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El chico que no valía ni para Segunda B

Santi Mina irrumpió en el mundo del fútbol con la velocidad del viento, pasando en tres años del juvenil del Celta a golear para el Valencia en el Camp Nou. Tras una trayectoria en Mestalla llena de altibajos y desprecios, su trabajo empieza a dar los primeros frutos.

Todo en la vida de Santi Mina (Vigo, 1995) es una sucesión de precipitadas cabriolas. No le dejaban jugar al fútbol federado por ser demasiado pequeño, pero en la escuela se enrolaba con gente dos años mayor que él. Se puso a brincar en el Colegio Hogar, entre campos de tierra y piedras, para a los 17 años debutar en primera división. Siendo el jugador más joven desde 1934 en anotar cuatro goles. Le bastaron 35 minutos en la élite para lograrlo. Es, hasta el momento, su mayor pirueta.

Cuando aquella efervescencia se disipó arreciaron las críticas. «Lo íbamos a vender por 50 millones, y ahora parece que no vale nada», se lee en la hemeroteca. Mientras sus amigos se escondían en la habitación a hacer cosas de adolescentes, él, se resguardaba en el gimnasio, adaptándose a una categoría para la que su físico no estaba preparado.

santiminacaricaturaLas urgencias del Celta lo habían apartado del proceso natural de maduración. Una entidad en derrumbe necesitaba de aquel juvenil que venía de anotar 27 goles y despertar el interés de medio universo; llevó a sus compañeros a la final de la Copa de Campeones.

Mina pasó su infancia, confiesa, queriendo ser policía y admirando a Cristiano Ronaldo. Ambas cosas le hubieran conducido al mundo del striper, pero acabó siendo futbolista profesional. Recalando en un Mestalla que no dudó en orillarle; «¡es de Mendes!, ¡es de Mendes!», acusaban los opinólogos. Quedó bajo sospecha antes de tocar un balón.

De eso, de Mendes, tiene culpa su padre. También Santiago de nombre. Canterano del Barça, turolense, y estrella fugaz del Celta de los 80. «Me sorprendió su humildad, siendo lo que es en el fútbol, se mostró muy cercano y natural. No dudé en firmar con él. Se ocupa de todo, yo no me tengo que preocupar de nada», dice el hijo.

Aquella tarde, extraviada en el tiempo, fue arrancado de A Madroa para ir, engañado, al encuentro del superagente. Mendes, como los temporales, entró en la Liga por Galicia.

«Mis padres siempre estuvieron encima. Es por ellos por los que me saqué el Bachiller. Siempre me apretaban para que estudiara»

De lo que no se ocupó el portugués fue de amueblarle la cabeza al muchacho. «Mis padres siempre estuvieron encima. Es por ellos por los que me saqué el Bachiller. Siempre me apretaban para que estudiara. Nunca fui buen estudiante, prefería jugar al fútbol en la calle con los amigos». Tal vez sea por eso por lo que su primer capricho de jugador profesional, alejado del Ferrari, se reduzca a un neceser de Louis Vuitton. Del que no se separa ni para declarar en zona mixta.

La precipitación en su vida es tal que quienes le criaron entre barro y botas empiezan a preocuparse por él. «Le han pasado demasiadas cosas en muy poco tiempo, debe ser capaz de asimilarlo todo o se volverá loco», opina David de Dios, el responsable de cambiar su posición en el tablero y ponerle a meter goles.

Palabras de un hombre sabedor de que la sospecha y el desprecio son consustanciales a su raudo ascenso. Iago Aspas ni le saludó cuando fue sustituido por el debutante juvenil. A Paco Herrera, cuando Mina dejó de valer 50 millones, le acusaban de ponerlo para el escaparate. Tuvo que ser Luis Enrique quien le devolviera el favor popular encontrándole encaje en un año groso.

Con chupa de cuero y gafas de sol, Mina, con esa cara, asemeja a un personaje arrancado de la movida. Pero es, lo que se dice, un millennial. Por eso declaró con desparpajo y naturalidad: «las natillas». Cuando en la típica entrevista a un chaval futbolista le preguntaron sobre qué alimento no puede faltar en su nevera.

Insatisfecho con tal confesión, el periodista de La Voz de Galicia le cuestionó sobre su personaje histórico favorito; Santi tampoco decepcionó ahí: «Nelson Mandela; lo descubrí en la película [Invictus] y me impresionó lo que hizo ese hombre».

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Estamos ante un jugador letal y aventajado. Tanto, que el pasado 7 de diciembre cumplió 20 años y 61 partidos en primera. Suficientes para conservar la inocencia que le llevó a airear, que también, perdió 6 kilos respondiendo al porqué de su buen estado de forma.

El plan específico que le diseñaron —otra vez el gimnasio en la vida de Santi Mina—dio sus primeros frutos ante el Rapid de Viena. Acostumbrado a no llegar a nada, ahora que puede, quiere llegar a todo. Por eso no deja de retirarse del campo entonando el «no puedo más», o agarrándose la pierna ante una sucesión de calambres.

Mina, en sus galopadas, con su aceleración robotizada, todavía no aprendió a dosificar el esfuerzo sobre el terreno de juego. «Sólo pienso en el colectivo», justifica.

Y el colectivo, la masa que reposa en asiento naranja, alucina con la evolución de un chaval que maltrató durante meses. Los que amenazaron con acudir al cuartel de la Guardia Civil a denunciar sus actuaciones callan con sus goles. Los que le acusaban al grito de «no vale ni para Segunda B», ahora le llaman ‘el niño’.

El amor-odio lo conoce de cerca. En Vigo, hoy, es un personaje detestado tras abandonar Balaídos de forma prematura. Aquí, respondía al estigma del que lo fichó y de quien le representa.

Tal vez aquella experiencia previa ayudó a sobrellevar un año caótico. Donde los mismos que se rasgan las vestiduras exigiendo canteranos de 17 años aparecen en la plaza despellejando con pasión a chavales de 19 al mínimo error que cometen.

No dudó Mina, mostrando personalidad de jugador hecho, en encararse a la grada en más de una celebración, en uno de sus 8 goles (y 6 asistencias) que conforman una estadística demoledora: sale a un tanto cada tres partidos disputados. Apenas suma 2000 minutos entre todas las competiciones; ninguno de ellos en su posición natural.

Pero no sólo se reencontró con su mejor versión en Valencia, también recuperó la estabilidad emocional. Íntimo de Jaume —al fin tiene amistades en la ciudad— con la novia en casa, y los padres cerca, Mina ya no camina sobre su propia ropa, esparcida por el suelo, ni cultiva en su nevera calorías peligrosas. Empezó a parecerse al chaval de los 10 millones de euros cuando regresó a la vida que extravió durante su traspaso.

¿A un hombre que corrió tanto le quedan retos por superar? Sabe aguantar bien el balón, se desmarca con maestría, y es avezado entrando, raudo, desde segunda línea cambiando el devenir de un partido adverso. Pero es incapaz, todavía, de enlazar dos actuaciones brillantes. Le sigue pesando a su físico de niño la desmesura de un chaval impetuoso que irrumpió en la categoría derrumbando a patadas su puerta.

David de Dios, quien le enseñó el oficio en campos bacheados, comparte la opinión. «Ahora es mucho más poderoso en el juego aéreo. Pero tiene que aprender a ser más eficaz fuera del área, quiere hacer demasiadas cosas a la vez y en demasiadas ocasiones acaba por no hacer ninguna».

4 comments on “El chico que no valía ni para Segunda B

  1. Anónimo

    Es gallego triunfará. Q se preparen los demás q nosotros somos currantes. Le va a quitar el moreno al cristiano con su velocidad.

  2. Hay que reconocerle a Mina una cosa. Vino gordo y fuera de forma. Pero ha tenido la madurez para ser consciente de eso y ponerse a corregirlo a tiempo para mejorar. Otros, como Negredo, no han movido ni un dedo para recuperar su físico, y cada día lo vemos más gordo y pesado sobre el campo. La implicación es eso.

  3. Genovés

    Estoy de acuerdo, pero de todas maneras el físico lo tiene que mejorar, un jugador de fútbol profesional que lo único que se dedica es a eso, no puedes acabar ahogado en el minuto 60 todos los partidos. Pero me alegro mucho por él y que le vaya mucho mejor, Grande Mina!

  4. Celtarra

    Si no lo quieren estoy seguro que el celta se lo recompra por los 10 kilos que pago el valencia. Hablen con mouriño y ya verán como no me equivocó.
    Desde vigo creo que la afición che es muy exigente e injusta con sus jugadores y entrenadores.ejemplo,NUNO.

    estamos molestos con el por no haberse quedado uno o dos años más con nosotros.aquí lo formamos,aquí nació,aquí esta su padre,al que tengo el placer de conocer por su calidad humana y humildad,y aquí todos sabíamos ddesde juveniles que iba ser de lo mejor de su generación en toda España. Es más creemos que el valencia es un equipo de transición.mina tiene calidad para jugar en un real Madrid,barca o at.Madrid por mencionar equipos españoles.nos dejó 10 millones de euros,pero debió de dejarse una o dos temporadas en este celta europeo.

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