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El murciélago por el águila

Esparcidos por los Balcanes, algunos miembros de la extensa comunidad albanesa han ido encontrado en el Valencia un pequeño punto de apoyo. Aquí una charla con Valmir, creador del Valencia CF Fans club Albania, sobre el equipo de Mestalla.

Gashi es un apellido común entre las familias de origen albanés. Aunque Valmir esconde una peculiaridad. Ubicado en Pristina, la capital de la controvertida Kosovo, este joven de 22 años se pasea por sus calles haciendo gala de una camiseta blanca, en ocasiones naranja, con un murciélago cosido al pecho. Forma parte de esa generación que se subió a lomos de esta historia en la tragedia parisina y la plorera lombarda, ambas curadas a golpe de liga.

«El primero en romper el muro, dice el proverbio, es el que sangra», filosofea sobre las turbulencias de un Valencia que incita a la deserción. Debe ser por ello por lo que la desgracia que asola el club le esté haciendo perder en favor de otros todo lo que se ganó en aquellas batallas ya lejanas.

—¿Minoría entre minorías?, Valmir
—No somos muchos, es cierto. Pero tenemos un grupo homogéneo y numeroso en la zona. Somos más de lo que yo mismo imaginé cuando empecé con esto.

Sólo puedo soñar con chafar Mestalla, pero también es difícil, el viaje es muy caro

Con lo que empezó fue montando un grupo de supporters albaneses que ha conseguido descubrir gente en Pristina, pero también en Macedonia y en la misma Tirana. La comunidad albanesa se reparte por los Balcanes y parte del viejo imperio Otomano, pero sólo en Albania y Kosovo son etnias mayoritarias.

Países complicados en los que las adhesiones residen en el exterior. La onda corta acostumbró a la gente, en tiempos de la dictadura comunista, a pegarse a la radio italiana para vivir las emociones del Calcio. Hoy, gracias a la televisión, las calles de Albania se abarrotan, como si de un equipo local se tratara, ante los triunfos del Bayern de Munich.

Sus pequeños estadios, sus equipos modestos, y sus excesivos y corruptos dirigentes han echado al aficionado del fútbol autóctono, mancillado por la compra de partidos y la sospecha continuada.

—¿Con qué sueña un aficionado albanés del Valencia?
—Con que el Valencia venga a Pristina. Pero eso es imposible. ¿A qué va a venir aquí? Aquí no hay nada, ni fútbol hay. Kosovo no puede competir a nivel internacional, ni con la selección ni con sus clubes. Ni siquiera es posible que vaya a Albania. Sólo puedo soñar con chafar Mestalla, pero también es difícil, el viaje es muy caro.

El éxito de la selección albanesa en la fase de clasificación para la Euro 2016, su primera participación en un torneo internacional, ha contribuido a recuperar el sentimiento de pertenencia y la pasión por el balompié local, no sólo entre las fronteras políticas del país, sino también entre las culturales. El grupo de Gianni de Biasi cuenta con varios kosovares y macedonios en sus filas.

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La vida en Pristina se abre paso con vigor; tras la guerra, primero, y la independencia, después, el nivel de bienestar alcanza sus máximos históricos. Aunque todavía presenta reflejos de un pasado no tan lejano.

Un juego de letras en cemento armado situadas sobre el arcén conformando la palabra Newborn —homenaje al nacimiento del país— dan la bienvenida al complejo deportivo más popular de la ciudad. Donde Valmir y sus compañeros de facultad echan a rodar un balón y emular finales de Copa de Europa sobre gravilla o parqué.

Trazas de pintura y golpes adornan la entrada. Una alegoría que podría representar al club de Mestalla. La mole del complejo es decorada por los chorreones y la negror de los viejos tiempos.

— ¿Allí es donde vas siempre con tu camiseta del Valencia?
—Nunca falla. Hay que sentirse orgulloso del equipo del que uno es.

—¿Y cómo te miran tus amigos?
—No lo entienden. Muchos se ríen. Pero no me importa, no voy a cambiar de bando. Otros ni siquiera conocen el Valencia. El Valencia ha perdido mucho prestigio, ya no se le respeta ni se le conoce como antes.

Sigue siendo utópico esperar una gran convención valencianista en los Balcanes. Sueldos medios de 300 euros, y una migración del 60% entre los menores de 30 años, conforman la imposibilidad. «Nos arreglamos con internet», dice un Valmir que saca pecho ante una comunidad facebookera que ya supera los dos mil miembros, congregando a gentes de Albania, Serbia,  Macedonia, Montenegro o Bulgaria.

—¿Cómo se ve el Valencia actual con ojos albaneses?
—Mal, parecía que con Lim iban a cambiar las cosas, pero es como si siguieran mandando los que estaban antes. Está siendo decepcionante, sobre todo tras el año pasado, que nos hizo creer que estábamos empezando algo grande otra vez.

—Y el futuro, ¿cómo se afronta?
—El futuro no existe. El futuro se construye día a día. Me preocupa que el Valencia no sea consciente que perdió su lugar en el fútbol, porque da la sensación que no lo es, y que no está haciendo nada por remediarlo. No podemos seguir cometiendo los mismos errores una y otra vez. Vivir del pasado no aporta nada. Parece que no sepan que estamos en 2016.

2 comments on “El murciélago por el águila

  1. Interesante. No solo de madridistas y culés esta lleno el mundo. Leer estos reportajes siempre me arrancan una sonrisa. http://elfutbolparailustrados.blogspot.com.es/

  2. Anónimo

    La última respuesta es para enseñarla a diringentes, los actuales jugadores y los que vengan.

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