Ball de Torrent

Invéntate un fichaje

Traspasos, culebrones, ilusiones rotas e ídolos caídos. Durante el verano llega el apogeo del mercadeo futbolístico. ¿Pero dónde tiene su origen esta práctica? Para conocerlo hay que viajar a Inglaterra, donde Rupert Murdoch creó el modelo que más ventas e ingresos da hoy a los medios deportivos.

Entramos en ese período del año en el que la ausencia del balón da espacio a noticias y rumores sobre transferencias y negociaciones. Son los instantes de la ansiedad, las neuras y las pataletas, donde nacen los traidores y se matan a los ídolos.

Es el espacio temporal más sensible en el mundo del fútbol. En estos calurosos instantes, agentes, jugadores, directivos y periodistas conforman una danza de mentiras, embustes, medias verdades y propaganda interesada donde establecen o fortalecen alianzas, se intercambian o pagan favores y se venden periódicos a golpe de rumor.

Stefan Szymanski estableció en un estudio incluido en Soccernomics que ninguna de las operaciones que ocupan las noticias durante los primeros meses de mercado acaban realizándose. Esto es debido a que la mayoría de clubes ficha con antelación al final de la temporada y sólo acude al mercado durante las últimas semanas para cubrir bajas que no contemplaban.

La Universidad de Cambridge fue más allá, y en otro estudio estableció que el 83% de las noticias de fichajes que se publican a lo largo del año no tienen ninguna base real detrás.

¿Pero cómo nació esto? ¿Desde cuándo la actualidad del mercado de fichajes ocupa páginas y relata culebrones en la prensa?

Rupert Murdoch, el padre del transfer gossip

Cuando Rupert Murdoch se hizo cargo de The Sun en 1971 emprendió una política de transformación que viró la realidad del diario hasta convertirlo en un tabloide. Para ello, dentro de su estrategia, debería imprimirse y llegar a los kioskos mucho antes que sus competidores y ganarse así un trozo de pastel que en ese instante no poseía.

Pero pronto se toparon con un inconveniente, la nueva dimensión del medio hacía que el producto llegara a imprenta un par de horas antes de que finalizaran los partidos del sábado, lo cual suponía un problema para un medio con una clientela netamente futbolera; aquellas hojas en blanco había que rellenarlas de alguna manera.

Junto a Larry Lamb, el editor jefe, darían con la solución. Ambos tenían contactos en el mundo del balón, y basándose en el fervor que producía en el público femenino los chismorreos de las celebridades, adaptaron la medida al homus balompedicus.

Sin saberlo, habían puesto las bases de un modelo que haría del The Sun el tabloide más vendido de Inglaterra, consiguiendo que los lectores de la competencia reclamaran a sus medios ‘noticias’ sobre la actualidad del mercado.

Pero también crearon algo mucho más grande, transformaron las desinformaciones de fichajes en una herramienta de presión que cambió la relación club-hincha-jugador-periodista para siempre.

Los propios clubes no tardaron en entrar al juego y deslizar en los medios rumores para favorecer sus operaciones o perjudicar las de los oponentes.

Varios editores de tabloides confesaron en 2012 en un reportaje para FFT que el 50% de las noticias de fichajes que publican son falsas, y el otro 50% están basadas en comentarios interesados que les hacen los propios agentes o clubes. De las cuales sólo un pequeño porcentaje acaban teniendo un trasfondo real.

El cebo digital

Esta nueva cultura llevó al aficionado a vivir en un constante estado de ansiedad. Llegando a creer que la única forma de poder aspirar a algo, o de recuperarse de las desgracias, es que su equipo emprenda una política masiva de fichajes. Ahí reside la fascinación del hincha por las noticias de transferencias.

La pertenencia ha quedado diluida por el apego al mercadeo, que parece ser el único aliciente capaz de mover las ilusiones del aficionado.

La demanda actual, según todos los indicadores, por esta clase de producto es mayoritaria. En los medios digitales siempre están en portada y acaban ocupando los rankings de las noticias más leídas generando un tráfico que adecenta la cuenta de resultados de los medios.

Importa poco lo absurda que pueda llegar a ser la información, o que carezca de toda veracidad, sólo se buscan clics. Las empresas se aprovechan del interés que generan para engordar sus cifras y ventas, estructurando con antelación al fin de los campeonatos culebrones que lanzarán durante las primeras semanas de verano para mantener el interés en época de escasez.

Tales prácticas han hecho posible que afloren webs ‘especializadas’ en esta clase de rumorología. Detrás de estos portales suele haber periodistas, grupos editoriales, o agentes de jugadores — cuando no, ambos — .

En algunos casos la finalidad de las mismas es la de ejercer de ‘granja’ para medios serios que sólo aplican el obligado deber de citar en estas situaciones. “Según apuntan en Inglaterra”, o “según el portal…” es la coletilla por excelencia que aporta tráfico masivo a la edición digital de un periódico en papel esquivando tener que dar cuentas por la veracidad real de lo publicado.

Así funciona la rueda

El invento de Lamb y Murdoch es el gran culpable de que la variedad informativa de los medios deportivos se haya reducido hasta alcanzar un plano testimonial. Los lugares reservados a otras disciplinas, sobre todo durante la ventana veraniega, donde deportes como el tenis o el ciclismo hacían su agosto, quedaron marginados porque ahora su espacio es ocupado por el juego de sombras y luces que inunda el mundo del fútbol en estas fechas.

Hace cuatro años, FFT reunió en torno a una mesa a un par de jugadores de la Premier League, a algún que otro representante y a unos cuantos redactores de tabloides británicos para conocer desde dentro cómo funcionan estas simbiosis. Ninguno quiso desvelar su identidad.

Los jugadores opinaban así: «Para conseguir una mejora de contrato basta con presentar una hoja del periódico al gerente y darle credibilidad a lo que aparece ahí. Si no cuela, basta con llamar a algún contacto que tengas en los medios y hacer unas declaraciones dejándote querer o sembrar dudas».

En ocasiones incluso es más sencillo. «En una ocasión me llamaron a la oficina — relata otro jugador — y me pusieron delante un periódico, el gerente me dijo muy enfadado que me olvidara de marcharme a ese equipo. Yo no sabía nada, lo que salía ahí era pura invención, pero aproveché la jugada y dije que me pagaban el doble. Me subió la ficha allí mismo».

El redactor del The Sun explicaba la mecánica de elaboración en su diario. «Se trata de estar atentos. Saber qué jugador acaba contrato. Qué perfil está buscando determinado club. O quién tiene problemas en su equipo. Buscar dónde podrían encajar en relación a esas circunstancias, y gualá, ya tienes noticia. ¿Cómo afecta al futuro de Modric o Bale que el Tottenham quede fuera de la Champions? Es otra variante a explotar. Son cuestiones lógicas aunque no haya ninguna certeza que las sujete. El resto son cosas del agente y del jugador, que no dudan en llamarte y utilizarte para su estrategia personal. En este negocio todos nos aprovechamos de todos».

El directivo. «El mercado es un mundo de locos, donde las cosas no son siempre lo que parecen. Los agentes, jugadores y clubes utilizan a la prensa para sus propios fines. Si quieres torpedear la contratación de un jugador por parte de un rival, basta con levantar el teléfono e inventarte una oferta que jamás realizarás. Encareces la operación automáticamente. Si quieres vender a un jugador por una determinada cantidad, pero el comprador no cede, llamas al periódico y dices que hay clubes que dan por él más dinero».

Los agentes utilizan cualquier medida a su disposición para obtener el mejor contrato para su cliente. Y no dudan en jugar cualquier baza. ‘Es un halago que X equipo se fije en mí, pero me gustaría retirarme aquí’ es la frase por excelencia que indica que se está buscando una mejora de contrato en base a ofertas de dudosa existencia.

En ese escenario, aprovechándose de la capacidad para generar tragedias, los aficionados se convierten en un lobby involuntario que trabaja contra el club, que pasa por el aro renovando al jugador al rechazar intereses de terceros que nunca existieron.

La cultura de la mentira

En demasiadas ocasiones los agentes también juegan. Cuentan o relatan chismes que escuchan tomando un café o que les cuentan en conversaciones de pasillo. O simplemente trasladan hipótesis en base a silogismos que ellos mismos conjugan. Y lo hacen, porque a ellos, al igual que al aficionado común, también les gusta esta clase de subgénero.

Muchas de esas conversaciones sin fondo acaban plasmadas en los medios para aportar sustancia a una información liviana.

Ronald Reng, corresponsal alemán en Barcelona, publicó un extenso reportaje en 2010 sobre la creación de esta clase de noticias en los periódicos deportivos de Madrid y Barcelona. En el mismo se explica la estrecha relación entre los clubes y los directores de los medios para ayudar a los equipos a golpe de portada en su estrategia de mercado.

O incluso cómo entre los mismos editores pactan listas de fichajes para darse credibilidad unos a otros y aprovecharse del aumento de las ventas que les supondrá su publicación.

El director del Sport le confesó a Reng que «el 70% de lo que se publica no va a ningún sitio. Las grandes operaciones no salen en los periódicos hasta que se anuncian. Lo que sale es ruido para dar juego y tensar la cuerda. Hay negociaciones que existen y se rompen por el camino, pero eso no es culpa nuestra».

Este ansía encuentra uno de sus mejores reflejos cuando en las elecciones — ahora y anterior a la creación de las SAD — gana el candidato que mejores fichajes promete y no el que mejores planes de negocio esgrime.

Ante tal volumen informativo, donde los diarios tienen que rellenar entre 12 y 20 páginas hablando del Madrid o del Barça — similar a nivel local — , sólo hay lugar para las buenas noticias, y entre ellas, gobiernan los fichajes de relumbrón o de promesas que no tardan en ser vendidas como el futuro Maradona, dibujando escenarios gloriosos para el mañana.

La debilidad de la ‘industria’ y su voracidad se plasma en las múltiples ocasiones que acciones de troleo nacidas desde distintos foros de internet han conseguido llevar a portada intereses por jugadores ficticios, inventados hasta el punto de haberles redactado páginas en Wikipedia con sorprendentes biografías.

Terreno abonado para charlatanes e incautos, que ha dado paso al florecimiento de personajes que viven exclusivamente de jugar con la mentira y la especulación, alcanzando una notoriedad mediática inexplicable gracias al poder de la fascinación que ejerce el mercado de jugadores en el aficionado medio.

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