Antiherois. Equipiers

¿Es Parejo extraterrestre?

Parejo rinde, pero no triunfa. Agrada, pero no gusta. Sus cuatro temporadas y media en el Valencia han sido para él años de transformación, tanto personal, como futbolística. Sobre aquel chaval inmaduro y timorato llegado de Getafe ahora se levanta un capitán, que decidió abstraerse de las críticas y hacer su camino sobre una nueva confianza que le ha llevado a ser uno de los mejores medios de la liga.

— Compare una mitocondria y un cloroplasto indicando un total de cinco semejanzas y diferencias.

Es una de las preguntas tipo que aparecen en el examen de acceso al bachiller, y que en algún momento tuvo que contestar Dani Parejo cuando decidió reemprender los estudios en 2013, que fue cuando se trasladó a un ático situado en el centro de Valencia para encontrar la estabilidad junto a Isabel, hoy madre de sus hijos.

Un viaje que no fue un camino natural, ni mucho menos sencillo. Los elogios de Di Stéfano a un muchacho tímido, y de actitud infantil, le llevaron a creerse lo que no era, añadiéndole una presión innecesaria. Parejo, en aquellas aguas, estuvo cerca de naufragar.

Cada gesto, cada momento, se sujeta en un martillazo que ha ido configurando su yo actual

«Estoy pasando por un momento personal muy jodido, tengo problemas muy graves». Una relación que sólo buscaba en Parejo una puerta abierta a la prensa sensacionalista, regalándole una humillación pública en lugar de una ruptura; junto a un entrenador distante que jamás supo sacarle provecho; más la ira de una grada que le hacía abandonar Mestalla a lágrima viva cada vez que le castigaba; le llevó a sentarse en una sala de prensa.

Acababan de cazarle en un control de carretera, en el que había multiplicado por mucho el mínimo de alcohol en sangre permitido. Pocas veces un personaje público se atreve a un ejercicio de streapteses como aquel, en el que el jugador expuso sus miserias a la opinión pública, no sin antes lanzar una promesa que ha cumplido a raja tabla, «es la primera vez que me pasa esto, y también la última».

Porque la de Parejo es una figura moldeada a base de golpes. Cada gesto, cada momento, se sujeta en un martillazo que ha ido configurando su yo actual.

Empezó con su huida de Valdebebas, destino Queens Park Rangers, en la segunda división inglesa, lejos de las exageraciones nacidas por las recomendaciones de la saeta rubia. Pero lo que encontró fue un mundo mucho peor. «Llegué un miércoles por la mañana, y el sábado al medio día ya estaba jugando», relató el futbolista a ElPaís en 2011. «A los cinco minutos un rival me hizo una plancha a la altura de la rodilla. Mientras estaba en el suelo muerto de dolor se acercó y se puso a gritarme como un loco. Lo peor es que mis propios compañeros también me riñeron. Esa misma tarde llamé a mi padre y le dije que me sacara de allí».

«Parejo es rápido de cabeza, pensando. Ve la jugada antes que nadie y tiene la capacidad de poner el balón donde quiere»

También quiso huir de Mestalla. «Lo hemos fichado para cinco años, no para cinco meses» insistía Braulio Vázquez. En tiempos, el único sobre la tierra que se atrevía a defender el fútbol de Parejo. El Atlético hizo varias intentonas para llevárselo, sólo la inconsistencia de Banega posibilitó que Parejo sea hoy jugador, capitán y motor del Valencia. Había tocado fondo. Desde entonces no ha parado de crecer.

Tal vez, para saber cómo es Parejo haya que visitar a aquellos que mejor le conocen.

— Camacho, amigo y compañero en el Getafe. «Es un centrocampista diferente a cualquier otro. Tiene llegada y visualiza las jugadas antes que nadie. Pero necesita sentirse a gusto en el equipo para rendir. Si no tiene eso no va».

— Unai Emery dijo de él que «es un jugador de fibra lenta». Según Milla, su mentor y baluarte en la Federación Española, la fibra lenta se convirtió en una mente ágil: «Parejo no es explosivo, no se le puede pedir eso porque su físico no le da para eso. Técnicamente es un jugador superior. Parejo es rápido de cabeza, pensando. Tiene la capacidad de poner el balón donde quiere».

— En junio de 2015, Braulio le dijo a Amparo Barbeta que «en Getafe, Dani jugaba de mediapunta y creíamos que si se retrasaba su posición sería aún mejor porque veíamos que no sabía jugar muy bien de espaldas. Se veía que si se le trabajaba bien, iba a tener una gran proyección. Su calidad de pase era y es espectacular».

Sin títuloi

Irremediablemente, el espíritu del estadio conspira contra el jugador con pausa. «Soy así y ya está, nunca voy a correr como Piatti, nunca seré rápido», dice Parejo. La gente, sin embargo, no deja de expresarse. Anima o recrimina, aplaude o murmulla. Cuando el equipo no está bien se exaltan todos los defectos. Si lo está, las virtudes. En cualquier escenario, Parejo siempre es señalado.

Mestalla, dicen los que lo han sufrido, te espabila o te hunde. Parejo decidió sobrevivir. «Tengo la capacidad para jugar rápido, a uno o dos toques», confiesa, aunque no siempre lo cumple. Ejecutar en esas condiciones, tomarse dos segundos para organizar, es un atributo al alcance de muy pocos.

Porque él no vive del derroche físico, no necesita de ese fervor. «Te gusta o no te gusta, pero no voy a dejar de intentarlo, de arriesgar, porque este es mi fútbol», reta el capitán a sus detractores cada vez que le preguntan por su relación de amor-odio con la grada. Esa nueva confianza exhibida tiene un origen marcado, y un único responsable. Ernesto Valverde.

«con lo mal que lo he pasado, cada vez que veo mi nombre en una alineación me supone un incentivo para seguir trabajando»

Lo primero que hizo el técnico de ascendencia vasca nada más llegar a Paterna fue preguntar por qué no jugaba. «Pues conmigo va a jugar», sentenció. Lo segundo, decirle que dejara de pedir perdón por portar la camisola del Valencia. Lo tercero, darle lo que no había tenido hasta entonces, confianza, motivación y un rol definido en el once.

En aquella escuadra, Parejo era un jugador anulado. Sobresalía sobre cualquier otro a balón parado en todos los entrenamientos. Pero esa labor quedaba reservada para Tino Costa o Banega. En el verde, se descomponía encajado con jugadores que se molestaban entre sí, danzaba como alma en pena.

Todo cambió cuando en su debut ante Osasuna, en Copa, Valverde modificó los roles, decidiendo que fuera Dani el que ejecutara la estrategia y sujetara al equipo. El madrileño tardó 15 minutos en meter por la escuadra una falta directa lanzada desde fuera del área.

«Yo no hice nada, todo lo ha hecho él» confesaba el cacereño de Bilbao cuando le cuestionaban sobre el origen del milagro. Parejo, al fin, era feliz. «Con lo mal que lo he pasado, cada vez que veo mi nombre en una alineación me supone un incentivo para seguir trabajando».

Una posición ajena a sus características, medio centro defensivo, completó su persona. Allí, el Txingurri le dio todo lo que le faltaba. Capacidad de trabajo, aprender que sin sacrificio no se puede triunfar en la élite. Aquel nuevo destino labrado resucitó a un Parejo que se dirigía al abismo. Perdió peso, ganó moral y masa muscular, se recortó la melena, y desde entonces, se entrena por libre cada verano para llegar fino a la pretemporada, sabedor que su cuerpo penaliza el relax estival.

«Me mentalicé que tenía que dar un paso adelante tanto en los entrenamientos como en los partidos». Y no dio uno, sino tres. Aquel jugador naufragado, de ojos tristes y zapatos viejos, supo desarrollar una extraña dependencia. Ahora es el Valencia el que no funciona sin Parejo; y no al revés. 

«Mestalla no va a poder conmigo», se dijo. Esa abstracción del juicio popular le ha vuelto a llevar a un plano superior. «Todo lo mal que lo he pasado me ayudó a crecer. Ahora me atrevo con todo», declara en público sin tapujos. Se atreve con todo, y no le hace ascos a volver a intentarlo si erra a la primera. Y eso, a la gente, le desespera.

Aquel muchacho inmaduro e infantil que salia del estadio llorando, dejó paso a un hombre curtido y obstinado. Parejo ahora juega con personalidad, la suya, alejado de aquellos días en los que le quemaba el balón por temor a la grada. Siendo un capitán que se deja ver en los calentamientos arengando a los suyos. Que se atreve a dar el último grito en el túnel de vestuarios antes de saltar al terreno de juego, y que lejos de esconderse, danza sobre el verde moviendo sus brazos, gritando al aire, dando instrucciones a sus compañeros. Parejo es futbolista más allá de su carácter.

Con Pizzi, el Valencia se le quedó pequeño. Con Nuno, es la liga la que no le viene. Como demostró el diario Marca recientemente, a pesar de ser el centrocampista nacional con mejores números, y uno de los pocos del panorama europeo con tal capacidad, sigue teniendo cerradas las puertas de la selección. Tal vez, tenga mucho que ver en ello no ser profeta en su casa.

Su pase con el interior del pie, rompiendo las líneas del rival, se presenta como obra de arte. Pero a Parejo, más que sus virtudes, silenciadas, le pesan mucho sus defectos. Exagerados. Condenado como está a convivir con el castigo a la mínima equivocación. Es víctima de las apariencias, por eso, son infundados muchos de los sambenitos que le cuelgan.

Perder balones es una de las acusaciones más habituales que le hacen, pero pierde menos que André Gomes, o Feghouli. Y sólo unos pocos más que Javi Fuego (49 por 59). Le dicen de no trabajar, pero es de los jugadores del plantel que más pelotas recupera, el segundo que más faltas comete, al que más le hacen, y siempre, es el que más kilómetros recorridos acumula por encuentro. Y lo es, porque a diferencia de otros, no es un jugador de una sola dirección. Baja y sube, ataca y defiende.

Fuente: Squawka.com

«Ahora lo tiene mucho más difícil para progresar, los rivales ya le conocen, le hacen marcas individuales, lo taponan, y así no puede generar su fútbol como antes», dice Braulio Vázquez. No le falta razón. Parejo es hoy un hombre condenado a jugársela, viviendo generalmente rodeado, vendido en un equipo descompuesto que rara vez le otorga el privilegio de contar con mejores opciones que la acción individual. Y aún así, Parejo casi siempre se zafa.

En los peores momentos, estuvo sólo ante la ira de la grada. Que ya le recrimina incluso antes de salir a jugar. En los mejores, no tiene quien le aplauda. Su traslado a un ático en el núcleo de la ciudad, emprendiendo una relación estable que le asentó en la vida adulta y lo llevó hasta la madurez personal, es una metáfora de su viaje a la centralidad del equipo.

Parejo, se antoja, es uno de esos tipos que de estar en cualquier otro equipo todo el mundo quisiera fichar. Aceptando ya, que a pesar de sus números, su rendimiento y sus condiciones, jamás será un mito. Que probablemente quede sepultado por el olvido al día siguiente de colgar las botas. Él sabe que esa condena pesa sobre su conciencia. Y por ello, un día, decidió liberarse. Porque en el fondo, todos sabemos que si fuera diferente tampoco se lo perdonaríamos.

10 comments on “¿Es Parejo extraterrestre?

  1. Bueno, un poco exagerado el texto, pero con razón en algunos puntos.

    André hay muchos partidos que desaparece, pero como es guapete y tiene ese tipo de “magia” con el balón que tanto gusta… se le perdona.

    Le falla mucho el físico a Parejo, muchísimo. Puede estar 60 minutos jugando bien y a partir de ahí no poder con sus huevos. Y yo siempre he pensado que el tema del físico es algo que se puede cambiar o mejorar, al contrario de la técnica que por suerte la tiene.

    En cuanto a la comparación final con Aimar… bueno, Aimar fue mi ídolo de la infancia, pero nunca lo consideré una pieza vital para ganar los títulos, aunque si una muy buena arma.

    Aimar fue ídolo principalmente porque era un jugador capaz de levantar al estadio rival haciendo cosas que pocas veces se ven. Y se quiera o no, esos jugadores levantan pasiones. Tampoco se puede comparar con Parejo porque uno vivió y colaboró en un Valencia bastante brillante que consiguió bastantes títulos… y con eso siempre queda una mejor imagen.

    Parejo con un gran físico sería un grandísimo jugador. Aimar si hubiese tenido físico y sin lesiones hubiera sido un crack mundial sin duda.

  2. En nuestra vida muchas veces no podemos elegir a nuestro líder y capitán , pero los resueltos y los valientes decidimos seguirle asta el final , pese a sus defectos o carencias por qué el tiene el mismo objetivo que nosotros , hacer este Valencia el más grande , parejo si es mi Capitán.

  3. Cosa super-irritante del Parejo (mas alla del tema del fisico y tal): esos tipicos balones que pierde en zonas comprometidisimas del campo por empeñarse en conducirlos en lugar de soltarlos. Se complica demasiado a veces…
    Pero vamos, que si: que el tio ha venido creciendo un monton en los ultimos años. De jugador-parodia en sus inicios en el Valencia, a jugador fundamental despues (que podria haber ido perfectamente con la Seleccion en mas de una ocasion, y que incluso podria tener hueco en algun club gordo europeo).

    • A ver si lo dejais tranquilo yà y sumais los goles que ha metido con el Valencia.Todos ellos nos han servido de mucho.Yà està bien de tanto criticarle.

  4. No es un jugador regular aparte ke no es un superxlase es un centrocampista más normal muy normal y con muchos pases sin cabeza yo no lo quiero aki pero bueno es lo que hay..

  5. Pingback: – Parejo – escape from the abyss

  6. No llegara a ser un surper clase por que toma decisiones en los pases que no son corretas , a mi me gusta pero ese es su talon de aquiles durante un partido esas 5 decisiones erroneas te generan 5 contra ataques que te pueden hacer perder el partido y de hecho a pasado,es un gran jugador pero no un super clase

  7. Muy bueno el reportaje.. Y un buen jugador.. Amunt Valencia!

  8. Reportaje que mezcla cuestiones personales que siempre hay que respetar con cuestiones estrictamente futbolísticas en las que no estoy de acuerdo. A mi particularmente no me gusta, pero desde antes de jugar en el Valencia. A la selección juvenil ya le ralentizaba el juego, pero para gustos colores.

  9. Anónimo

    Unos nacen con estrella y otros estrellados. A Parejo se le critica porque hay que coger a alguien de punto, porque por estadísticas y juego es de los mejores de la plantilla, sin dudas. Y pocas veces se le ha oído rechistar.

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