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¿De qué va Gary Neville?

Tras un mes bajo la batuta de Gary Neville el Valencia ha combinado buenas sensaciones con malos resultados, echamos un vistazo a las propuestas que ha intentado aplicar el técnico inglés para construir su equipo.

La etapa Gary Neville entra en zona naranja al mes de su nombramiento. En el que las sensaciones, juego y resultados van por caminos dispares. Algo que puede socavar su ascendencia sobre el grupo y su propia continuidad a largo plazo si no consigue encauzar todos los frentes en un caudal positivo.

Los primeros pasos del inglés en Paterna han ido enfocados a modificar la metodología, a implementar nuevas formas de trabajo y recuperar otras que quedaron olvidadas en la locura que invadió la Ciudad Deportiva durante el verano. Andy Scoulding, Jason Cheng y David Lemoel son los analistas tácticos que ha incorporado a la realidad del primer equipo; faceta que adquirió un peso importante en la preparación de partidos y entrenamientos, recuperando el esplendor perdido tras la salida del escocés Ian Cathro.

La primera consecuencia de ello ha sido recuperar la buena ejecución en jugadas a balón parado, como los córners, o de estrategia. Una faceta que dio muchos puntos al equipo en el curso pasado y que en este brilló por su ausencia de una forma alarmante.

En la última sesión con el grupo, se dedicaron 40 minutos a visionar vídeos y jugadas detalladas sobre los errores cometidos en San Sebastián; con la entrega a cada uno de los futbolistas de un Ipad Pro personalizado repleto de apps que contienen jugadas y movimientos propios y de rivales para su posterior estudio quiso enviar un mensaje sobre la importancia del conocimiento como vía para mejorar el rendimiento colectivo e individual. Es el fin que esconden todas las modificaciones que ha introducido en Paterna.

Las sesiones bajo su batuta son más intensas, físicas, más cortas, y más didácticas. La relación con el jugador es más próxima y en su labor de recuperar animícamente al grupo ha ido otorgando pequeñas concesiones públicas y privadas, desempolvando viejos códigos de vestuario, con la finalidad de revivir confianzas marchitas, todo con el lógico handicap de la barrera idiomática, un aspecto que, por momentos, llega a ser frustrante tanto para el que envía el mensaje como para el que lo recibe. Un punto que puede suponer la diferencia entre el éxito y el fracaso en el largo plazo.

¿Pero qué nos ha dejado ver el Valencia de Neville en este mes bajo sus ordenes? ¿Qué propone? ¿Qué variantes ha introducido?

Regresa el balón jugado desde atrás

Es algo a lo que renunció Nuno tras la marcha de Otamendi, y que ha recuperado Neville de forma inmediata. Sacar el balón desde los centrales vuelve a formar parte del juego del equipo. Ante la Real vimos una escena sorprendente, llegado un momento, Jaume se negó a entregarle el esférico a Mustafi y Abdennour para jugar en largo, ante el asombro, y el reproche, de los defensas. El guardameta era consciente, como el resto de espectadores, que no estaba funcionando, que era un riesgo ante una Real tan volcada en campo contrario y con una presión tan adelantada. Sobre todo por las deficiencias técnicas de la pareja de zagueros.

Es una cuestión que el entrenador moderno no suele tener en cuenta, obligando a pesar de todo a sus jugadores a iniciar tareas para las que no están capacitados técnicamente. Los problemas de Abdennour con la pelota son evidentes, pero el tunecino, haciendo gala de una personalidad a prueba de bombas, insiste en ello, asume riesgos y ejecuta las ordenes con disciplina, sabiendo que las iras y las críticas siempre irán hacia su persona al mínimo error.

Tal propósito requiere de centrales precisos y consistentes a la hora de sacar el balón y distribuirlo en zonas adelantadas. Algo que parece no haber en plantilla.

Una de las medidas complementarias a esto ha sido sacrificar la llegada y el gol de Parejo para incrustarlo en una posición más retrasada en un intento de aprovechar sus cualidades a la hora de sacar el esférico y contrarestar los problemas de pies de los que hace gala la pareja germanotunecina. Y sus virtudes para zafarse de marcadores contrarios girando sobre sí mismo.

Es evidente que la visión de juego de Parejo es excelente, pero su posición, y su simbiosis con Abdennour y Mustafi, trae algún que otro problema. El madrileño, físicamente, no está preparado para jugar en una zona de brega y entrega como esa. Sometido a una exigencia en kilómetros mucho mayor a la habitual. La forma más sencilla de anular a Parejo es ponerle un marcador que le presione de forma agresiva, aspecto que ya hacen todos los rivales de forma sistemática. Privado de salidas claras de balón, carente de acompañante, el madrileño está condenado a la derrota, a depender de la jugada individual para zafarse con el riesgo de dejar al equipo vendido en retaguardia si no sale airoso.

En el partido de ida ante el Granada, Neville, intentó corregir ese aspecto modificando el dibujo en un 4-2-3-1 con la incorporación de Zahibo, permitiendo a Parejo adelantarse unos metros y librarse de ciertas tareas. Ese movimiento coincidió con los mejores minutos del Valencia sobre el campo. Era de esperar que la recuperación de Enzo Pérez liberara al ex del Getafe, pero su propensión a las lesiones lastraron en Donosti a un equipo que empezó a descomponerse tras la recaída del argentino.

Transiciones rápidas para sorprender

En sus tiempos televisivos Gary Neville era un enamorado de las transiciones rápidas que ejecutaban con maestría el Dortmund de Klopp y el Bayern de Heynckes. Tener el balón como vía para sorprender, no como herramienta para privar al contrario de su uso y disfrute.

Esas ejecuciones rápidas a las espaldas del contrario las estamos viendo desde sus primeros partidos al frente del equipo. Tal vez el encuentro ante el Barcelona no sea atribuible al inglés, pero es el ejemplo gráfico más claro del potencial de dicha jugada. Algo que se ha ido repitiendo en cada uno de los partidos posteriores. Eibar, Vila-real, Real Madrid, Getafe, Real Sociedad…etc con suerte dispar en su ejecución en cada uno de ellos.

Este principio se basa en aprovechar una situación bastante común en situaciones de partido. Los contrarios suelen quedar con 3 o 4 jugadores fuera de posición cada vez que suben o emprenden una acción ofensiva en campo contrario. Sobre todo tras saques de esquina. Lanzar balones largos, y precisos, a esas zonas aumenta la posibilidad de encontrar una autopista hacia la portería contraria.

Probablemente se pueda acusar a Neville de abusar en exceso de ese recurso, sobre todo, tratándose de la alta competición, hay muchas opciones de que no siempre se encuentre el éxito. Faltan alternativas. Para ello ha realizado dos movimientos que responden a esta idea, uno es el cambio de Cancelo del lateral a la banda para aprovechar su velocidad y capacidad técnica teniendo que recorrer menos metros hacia la portería rival, y otro, el nuevo rol de Santi Mina, probablemente el jugador que más se esté beneficiando de esta jugada. Es de suponer que con las recuperaciones de Feghouli y Bakkali en el corto plazo se gane tanto en precisión como en capacidad de hacer daño con estas transiciones.

El quebradero de cabeza más doloroso que tiene el entrenador de Bury es saber encontrar el equilibrio entre la pausa y la acción rápida. En demasiadas ocasiones se ven ejecuciones alocadas y a destiempo que generan pérdidas peligrosas, acabando por regalar el balón, girándose la situación como un boomerang.

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Presionar y defender más arriba

Durante sus primeras comparecencias como titular del banquillo de Mestalla Neville confesó que le gustaría presionar y robar el balón lo más arriba posible. Es algo que le está costando ejecutar. En todos los partidos hemos visto una extraña dualidad entre esa idea y la contraria. Es habitual que el Valencia gaste una de las dos mitades en permanecer encerrado en su campo buscando la salida por velocidad. Sólo en algunas fases, y dependiendo mucho del marcador, se ha dejado ver un equipo con la línea defensiva adelantada.

Tal vez esta inseguridad esté basada en un aspecto físico-anímico poco apto para tal cuestión. La primera vez que quiso ejecutar de forma clara su plan inicial fue ante el Lyon, y el resultado fue desastroso. En aquella noche vimos jugadores descolocados, y otros que se quedaban atrás, enganchados en sus temores, provocando huecos y desequilibrios que facilitó el trabajo del conjunto francés, que sólo tuvo que dedicarse a aprovechar tales facilidades para destrozar a la zaga valenciana.

Ciertamente, a pequeña escala, se dejó ver una mejoría notable ante Vila-real y Real Madrid, con una inesperada recaída en San Sebastían. En Anoeta se vio a un grupo presionar a destiempo, y mal, a un equipo que no hizo lo suficiente ni fue eficiente en sus esfuerzos. Corregir eso, es un paso fundamental si Neville quiere cerrar su periplo mediterráneo con cierto éxito.

Tampoco se puede dejar escapar una cuestión que nos aborda a todos cada vez que vislumbramos acciones de este tipo. ¿Tiene jugadores adecuados para ejercer un juego basado en una presión tan alta y exigente en el plano físico?

El reino de los extremos y la juventud

Si algo mantuvo intacto Neville de todo lo que heredó fue el potencial exterior de la plantilla. El movimiento de Joao Cancelo, más allá de cuestiones estratégicas, está basado en liberarlo de tareas defensivas para aprovechar todo su potencial en ataque. Su principal virtud. Es cierto que ha combinado actuaciones magistrales con otras desastrosas, pero su velocidad no sólo está siendo aprovechada para acciones ofensivas, sino también para incorporarse – o salir – de forma fugaz en una línea de 5 cuando hay que atrincherarse.

Es el nuevo rey de la banda. Él, como Santi Mina, y en menor medida De Paul, perdido en tareas más interiores, ayudan a estirar el juego tanto horizontal como verticalmente, generando opciones de pase a Parejo, y a los centrales, cuando se trata de sacar el esférico de situaciones retrasadas. Sus posiciones, en escenarios de transiciones rápidas, permiten realizar cambios de orientación que fabriquen peligro en tareas ofensivas. Son los puñales del sistema de Gary Neville. El factor desequilibrante.

Es un aspecto que ha querido incorporar de su escuela mancuniana, un equipo donde los jugadores de banda ejercían un rol importantísimo en el desarrollo del juego del Manchester United del que él era integrante. No es lo único importado, habiéndose criado bajo la cultura de Alex Ferguson, tiene un especial predicamento por la juventud, a la que ve como solución inmediata a las deficiencias de la plantilla del Valencia. No ha tardado en incorporar a la disciplina del primer equipo a gente como Fran Villalba, Diallo o Zahibo, a los que cada vez está prestándoles más atención a la hora de elaborar sus planes.

Ausencia de plan B

De forma aislada, Neville ha sabido corregir el rumbo del partido sobre la marcha introduciendo variantes, bien sin realizar sustituciones, o bien, haciendo los tres cambios reglamentarios. Pero son cuestiones puntuales hasta el momento, que salvo el día del Real Madrid, no han tenido consecuencias positivas en el marcador final.

Es uno de los aspectos más preocupantes de este mes inglés del Valencia. La facilidad con la que se desarbola el equipo cuando el plan trabajado no sale o es contrarrestado por el contrario, dejando paso a un roster hundido en una confusión de la que no sabe salir.

Es cierto que el trabajo táctico, teniendo en cuenta la procedencia británica del entrenador y las carencias en ese aspecto que existe en la cultura isleña, está siendo mejor de lo esperado, pero se antoja todavía insuficiente para revertir la situación en la que se encuentra el equipo, sobre todo en una liga y una cultura donde la táctica es capital por encima de cualquier otro aspecto.

El periodo que afronta Neville en las próximas semanas, combinando una competición como la Copa, junto a un calendario liguero sin demasiados rivales de entidad por el camino, marcará el devenir del técnico, que tendrá que afrontar en dichos escenarios una moción de confianza ante plantilla y público.

Resulta más sencillo convencer a un grupo con resultados que sin ellos, a pesar de generar buenas sensaciones. El aspecto mental, la motivación en un equipo situado en tierra de nadie, es una tarea complicada de trabajar sin ganar.

Por alguna razón el Valencia actual sólo demuestra su potencial real ante rivales de enjundia, evidenciando virtudes que en el día a día mundano esconde de forma bochornosa. Deberá esforzarse Neville en la construcción de un nuevo liderazgo, inexistente en estos momentos tanto en el vestuario como en cualquier estamento de la entidad, para explotar ese potencial latente y cerrar de forma honrosa un año que va camino del fracaso más absoluto.

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Último balance a sus dos meses

Neville suele lamentarse esgrimiendo que la producción ofensiva del equipo ha mejorado y que sólo necesitan un mayor grado de acierto. Es una sensación que se ha extendido a ciertos sectores y se ha dado por buena. Pero no deja de ser falsa. Su empeño en resucitar a Negredo, con un evidente sobrepeso, y dudoso compromiso, le ha llevado a recuperarlo en los onces durante sus 8 encuentros en el banquillo. Incluso convirtiéndole en capitán en una clara muestra de su confianza en él.

Pero muchas de las prestaciones del Valencia han ido degradándose paulatinamente desde su llegada, y algunas, simplemente siguen igual.

Nuno fue destituido tras sumar 13 de 24 puntos posibles, a cinco de los puestos que dan acceso a la Champions League. Neville, sólo suma 5 de 24 posibles, y no es sólo que el cuarto puesto esté ya a 19 puntos de distancia, sino que evitar el descenso se ha convertido en una realidad necesaria.

Vayamos con los datos. El Valencia antes de Neville encajaba 0,8 goles por partido, en la actualidad (y hablamos sólo en la liga) están entrando en sus redes 1,5 goles por encuentro. Eso se traduce en que 12 de los 23 goles que ha encajado el equipo han llegado con el inglés en el banquillo.

Sería una cifra aceptable si la producción ofensiva hubiera sido considerablemente mayor. Pero en esa faceta el equipo genera las mismas oportunidades que durante todo el campeonato. El promedio sigue estancado en 8 tiros entre los tres palos por encuentro. Con una salvedad. Con Nuno se superó la barrera de más de 4 partidos generando 8 ocasiones de gol. Con Neville sólo se ha conseguido en tres oportunidades. La última, ante el Sporting, que acabó con derrota por 0-1.

Más allá del handicap del idioma, que está convirtiéndose en un evidente elemento de frustración a la hora de hacer llegar su discurso, el desconocimiento del entrenador del campeonato y de los jugadores que tiene se hace cada vez más patente. En este período de dos meses ya ha utilizado cinco sistemas diferentes, 4-3-3, 5-3-2, 4-4-2, 4-1-4-1 y 4-2-3-1 en un intento desesperado de dar en la diana. Rara vez ha dado continuidad a una de sus probaturas, independientemente de que tuvieran mayor o menor fortuna.

Es especialmente llamativo que una situación de crisis, cuando más sencillas y claras deben ser las directrices que se den a un equipo, estemos ante una vorágine de cambios radicales de sistemas y onces tan pronunciada. Con decisiones extrañas, con jugadores que pasan del campo a la grada o de la grada al campo sin aparente motivo.

El lateral de Bury empieza a mostrar claros síntomas de estrés. Ya se le ve un hombre irritado en las salas de prensa y cada vez más bloqueado durante los partidos, donde las reacciones tanto al descanso como en vivo han pasado de prometedoras a inexistentes.

1 comment on “¿De qué va Gary Neville?

  1. Nachochacal

    Excelente análisis! Yo creo que mucha culpa de los problemas que aún hay es que en realidad ha tenido (13?) sesiones de entrenamiento nada más.

    Está claro que no puede seguir con estos resultados pero a mí todo lo que hace me encanta.

    En cualquier caso, gran arriculo!

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