteles donde un círculo y una banda roja cruzando un balón indican la prohibición de patear en lugares donde antaño se alzaban pequeñas gestas en la hora de la merienda, en el resto del mundo un balón en mitad de la nada sigue dibujando sonrisas, distrayendo a sus participantes de las miserias de la vida cotidiana e insinuando con él, y durante un instante, un futuro diferente.

* Caio  abrió una página en facebook a modo de diario donde poder seguir sus viajes y trabajo: Futebol sem Fronteiras. 

0 comments on “Fútbol callejero

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s