Coses de futbol

Este verano qué, ¿otra revolución?

Limpieza, revolución… son palabras que llevan acompañando al Valencia desde el verano de 2006. En una década donde la entidad gastó 455 millones en fichajes no fue capaz de conformarse un futuro.

Cambios, cambios; fichajes, fichajes. No hay discurso más recurrente en la primavera mestallera que exigir revoluciones en la plantilla, movimientos drásticos, limpieza. Decapitaciones en masa. El nivel de hartazgo e irascibilidad quedó tan institucionalizado en la sociedad blanquinegra que ya nada sirve si no es para romperlo.

Se podría establecer la temporada 05/06 como el punto de partida en la pérdida de rumbo del VCF, desde entonces, la institución está sumida en la inestabilidad. En el bandazo. Aquel curso, a pesar de realizar un gasto modesto en contrataciones, 12,84 millones de euros, se realizaron 25 operaciones de mercado entre compras, ventas, altas, cesiones y rescisiones/cartas de libertad.

Puede parecer una cantidad exagerada, pero en el historial reciente del club pasa como algo cotidiano. En el verano de 2014 se alcanzaron las 29 operaciones de mercado. Récord en la serie. Con el añadido de un cambio en el banquillo, en un año, en el que ya hubo una destitución a mitad camino.

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Operaciones de mercado por curso

Es cierto que en el período 2010-2014 la venta de jugadores era capital en la estrategia económica de la entidad disparándose el trasiego de futbolistas. Pero ni antes, ni después, la tendencia ha ido a la baja o se ha moderado siquiera. Es previsible, incluso, que este verano se mantengan estos registros.

455 millones en fichajes… inservibles

Tal vez no haya manera más gráfica de representar el sinsentido en la política de fichajes del Valencia en estas once temporadas que cuantificarlo en cifras. En dicho ciclo, con 9 cambios importantes de media por curso en la plantilla, el club ha realizado una inversión de 455 millones de euros en 85 futbolistas.

La valúa de cada uno entra dentro de la subjetividad. Muchos consideran a tipos como Parejo o Jonas jugadores poco provechosos, pero sus números, en goles y asistencias, representan una cantidad de puntos ganados que se antojan imprescindibles a la hora de conseguir los objetivos del club. Otros, como Soldado, quedaron estigmatizados por sus salidas, pesando ese hecho más que su aportación.

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Balance compras/ventas desde 05/06 hasta la actualidad

De esa cantidad, 191 millones se representan en las cuatro últimas ventanas de transferencias. En la 14/15, incluso aplazando la compra durante un año en muchos de los casos, el club realizó con 53,30 millones el gasto más elevado desde 2007/08; en aquella ocasión la cifra alcanzó los nada despreciables 72,15 millones de euros. Este verano, gracias a hacer efectivas las opciones de compra obligatoria de los jugadores cedidos el curso pasado, se llegaron a los 138 millones.

Con tal cantidad de dinero y movimientos, no debería sorprender que apenas hayan en nómina cinco jugadores que alcancen o sobrepasen las cuatro temporadas completas. Alguno de ellos, como Feghouli, puede estar ante su último curso. Otros, como Barragán, Piatti, Parejo o Alves tienen en duda su continuidad.

Década a la basura

Tanto en un balance — compras —, como en otro — ventas —, el club ha ingresado o gastado el dinero suficiente como para haber construido empresa y/o equipo. Haber trazado un rumbo y cultivado una filosofia propia. Pero lejos de eso, tal derroche de dinero y tiempo ha caído en saco roto. El Valencia fue incapaz de construir absolutamente nada por esa tendencia a no saber mirar más allá del día a día y ser esclavo de una supervivencia financiera que nunca tuvo visos de solución real.

No es de extrañar pues, que ante la ausencia de estructura, el Valencia haya cambiado de entrenador en 13 ocasiones en once temporadas. Eso sin contar aquellos que se sentaron en el banquillo durante un sólo partido.

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Entrenadores utilizados por temporada

Si al baile de entrenadores le sumamos la cantidad de directores deportivos (13), directores de la escuela y presidentes, el adjetivo de inestable resultaría insuficiente para definir la espiral en la que está sumida la institución.

La planificación dineraria

En estos tiempos hemos visto resultados hilarantes fruto de la esquizofrenia imperante. Momentos en los que para una posición, la de enganche, había más jugadores en nómina que laterales para cubrir cuatro puestos en dos bandas distintas. O tener cuatro porteros  y un sólo centrocampista defensivo, recurriendo a inventos para sortear necesidades, sanciones o lesiones.

Las taras que lastraron a la plantilla tuvieron su origen en que el criterio para contratar a un futbolista jamás se basó en qué podía aportar al grupo; o qué necesidades podía cubrir o alternativas ofrecer. La contratación siempre se hizo en base a un potencial futuro y a un rédito económico a largo plazo sin tener en cuenta el encaje en la plantilla, el patrón de juego o las cuestiones deportivas. Se fichaba pensando en el negocio, no en el juego.

Incorporaciones com la de André Gomes, Abdennour, Rodrigo o Cancelo son el último ejemplo de llegadas sin criterio deportivo que las sustente.

Ese exceso de jugadores prominentemente técnicos y filigraneros, sin sacrificio táctico ni físico, y la ausencia de elementos que aporten ese plus en inteligencia y trabajo, acabó convirtiendo a todos los Valencias en grupos insulsos, descompensados, incapaces de competir en escenarios exigentes y sin la fuerza ni la capacidad necesaria para las alturas. Remodelar la fisionomía de la plantilla fue otra tarea que quedó pendiente.

Preocupa que la entidad lleve demasiado tiempo careciendo de una mínima estructura capaz de diseñar un plan estratégico y desarrollarlo. La llegada de García Pitarch vino bajo el paraguas de la reconstrucción, pero en estos cuatro meses la Secretaría Técnica se reduce a un ayudante inexperto, Vicente, y a un técnico cuya experiencia previa trata de la elaboración de estudios sobre la recuperación física del deportista.

Tres personas en solitario, sin funciones ni poderes definidos, no parece adecuado para levantar una institución con tal cantidad de urgencias acumuladas.

La enésima revolución en ciernes

Si observamos el gráfico de jugadores contratados, el club, de un verano a otro desde la 2005/06, incorporó el número conveniente de futbolistas para conformar plantillas totalmente nuevas en apenas dos cursos. Sin embargo, muy pocos de los jugadores incorporados resultaron útiles, y casi la mitad, acabaron saliendo o bien cedidos, o bien traspasados, al año siguiente o en cuestión de 24 meses. En toda esta etapa la institución del murciélago ha pasado 11 temporadas careciendo de una columna vertebral sobre la que sujetarse.

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Cantidad de fichajes y bajas realizadas por curso.

Ante el histórico, resulta alarmante que se instale en el entorno, y con demasiada facilidad, el discurso de la tabla rasa al correr el riesgo de recaer en viejos errores si no se lee adecuadamente la situación. La complejidad del problema es tal que resultaría absurdo pretender reducirlo todo, una vez más, a una cuestión de sacar y meter jugadores.

Pese a institucionalizarse el culpabilizar al exceso de juventud, atribuyéndole el peso de los males a los jóvenes, la realidad es que son los más bisoños, salvo excepciones, los únicos que están aportando algo en un año tan funesto.

Alcácer, a sus 21 años, suma 11 goles y 8 asistencias sin haber tenido la oportunidad de consolidarse como titular. Santi Mina, foco de críticas durante gran parte del año, alcanza los 7 goles y las 6 asistencias, perforando la meta contraria una vez cada tres partidos en los apenas 1900 minutos disputados. Incluso un lateral como Cancelo, más allá de sus peligrosas internadas en banda, regaló cuatro pases de gol y anotó otros dos.

Uno de los pecados cometidos durante la presente temporada encuentra su prólogo en una preparación física deficiente acometida en la pretemporada; causante de lastrar estados de forma. Las urgencias, provocaron que se forzara a jugadores y se les obligara a jugar sin estar en condiciones, trayendo consigo una oleada de recaídas, lesiones recurrentes y rendimientos precarios que han ido minando confianzas y estados de ánimo.

La falta de red por la ausencia de un entramado táctico decente, moldeó en vulnerables a once futbolistas que jamás tuvieron la oportunidad de jugar como bloque. Todas estas cuestiones hacen que una parte de los problemas del actual equipo se puedan solucionar limpiando mentes, recuperando autoestimas y estados de forma.

Es evidente que hay futbolistas que han quedado estigmatizados, cuya convivencia, por muy válidos que pudieran resultar, se antoja imposible ante un ambiente envilecido y cuyo final debe ser claro. Otros resultarán irrecuperables, y algunos, inservibles o desechables por su dudosa calidad o compromiso.

Profundizará el Valencia en su error si acota las medidas al verde. La revolución a emprender este verano debería iniciarse en las estructuras. Ir de arriba hacia abajo. Empezando por establecer líneas de mando y configurar un club sólido; trazar una hoja de ruta, trazar una idea a seguir y poner las bases de un proyecto.

La mayoría de problemas internos en una situación de hundimiento han surgido por la ausencia de mando y disciplina interna, de una autoridad reconocible, por la desaparición, en definitiva, de la institución. El Valencia está gobernado por la ausencia.

Sin dichas mejoras, sin rumbo, filosofía ni estructura, continuará el derroche de dinero, tiempo y recursos moviendo jugadores en cantidades industriales para no conseguir absolutamente nada con ello. En este estado, cualquier futbolista que llegue acabará contaminándose; reeditándose los viejos problemas de siempre y los mismos discursos que una y otra vez han resonado durante la última década.

1 comment on “Este verano qué, ¿otra revolución?

  1. Como imaginaba, estoy totalmente de acuerdo en tu artículo. Dices lo mismo que pasa por mi cabeza. Y con datos y todo que lo apoyan. El tema de las limpiezas de vestuario ya cansan. Siendo necesario cambiar el ciclo de vez en cuando, este no necesariamente debe hacerse de golpe. Como bien dices, el problema radica en la estructura de club. Algo que nadie sabe en estos momentos cual es. Tenemos la mala suerte de que nos compra un tío que su solución fue poner millones para hacer un proyecto.
    Perfecto, si no fuera porque basó su éxito en 2 tipos que no han hecho más que de cantamañanas. Los 2 portugueses que ya sabemos. Y a partir de ahí todo han sido parches aplicados sin ton ni son. Nos vendieron que íbamos a ser serios pero al fin y a la postre lo mejor que hemos hecho es dar una mano de pintura, literal, a Mestalla.
    Solo nos queda tener fe en 2 cosas. Una, que Lim recapacite, si es que de verdad le importa formar un club de élite y que ponga en marcha un proyecto de verdad, con todas las piezas en su sitio. Director deportivo, filosofía de juego, entrenador, etc. Si puede ser con experiencia mejor.
    La otra opción a la que aferrarse es aún más ciega. Tener toda la suerte que nos ha faltado de golpe y que de repente empiece a entrar la pelotita sin parar. Aunque aún así, cuanto duraría la suerte??

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