Coses de futbol

Nuno: Fin a un suicidio asistido

El segundo curso de Nuno Espirito Santo auguraba un año de consolidación, de progreso, pero dejó paso a una extraña involución basada en una colección de errores de bulto que le llevaron a poner fin a su etapa en Mestalla.

En su propia despedida Nuno reconoció que «no supe darle continuidad al trabajo del año pasado», un hecho detectado por muchos y sobre el cual se abrieron grandes cuestiones. ¿Por qué ese desprecio a la base forjada durante todo un curso? Tal vez esas palabras respondan a la revelación del derrotado, aquel que se da cuenta de sus errores una vez lo perdió todo.

Sin embargo, durante esos días en los que buscó a la desesperada recuperar su faceta humana, habló de algo muy distinto. «Teníamos que cambiar, no podíamos seguir jugando igual porque los rivales ya te conocen y eso nos perjudica. Además, sin Otamendi perdimos muchas cosas, con él podíamos presionar mucho más arriba».

La primera de las muertes de Nuno se puede encontrar en la marcha del central argentino, y en su nefasta gestión del asunto.

Su enfrentamiento con Otamendi abrió la primera grieta en el vestuario

Con su ascensión al poder, el entrenador portugués se instaló en el negacionismo. Creyó poder frenar las intenciones de cambio del jugador, convencerlo. Parecía tener un as en la manga que revertería la situación. Por eso hizo oídos sordos a cualquier advertencia del club, cerrando cualquier vía de trabajo enfocada a encontrar un sustituto, y ocupó todo el verano a preparar al equipo con Otamendi. Él no era Rufete; él era mejor. Se dijo.

Así se fraguaron los cimientos de un error mayúsculo. Los calores se ocuparon en trabajar dos ideas y una forma de jugar que jamás se vieron aplicadas tras la salida del argentino. La obcecación del entrenador obligó al Valencia a reconstruirse sobre la marcha y en plena competición. Nuno había entrado en pánico. Y el equipo en barrena.

Se puede encontrar otro factor a un fracaso cantado donde Otamendi anunció su intención de no jugar ante el Mónaco. Sintiéndose traicionado – días antes el jugador le había dicho, «míster, cuente conmigo para lo que haga falta» – en una charla ante el grupo le afeó su conducta, reprochándole, acusándole, enfrentándose al central.

Ese ataque, con la ascendencia que ejercía Otamendi sobre el vestuario, abrió la primera grieta en uno de los pilares sobre el que reposaba el éxito del curso anterior: el vestuario.

La llegada de Abdennour pudo aportar muchas cosas en un equipo configurado de otra forma; porque cosecha múltiples virtudes, siendo el juego aéreo una de ellas. Pero tal vez no encajen con la idea que se instaló en la plantilla confeccionada por Nuno.

La contratación del africano responde a un intento de arreglo en un escenario de urgencia. Desechado el trabajo de búsqueda de un central, perdidas todas las opciones en agenda, se acudió al mercado bajo presión, por torpeza, buscando un nombre más que un perfil.

Nunca se tuvieron en cuenta las características necesarias para suplir la baja de Otamendi. Ni siquiera para reforzar la plantilla. ¿Fue Aderllan un parche de seguridad? En este caso es su dudosa calidad la que lastra el comodín.

Jugadores acostumbrados a unas formas, bajo unas características muy específicas que les hacían poderosos bajo unas reglas, se vieron lastrados en un equipo indefinido, víctima de ese encaje forzado para dar cabida a nuevas piezas a las que tampoco se les supo encontrar un lugar idóneo dentro del sistema.

Entre las primeras medidas de Gary Neville está la de contar con Scoulding como analista táctico

Si buscamos una de las causas que levantaron al equipo durante el curso anterior encontraremos el trabajo definido. La buena conjugación de caracteres y perfiles. El estudio. La ciencia. Los tres sistemas recurrentes que usó Nuno en la 14/15 tenían tras de sí muchas horas en Paterna, ensayos y probaturas. Antaño nada se dejaba al azar. Pero el azar pareció ser la única base existente en el presente curso.

Una forma de ejemplarizar estas palabras es acudiendo a ‘la jaula’, el recinto reducido donde se preparaban de forma especifica los partidos. Ese campo, utilizado entre dos y tres veces por semana, dejó de tener uso de forma repentina, quedando apenas para la recuperación de los lesionados.

Los rondos y el trabajo físico se abrieron hueco ocupando buena parte del trabajo preparatorio en detrimento de la táctica y la estrategia, relegados a un segundo plano con la llegada del omnipresente mánager.

Dando pie a un Valencia que pasó de entrenar hasta la presión a ejercer tras saque de banda, a no ensayar ni los córners. Observar los partidos era observar un equipo que salía a jugar a ciegas, desconociendo qué tenía en frente y cómo abordarlo. Toda una obscenidad en un fútbol cada vez más profesionalizado y estudiado.

Un grupo deshilado es la respuesta al porqué este año ningún jugador está rindiendo por encima de sus posibilidades – ni siquiera acorde a ellas -, como ocurrió en el pasado. Tanto los más vulgares como los mas excelsos quedaron desprovistos del plus que siempre aporta un grupo unido y bien engrasado, hundiendo las prestaciones colectivas e individuales de todos ellos.

Las guerras de ego sufridas en el seno del club tienen mucho que decir en dichas cuestiones. Una en concreto nos lleva a la reducción del cuerpo técnico de Nuno. Sus responsabilidades y las de Rui Silva se multiplicaron, teniendo que abordar más de lo que estaban preparados para soportar.

Los conocimientos y la experiencia de Ian Cathro fueron sustituidos por la novedad de Phil Neville – otro dedazo de la propiedad -, que está en prácticas y en proceso de sacarse el carnet de entrenador. La labor del inglés, según reveló Guillem Balagué en Sky, consistía en el trabajo específico con los centrocampistas. Curiosamente, la peor línea del equipo durante este curso.

Mientras la faceta de estudio, análisis, y preparación que ejercía el escocés quedó vacante, entre las primeras medidas de Gary Neville está la de contar con Andy Scoulding para tal cuestión. Significativo.

Dicha tara no sólo llevó al equipo a perder una ventaja competitiva con el conocimiento de las debilidades del rival, sino también a extraviar una colección de jugadas de estrategia que le hicieron uno de los más poderosos del campeonato en la mencionada faceta. En la actualidad, llegamos incluso a ver como el equipo sufría contras tras saques de esquina a favor. Algo que jamás ocurrió en el primer año de Espirito Santo.

Los más jóvenes se veían obligados a participar en un equipo descoyuntado y sin una base trabajada

En resumen, nos topamos con un equipo poco trabajado, que perdió todo lo ganado, obligado por errores de planificación a reinventarse en plena competición en semanas de dos y tres partidos, reciclando por inservible toda una pretemporada, con un alto volumen de jugadores nuevos, y jóvenes, que llegaron para aumentar el fondo de armario en un calendario copado de exigencias.

Aquí podemos encontrar un nuevo elemento distorsionador, ya que la gestión del grupo, y el reparto de oportunidades, se presentó igual de desastroso.

Según el manual, una forma inteligente de ir dando entrada a piezas nuevas en un equipo es hacerlo de forma pausada y eligiendo muy bien los tiempos. También advierte que se haga sobre la base de un equipo hecho y bien conjuntado, para reducir riesgos y no exponer a los jugadores.

Sin embargo, durante el viaje en solitario de Nuno, estas entradas siempre se hicieron de forma aleatoria y agresiva. Encontramos onces donde jugadores sin apenas automatismos adquiridos – aunque de sobrada calidad técnica – se veían obligados a salvar los partidos con 7 y hasta 8 cambios en filas. Con la responsabilidad de sacar adelante el encuentro en un grupo, además, poco trabajado, que había perdido toda su fiabilidad.

Era el gran reto del curso, saber manejar una plantilla en tres competiciones, y se naufragó de forma estrepitosa en esa conjugación. Por no saber, ni supo darle continuidad a una idea mínimamente trabajada. En cuanto se topaba con algo que parecía funcionar, de forma sorprendente, se buscaba algún pretexto para intentar otra cosa.

Esta insistencia, hasta el punto de poner en el partido más importante del curso a un chico de 19 años con apenas 3 entrenamientos en el primer equipo, además de hundir las prestaciones del grupo, puso a los pies de los caballos a los muchachos, que como añadido a la presión de portar la camisola del murciélago, y tener que resolver en un equipo desconjuntado, se vieron expuestos a la crítica feroz del entorno  y los rigores de un estadio receloso, que dejó de estar con su equipo desde el primer momento por cuestiones políticas.

Malos resultados, moral por los suelos, jugadores deprimidos, mala preparación, catarata de decisiones erróneas, peor planificación, entorno en contra… La tormenta perfecta.

Explicar los porqués de las situaciones es una tarea que la propiedad no puede ignorar si quiere sobrevivir a futuras crisis deportivas

Advertía Nuno en su despedida que los pitos a su persona en la presentación le hicieron plantearse que tal vez, ése, hubiera sido el momento ideal para marcharse. Era consciente desde el primer instante que su figura mutó en elemento contaminador, perjudicial para el grupo. Los jugadores llegaron a mostrarse hartos de que ‘el asunto’ emprendido entre la grada y el entrenador no dejara de afectarles a ellos de forma indirecta al conducirles a ambientes más pendieres de atacar al míster que de jalear a su propio equipo.

La comunión con la grada que hizo levantar el vuelo al club durante la pasada liga fue inexistente en la actualidad, algo detectado por los profesionales en los primeros partidos del curso. «El ambiente en el estadio no es el mismo del año pasado, tenemos que trabajar para recuperarlo porque es muy importante para nosotros», dijo Javi Fuego en la segunda jornada de liga.

El debut de Rafa Mir, como el de Jaume, se utilizaron para estigmatizar al canterano por su relación con Mendes y atacar la presencia de Matt Ryan en la plantilla con tal de tener algo que arrojarle al entrenador.

Su marcha en aquellos instantes, o su cese salomónico servido junto a las salidas de Salvo y Rufete para evitar bandos y vencidos, hubiera sido una opción inteligente. Pero el ego, el gran problema del luso, le impidió abandonar el barco en momentos mucho más propicios para los intereses de la institución.

Tampoco supo calibrar otros peligros, como en qué posición iba a quedar tras emprender, y ganar, su guerra de conquista contra el director deportivo y basar toda la planificación en las recomendaciones de su agente.

Nuno dejó de ser una figura inspiradora, un líder que se puso a Mestalla en el bolsillo con relativa facilidad en sus primeros meses, para convertirse en villano al protagonizar tal concatenación de errores. El contraste de situaciones en apenas unas semanas es demoledor. De aquel aeropuerto de Manises que coreaba su nombre como si fuera un héroe tras llegar de Almería, al primer entrenamiento estival en Paterna, donde fue increpado por algunas personas, había pasado algo menos de un mes y ningún partido, ni siquiera amistoso.

Quedar atrapado en esa espiral, en esa creencia de ser algo para lo que todavía no se está preparado, hizo que todas sus virtudes se tornaran en defectos. Esa ansiedad, ese resquemor, ese miedo tras ser recibido entre pitos, le llevaron a cambiar. De ser un entrenador abierto, que contaba con las masas, a un hombre huraño, retraído, que dejó de lado al que fue su principal aliado en el pasado. Prefirió instalarse fuera de la realidad.

No sólo en su torpeza llevó al olvido algunas de sus facetas más positivas, como ser un entrenador justo en la elección de los jugadores, o preocuparse por sus chicos hasta en los más mínimos detalles (el Nuno de hoy ni siquiera llamó a Negredo para interesarse por él tras su operación, algo impensable ‘en el otro’ Nuno), sino también a emprender cazas de brujas en la ciudad deportiva, asunto que además de llevar al personal a postularse en su contra, consiguió que el ala ejecutiva de Meriton acabara elaborando informes contrarios a su continuidad en el club.

La gestión del caso Negredo es el exponente más evidente del nivel de torpeza que alcanzó en la administración del grupo, convirtiendo una decisión que por motivos deportivos podría estar más que justificada, en un arma de doble filo que se le volvió en contra. No se puede descartar que su intromisión en las renovaciones de los jugadores fuera un factor más que contribuyera a generar fricciones en los delicados equilibrios que sujetan los vestuarios de élite.

La ausencia de explicaciones, esa tendencia a encerrarse en lugar de mostrarse tras lo sucedido en verano, es un elemento importante en el detonante del fracaso. La manía a Nuno, insiste el ya exentrenador, está gestada en medias verdades, instauradas como razones inamovibles por favores a deber de ciertos aparatos mediáticos. No lo negaremos, pero tampoco nadie salió a desmentirlas… hasta que ya era demasiado tarde, y con la boca pequeña, cuando cualquier cosa que pudiera decir el afectado estaba desprovista de toda credibilidad.

No fue el único en cometer tal torpeza. La labor pedagógica, explicar los porqués de las situaciones, es una tarea que la propiedad no puede ignorar si quiere sobrevivir a futuras crisis deportivas.

Nuno siempre estuvo solo, por decisión propia o por incomparecencia del club, pero también se puede apuntar que la entidad nunca salió a respaldarle en sus peores momentos. ¿Otro error que apuntar a la lista u otro síntoma del nivel de desapego que llegó a criar el entrenador entre sus propios afines?

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