Coses de futbol

Historia de un derrumbe

Un curso llamado a ser la confirmación de lo visto el año pasado se ha convertido en una cascada de fichas de dominó en caída libre que llevó al Valencia a situarse a cuatro puntos del descenso. ¿Cuáles han sido las razones?

Cerró el VCF su participación en la trigésimo segunda semifinal copera de su historia certificando en ella su pérdida de estatus. Ya suma ocho años sin vencer al Barcelona en Mestalla. Y de los últimos 18 duelos entre ambos equipos, el conjunto valenciano sólo ha vencido en una ocasión. No hay precedentes de una afrenta como esta.

El derrumbe de la institución ha ido produciéndose por fases, como un viejo edificio en demolición. Lo paradójico, es que su grado más agónico coincidió en un momento donde parecía que todo había acabado, sobre todo tras un año en el que se calcaron los números del doblete; un logro fascinante teniendo en cuenta que se conquista con una plantilla construida sobre la marcha durante la última quinzena de agosto y tras sufrir 23 movimientos de jugadores desde la ventana de enero. Entrenadores incluidos.

¿Qué ocurrió para llegar a esta situación cuando se esperaba una consolidación de lo visto el curso pasado? Puede que no haya una respuesta sencilla, que sea un cúmulo de causas, y que el problema tenga una complejidad que requiera una explicación más concienzuda que el manido recurso de acudir a beatas y argumentos de bragueta.

Pero existe un hecho innegable, el más evidente, el de la injerencia de la propiedad en asuntos que no controla. Trastocar cuerpos técnicos para dar cabida a colegas, con una sospecha generalizada de que su labor tenía más que ver con la fiscalización que con el aporte, levantó sus ampollas, recelos, con el añadido de incluir a un técnico escasamente preparado, a todos los niveles, como Phil Neville en detrimento de gente con un reconocido prestigio y amplio currículum.

Asunto que propició sobrecarga de trabajo a los técnicos supervivientes, especializados en parcelas que tuvieron que desatender para compensar las ausencias y la escasez de conocimientos del nuevo compañero.

El verano de Nuno

Sin ignorar la caza de brujas emprendida desde un principio contra el técnico portugués por parte de ciertos sectores, altamente alineados con el poder saliente, y que acabó contaminándolo todo de una forma salvaje, el luso cayó en el mismo error que en su día cometió Quique Sánchez Flores, al que también le impusieron miembros en el cuerpo técnico que no eran de su agrado. El resultado, en ambos casos, ha sido el mismo.

No es una causa liviana; este aspecto es uno de los detonantes del cambio de relaciones y metodología de Nuno, del ambiente de novela de espías que se instaló en Paterna de forma abrumadora durante el presente curso. Nunca existió confianza en Phil Neville, algo vital en el día a día de un cuerpo técnico.

La ascensión del entrenador a categoría de mánager también contribuyó a turbar el ambiente del vestuario. No fueron pocos los que empezaron a sospechar que tras las decisiones de incluir o descartar a miembros de la plantilla se escondía un sesgo político. Las renovaciones a dedo marcó a algunos a ojos de sus compañeros, convertidos en diana para los arribistas del entorno. La sagrada regla de la meritocracia, que tan bien había aplicado el luso durante el curso pasado, estaba en duda.

«Soy el último en renovar», mustió recientemente Feghouli a modo de dardo.

La ausencia de un director deportivo, y de un presidente reconocible, también puso fin al contra peso vestuario-técnico a la hora de abordar problemas. Desapareció la figura del poli bueno-poli malo cuando tocó gestionar egos. Sólo había un despacho al que acudir. Ser el entrenador el encargado de comunicar ofertas de otros clubes por jugadores, instándoles en algunos casos a aceptarlas, acabó por enrarecer las relaciones con la plantilla

Pero sobre todo, la tumba de Espirito Santo es la consecuencia de los abultados errores cometidos en la parcela técnica durante su último tramo.

Cambio de planes sobre la marcha

Por alguna extraña razón, Nuno, desoyó todas las voces que le advertían que Otamendi era un caso perdido, que su salida sería inminente. Él, sin embargo, creyó ser capaz de convencerlo. De hacerle cambiar de opinión. Todo pareció salir bien. La preparación del equipo, en un acto de inconsciencia, se produjo contando con el argentino en la zaga. En la cabeza de Nuno no entraba otra cosa.

En ese ínterin se perdieron todas las opciones de mercado en las que se había trabajado, iniciándose la caída del castillo de naipes alzado durante los calores estivales. El cambio de parecer del argentino, que llegó a decirle al entrenador que contara con él para lo que hiciera falta, en relación a su participación en la previa de la Champions, a que éste, a 72 horas del partido, pidiera no jugar, les llevó a ambos a enfrentarse ante un vestuario liderado por el central. Otra grieta en el armazón del entrenador que supuso definitiva.

Tener que rehacer inmerso en competición toda la labor iniciada en verano, reconstruir los automatismos, las jugadas ensayadas, la salida del balón, los sistemas… convirtió a un grupo que sabía lo que quería cada vez que saltaba al terreno de juego en un combinado zombie, repleto de dudas y desconocedor de cuál era su cometido en el verde.

El balón parado, una faceta que dio muchos puntos, y desatascó otros tantos partidos el curso pasado, desapareció dando lugar a la improvisación. Neville, como herencia, no encontró nada a lo que aferrarse. Había que iniciar otra pretemporada en mitad de un naufragio.

Los fichajes y los cracks

Los movimientos de tierra que ha sufrido la plantilla en los últimos tiempos son pronunciados. No se puede ignorar que desde la temporada 11/12 el Valencia ha padecido entre 4 y 6 cambios de sus jugadores titulares por curso. No existe base alguna, ni posibilidad de madurar un grupo con tal nivel de entradas y salidas.

Tras la enésima revolución sufrida, cuyo inicio comenzó en enero de 2014, entraba dentro de la lógica aportar algo de continuidad a un equipo que había rendido de forma aceptable. Bajo esos parámetros contrataciones como las de Danilo, el mejor jugador del Mundial-Sub 20, y uno de los jóvenes más cotizados del mercado, se antojaban inteligentes. Podía ser el jugador ideal para permanecer en formación bajo el manto protector de Enzo Pérez, dándole descanso a éste y permitiéndole gozar de minutos de calidad al brasileño en un equipo comandado por el argentino.

Bakkali y Santi Mina responden al mismo perfil; Feghouli, un jugador de características explosivas y de un derroche físico importante, al fin podría gozar de mayores opciones de descanso. Aportando la versatilidad del belga un grado de calidad al incansable trabajo de Piatti.

Más allá de la idoneidad de los perfiles, los precios, o del modelo, implantar jugadores jóvenes, con hambre, y con calidad, a competir con titulares más o menos consagrados parecía, sobre el papel, un buen plan. Con ellos se cubría, además, una de las principales carencias del curso anterior: La ausencia de banquillo.

Al igual que ellos, el dúo Aderllan Santos-Vezo se presentaba como una buena dupla de suplentes para una pareja poderosa, como se intuía la configurada por Mustafi y Abdennour.

Pero el factor de una pretemporada mal enfocada ha resultado devastador. La planificación en el apartado físico, dirigido erróneamente a pasar bajo cualquier circunstancia la previa de la Champions, consiguió encarar mal un curso demasiado exigente, con tres competiciones de alto nivel que no supieron conjugarse en la cocina.

Sumando a todo ello que el esmero en la preparación de los partidos decayó considerablemente tras la descomposición de un cuerpo técnico que llevaba trabajando junto durante casi cuatro años. Ya nada se hacía igual.

Tal vez, la imagen que personifique el hundimiento físico del plantel sea la de Javi Fuego. Un chico que dedica sus veranos a correr ultratrails, quedaba desfondado a los 50 minutos de encuentro. El otrora ancla del equipo, no tenía donde sujetarse. La consecuencia inmediata es que Enzo Pérez, llamado a jugar 60 partidos este curso, se quedó en 3 al mes debido a las lesiones musculares. Obligando tales taras a inventos como el de un Parejo diferente, alejado del área – primera consecuencia, pérdida de gol -y  chafando un terreno para el que no es apto.

La mala preparación es capital en este derrumbe dado el enfoque que desde la llegada de Nuno se le dio al juego del Valencia. Estamos ante un XI de importante derroche físico, de presión y ritmo alto. Que solía sentenciar en la primera media hora de partido. No fueron pocas las veces que vimos al VCF llegar al tramo final de los encuentros con las fuerzas justas.

En consecuencia, en plena temporada, la plantilla yace desprovista de la base del curso anterior, despojada del trabajo que se había planificado durante el verano, con sus veteranos mermados o lesionados, y teniendo que reinventarse sobre la marcha ante un entorno receloso, dispuesto a no pasar ni una desde el primer amistoso estival.

Aquellos que estaban llamados a aportar descanso a los titulares, a ir entrando a cuentagotas, se encontraron con la responsabilidad de tener que sujetar un grupo devastado. Sin automatismos, ideas, red de seguridad, ni fondo físico. Los chicos no vinieron a ser titulares.

Es cierto que con un perfil de refuerzos de mayor calado las prestaciones hubieran sido mejores y la situación menos catastrófica; pero los resultados no hubieran sido demasiado diferentes. En ausencia de colectivo, de grupo, un buen rendimiento individual es quimera. Y el agujero táctico, la preparación como conjunto, es uno de los problemas de este curso.

Piezas que no encajan

Abdennour es el ejemplo más claro de fichaje-cromo. La pérdida de todas las opciones de mercado, la tardanza en reaccionar a sabiendas de la dificultad que entrañaría retener a Otamendi, llevó al club a responder en situación de pánico. A un central contundente, con un juego aéreo poderoso, se le exige desde su llegada que juegue con los pies, su peor faceta, que deje tras sus espaldas varios metros, y que se incorpore hasta el centro del campo para iniciar la salida de balón.

Abdennour sería una gran incorporación para un equipo ensamblado de otro modo, pero a pesar de eso, se insiste en que emprenda decisiones que mayormente toma de forma equivocada. Con la jugada del tunecino se arrastró también a Mustafi. Otro de los pilares caídos del curso pasado.

El del africano es un asunto parecido al de Negredo, un jugador que no ha hecho más que generar dolores de cabeza, de obligar a los entrenadores a cambiar de sistema y de compañeros mil y una vez para que pueda participar y no tener que arrinconar en el banquillo 30 millones a razón de 4 netos por temporada. Siempre sin éxito. A pesar del excelente rendimiento de Alcácer, nunca tuvo el valenciano la oportunidad de consolidarse en la delantera por esta cuestión.

De una forma preocupante, el Valencia se ha convertido en un experto en desaprovechar jugadores. El de Rodrigo Moreno es llamativo, desde que desapareció de su posición natural para dar entrada al delantero del Man.City ha jugado en mil y un lugares, hasta de carrilero en una defensa de cinco.  Incluso de falso 9 en más de una ocasión.

Santi Mina es otro de los que está experimentando tales vivencias, indistintamente ha ido intercalando su posición, dejando sus mejores actuaciones, con goles y asistencias, cuando ha ido a caer en el centro, junto al punta, o por detrás de él.

En lugar de adaptarse a los jugadores de los que que se disponen, se está obligando de forma insistente a muchos de ellos a interpretar papeles para los que no están capacitados. Estas carencias en la planificación denotan la inconsciencia, y el desconocimiento, con el que se ha actuado en todo lo relativo a la parcela deportiva durante el presente curso
1436089133_extras_noticia_foton_7_1

El invierno de Gary Neville

El nombramiento de Gary Neville nos transporta también a la raíz del problema. Es la consecuencia de una propiedad empecinada en utilizar el fútbol como pasatiempo. No se trata sólo de esquilmar las labores de escouting y seguimiento para darle la exclusividad a un agente, se trata, además de eso, de institucionalizar el amiguismo como método de gestión en lugar de primar la valía. Y de poner a ésta al servicio de un club de talla que requiere de profesionales de contrastado nivel.

El sinsentido del nombramiento de Neville se puede leer de muchas maneras. Una de ellas nos conduce al mensaje nocivo que se le da a la plantilla – el enésimo este curso – al incorporar a un hombre al que sólo se le conoce su faceta de comentarista – ha quedado laminada su labor como asistente de Hodgson en la selección inglesa -. Añadido al implícito de que confiese en su primera comparecencia que sólo estará cinco meses en el cargo.

O afirmar que su objetivo vital no es estar entrenando mucho tiempo, porque quiere experimentar otras cosas. Que al finalizar la temporada no hablará de éxito o fracaso, sino de experiencia y aprendizaje.

De forma inconsciente, o premeditada, el jugador es sabedor que su futuro en el equipo no dependerá de un hombre que marchará al finalizar el curso; por lo que su entrega puede no ser total. Neville empezó con mal pie desde el minuto uno.

Puede parecer algo ilógico iniciar el cambio del modelo de mánager al tiempo que se designa a un preparador británico, pero tiene sus razones. Neville no cree en él, lo considera anticuado, y siempre ha apostado porque los clubes tengan una estructura deportiva sólida e independiente, dejando al entrenador enfocado a un trabajo que cada vez va adquiriendo más complejidad. Y ya sabemos que Lim siempre escucha a sus amigos. Este viraje no es más que la guinda al pastel de despropósitos cometidos por Meriton. Hacer primero la plantilla, luego buscar al entrenador, y elegir en último lugar al director deportivo.

Los problemas siguen ahí

Más allá de la barrera del idioma, algo que podría resultar secundario en otro contexto, alrededor de Gary Neville revolotean otros problemas estructurales. Su inexperiencia es un handicap. No tiene pasado al que agarrarse para levantar situaciones complicadas, revertir actitudes o encontrar soluciones. Ni siquiera lo tiene como  jugador. Formar parte de uno de los mejores equipos del mundo implica que las dinámicas siempre son positivas. Además, él, estuvo a las ordenes del mismo entrenador durante 23 años. Es ajeno a cómo navegar en escenarios adversos que comportan cambios en el banquillo.

También es llamativo la configuración de su cuerpo técnico. Éstos suelen estar conformados por personas que se conocen durante años, que trabajaron juntos durante largos períodos de tiempo. Que se conocen a la perfección y saben comunicarse con un simple gesto o mirada. Aúnan conocimientos y experiencias. El de Neville no tiene pies ni cabeza. Más allá de su hermano, en trámites para sacarse el carnet de entrenador, tiene a Angulo, que estaba viviendo su primera experiencia en el juvenil, y a un preparador físico de la casa, hasta entonces, ocupado en labores secundarias.

No sólo él carece de histórico, sino también sus ayudantes. Que son las otras víctimas de la barrera idiomática, con los que no sabe comunicarse sin la intervención de un tercero.

No es de extrañar pues que el nivel de probaturas emprendido por Gary Neville sea tan abrumador. En apenas dos meses ha utilizado cinco sistemas diferentes. Ha combinado de mil maneras a sus jugadores, y ha perpetrado engendros como el visto en el Camp Nou, con cuatro laterales y ningún delantero en el once inicial. Además de regalarnos a Feghouli como centrocampista organizador.

Lo que denota un evidente desconocimiento del grupo que dirige, y del campeonato en el que compite. En estos mares revueltos tampoco ha sido capaz de designar un grupo de jugadores en los que apoyarse y gravitar entorno a ellos una reconstrucción, parece estar moviéndose empujado por el método de ensayo y error. Algo que desaconseja hacer el manual en situaciones como la que está viviendo el club.

Lejos de ser capaz de apagar los incendios que provocó su antecesor ha creado nuevos, como trastocar la capitanía en mitad de una crisis. Hemos visto a jugadores pasar del campo a la grada o de la grada al campo sin motivo, o designar como líder a gente con un evidente sobrepeso y un alarmante estado de forma. La exigencia interna parece brillar por su ausencia; en tiempos donde el trabajo requiere ser exhaustivo, las dobles sesiones o los entrenamientos específicos son inexistentes. Tanto, que los entrenamientos, en muchas ocasiones, son sorprendentemente cortos, y mayormente, físicos.

Un Valencia peor

Por algo el Valencia actual es un Valencia peor que aquel que heredó. Defensivamente encaja más goles que antes, 13 de los 24 tantos en contra han llegado bajo su dirección. De un promedio de 0.8 goles recibidos por encuentro se ha pasado a 1,5. Datos sólo de Liga. Sería una cifra aceptable si la producción ofensiva hubiera sido considerablemente mayor. Pero resultó ser ligeramente inferior.

El equipo sigue estancado en 8 tiros entre los tres palos por encuentro de media. Con una salvedad. Con Nuno se superó la barrera de más de 5 partidos generando 8 ocasiones de gol. Con Neville sólo se ha conseguido en tres oportunidades. La última, ante el Sporting, que acabó con derrota por 0-1. Son más los encuentros, como el del Benito Villamarín, donde no se suele lanzar a puerta en más de tres ocasiones.

Con esto no puede extrañar que el Valencia lleve 12 partidos de liga sin ganar, o que haya pasado de estar a cuatro puntos de la Champions a aumentar la distancia hasta los 20; coqueteando ya con el descenso.

El discurso no cala

Es especialmente llamativo que en una situación de crisis, cuando más sencillas y claras deben ser las directrices que se den a un equipo, esté inmerso en una vorágine de cambios de sistemas y onces.

En la situación en la que aterrizó Gary Neville es vital trabajar el aspecto emocional. Los resultados, los golpes, la presión del entorno, la situación clasificatoria…etc afecta de forma contundente a la moral del grupo, lo que conduce a los futbolistas a creer cada vez menos en sí mismos y en el entrenador. Un asunto peligroso teniendo en cuenta el estado de la tropa.

Son sangrantes las escenas que a cada jornada vemos en el banquillo. Un técnico incapaz de comunicarse con sus jugadores, y unos jugadores, que rara vez entienden lo que les quiere decir. Una frustración de doble sentido, ya que lastra tanto al técnico, que no es capaz de expresar sus ideas con claridad, y al profesional, que ni acaba de captar lo que le dicen, ni puede dirigirse a su jefe para comentarle sus dudas.

Un problema que no sólo se ciñe, o ceñía, al ámbito del césped. La plantilla no tenía otro lugar al que dirigirse al encontrarse el club desprovisto de un rostro reconocible hasta la llegada de Suso. Al que Neville, hasta el pasado lunes, nunca dejó entrar al vestuario a hacer terapia de grupo.

El goteo de la presión nos deja también ver a un entrenador superado por las circunstancias. Acosado e irascible en sala de prensa, y muy desmejorado físicamente. El inglés de hoy ha ganado kilos, arrugas y ojeras respecto a ese hombre de aspecto juvenil y fresco que enseñó en su primera comparecencia tras ser designado en el cargo.

¿Dónde encontrar la motivación?

El entrenador de Bury, encorsetado por el idioma, tampoco puede encontrar en los objetivos una tabla de salvación para imprimir un extra de motivación a sus jugadores. Situados en tierra de nadie. Alejados de cualquier meta. Con la Copa perdida y la Europa League vista ya como una distracción. Nunca encontró alicientes deportivos para enchufar a un grupo que hasta verse a cuatro puntos del descenso pudo caer en la tentación de entender estéril cualquier esfuerzo ya que les conduciría a ningún sitio.

Es claro que su continuidad al frente del Valencia sólo es por una cuestión de voluntad de aquel que lo designó. Tanto como que los problemas, estructurales y deportivos, no son responsabilidad suya. Llegó para solucionarlos, y no lo está consiguiendo. Ésa es su única culpabilidad.

Insistir en mantenerlo en el cargo, con todas las deficiencias propias y heredades, si la situación no mejora de forma súbita – ¿haciendo lo mismo y con los mismos? – puede resultar catastrófico. Es posible que si no ocurre, cuando el club adquiera conciencia de la necesidad de revertir el error, se haya sobrepasado la línea de no retorno, encontrándose con la imposibilidad de seducir al entrenador formado y experimentado que exige la situación.

Gary Neville ha aportado muchas mejoras en Paterna, sobre todo en tecnología, ciencia del deporte y estudio. Pero son insuficientes ante una escasez de trabajo táctico, y motivacional, tan pronunciado. ¿Tiempo? ¿Lo tiene el Valencia?

0 comments on “Historia de un derrumbe

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s