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The Challenge: La vida en un terreno de juego

Entre las complejas tensiones que vive Sudán un grupo de 15 mujeres están dispuestas a jugarse la vida ante el reto de construir un equipo nacional femenino en un país abiertamente machista, y en guerra.

En un campo de tierra junto al aeropuerto de Jartum, Sara Edward espera pacientemente a la llegada de sus jugadoras, su cometido es moldear la primera selección de fútbol femenino de Sudán.

El grupo, que perfecciona sus habilidades levantando nubes de polvo, está conformado por 15 mujeres y adopta el nombre de The Challenge; el desafío. Una referencia a los obstáculos que deberán enfrentar. Sin apoyos, sin financiación y bajo sospecha de las autoridades islámicas de Sudán.

«Esperamos que este equipo pueda competir a nivel internacional», dice Edward mientras sus jugadoras se entrenan a la vez que aviones a reacción gritan por encima de sus cabezas, rumbo a la guerra que se libra en el sur. «No estamos peor que en otros lugares. Sólo necesitamos una oportunidad. Que alguien crea en nosotras».

Sobre el terreno de juego danzan sus muchachas, enfundadas en camisas desgastadas de color verde y extraños pantalones cortos. Edward, el motor de esta aventura, forma parte del equipo desde 2001, cuando se formó a modo de entretenimiento en el patio del Colegio Comboni. Al anochecer inician su jornada de entrenamiento, justo cuando las temperaturas descienden de los 40º C; portar pantalones cortos y camisetas estrechas no es una decisión que se pueda tomar a la ligera. Se juegan su integridad física, la deshonra para una familia, en muchos casos, dispuesta a condenar al destierro a la muerte a su propia sangre.

A pesar de las altas temperaturas, pocas se atreven a enseñar más allá de los tobillos. Edward señala eso como una de las partes más importantes del desafío que deben emprender en su empeño de jugar al fútbol en un país abiertamente misógino. «La sociedad sudanesa no concibe que las mujeres puedan usar pantalones cortos. Incluso en otras disciplinas, como el voleibol, se las ve cubiertas de cabeza a los pies cuando juegan».

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En 1983 el gobierno de Sudán implantó la Sharia, y cuando el presidente Omar al-Bashir tomó el poder en 1989 tras un golpe de Estado apoyado por los islamistas, su gobierno se comprometió a respetar su vigencia.

Hoy en día, el código penal de Sudán prohíbe a las mujeres usar ropa ‘indecente’ bajo castigo de 40 latigazos o una multa millonaria. En julio, un grupo de 9 jóvenes cristianas de la región de Kordofán del Sur fueron detenidas por llevar faldas y pantalones. Cuatro fueron multadas, mientras que una de ellas fue condenada a recibir 20 latigazos por presentarse con pantalones vaqueros al tribunal el día de su juicio.

La ley nunca fue aplicada a las jugadoras del The Challenge, pero Edward sospecha que las inclinaciones islámicas del gobierno han contribuido a crear un cerco a su alrededor que ha cohibido a muchas jugadoras. Sometidas como están al repudio público.

En 2011 el equipo pasó a formar parte de la Federación de Fútbol de Sudán, Sara Edward se comprometió a ejercer las tareas de captación y formación del equipo. Pero la organización, de forma repentina y sin dar explicación alguna, se echó atrás en su promesa de crear una selección femenina y las dejó fuera del circuito oficial. Desde entonces vagabundean de un campo a otro, siendo expulsadas de todas partes sin razón aparente.

Hasan Abu Jabal, secretario ejecutivo de la Federación de Fútbol de Sudán, declaró que hay equipos de mujeres en las universidades y algunas escuelas. «Estamos tratando de apoyarlas para que puedan practicar deporte, pero sólo lo haremos a aquellas que tengan en cuenta las costumbres sociales», dijo.

«He tenido que escuchar a mi propio padre llamarme ramera»

The Challenge también se ha tenido que enfrentar a actitudes machistas llegadas de los senos familiares. Algo que sabe muy bien Nedal Fadlalah, centrocamista de calidad que se unió al equipo en 2002 y cuyas apariciones no han dejado de ser intermitentes por las reticencias de sus padres. Su familia llegó a Jartum tras abandonar Kordofán del Sur, una región devastada por la guerra, en busca de una vida mejor, al igual que muchas otras de sus compañeras de equipo.

Fadlalah siempre tuvo una ‘actitud rebelde’, en boca de su madre. Ya que jugó desde muy pequeña al fútbol con sus hermanos y primos, y se apresuró, a pesar de la oposición de su familia, a unirse al The Challenge en cuanto conoció su existencia. «No querían que jugara porque soy mujer, su mentalidad es que el fútbol es un deporte solo para hombres. He tenido que escuchar a mi propio padre llamarme ramera», dice.

Edward es consciente de que en muchas zonas del país existen proyectos que intentan crear equipos de fútbol femeninos, pero por el momento The Challenge, juega partidos clandestinos ante combinados adolescentes masculinos como método para mejorar sus habilidades.

– ¿Qué pretendes con ello?
– Estamos preparándonos para competir en nuestro primer torneo, y llevamos un retraso considerable respecto a otros países. Enfrentarnos a oponentes más duros en el plano físico nos hará mejorar y llegar en mejor forma.

Edward se muestra tan implacable como ambiciosa, no cesará hasta ver a sus chicas representar dignamente a Sudán en un torneo, es el primer paso, entiende, para conformar un seleccionado femenino nacional en un país donde las mujeres son ciudadanas de segunda categoría.

No pocas jugadoras han conseguido viajar al extranjero para convertirse en entrenadoras, algo que podrá utilizar Edwars en el futuro para construir una buena estructura. «Si tengo 10 jugadoras convertidas en técnicos, en dos años podríamos tener 10 equipos femeninos para dar cabida a muchas niñas y mujeres en Sudán. En otros dos años esos 10 equipos podrían formar la base de una selección nacional», afirma. «Si Sudán, algún día, nos da la oportunidad de convertirnos en sus representantes, no lo vamos a desaprovechar», agrega con una sonrisa, mientras echa a rodar un balón.

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