Retalls de premsa Serie Centenari

Estil, el cronista del futuro

En los albores de la crónica deportiva Manuel David Martí fue pionero en hacer pedagogía con las reglas del juego, ilustrando a los primigenios y confusos aficionados de un Fé-Cé que tuvo en su pluma a su primer gran cronista. Autor, además, de los primeros libros sobre el Valencia Football Club.

La instalación del marcador en Algirós, en marzo de 1921, fue un alivio para el cronista primigenio. Y para el amigo lector, habituado a hacer cábalas para adivinar cuál de los múltiples resultados publicados era el correcto. ¿El 5-3 que decía La Corres?, ¿el 3-1 de Diario de Valencia?

En tiempos de gacetillas, los escasos comentarios sportivos se reducían a un par de líneas que muchas veces no indicaban siquiera al derrotado, o vencedor, de la tarde. Ni que decir de alineaciones y demás zarandajas. Trataban, aquellos notarios de la actualidad, de curiosos con libretilla y lápiz tan gastado que apenas daba para sujetarlo entre los dedos. Una mala letra, un descuido, una hoja perdida, y adiós. ¿Cómo iba el partido?

Y eso si había suerte y alguno se acercaba al encuentro, pues generalmente eran los mismos equipiers, o directivos, quienes informaban. Si se acordaban de pasar el resultado, bien. Si no, también. Lo mismo si era el correcto o se lo inventaban.

Así funcionaban aquellos periódicos, que en gran parte pertenecían a partidos o corrientes ejerciendo de órgano oficial de comunicación de las distintas facciones en liza. Así se disponían los cronistas en el stadium, entre la muchedumbre, a contemplar el match como cualquiera, pagando su entrada. Así estaba un foot-ball sin relevancia, donde la actualidad sobre las competiciones de tiro al pichón que organizaba la Sociedad Cinegética Valenciana llenaba una columna tildada de NOTAS DE SPORT.

Está en dicho vacío la ventaja encontrada por el Valencia Fé-Cé, aupándose sobre los demás. Y lo consiguió gracias a dos tipos y un diario. El único junto al carlista y gimnástico Diario de Valencia que hasta 1923 daba bola al deporte de los ingleses. Porque es en las páginas de La Correspondencia de Valencia, altavoz del valencianismo político progresista, donde Back —Gonzalo Medina— empezó tecleando maravillosas crónicas ciclistas, carreras automovilísticas o pruebas pedestres hasta dar el salto a sus primeras líneas relatando los orígenes del club que ayudó a fundar.

Explicándonos con hipérboles las obras de acondicionamiento de Algirós y el entusiasmo de que al fin la ciudad tuviera un campo de deportes en condiciones, abandonando sus teams la pose nómada y errante que les caracterizó desde el cierre de la pista de la exposición. Suyas son las letras que transportan al siglo XXI los primeros pateares del esférico de la nueva entidad. Arremetiendo contra el Gimnástico y proponiendo un monumento para él mismo y la directiva que integraba al disponer de su propio bolsillo los duros necesarios para traer a los primeros contendientes catalanes, la Brasil ibérica de aquellos tiempos. Donde se metía en líos al censurar a la clase política por su poca querencia por el balón de cuero, reclamando que el foot-ball se practicara en las escuelas o inquiriendo al señor ministro que dejara de sangrar a las entidades futbolísticas a base de impuestos, tratándose de entes amateurs sin ánimo de lucro y escasos recursos.

Todo llevado a portada. Tal era la influencia del prócer en el diario que se llegó a hacer nota de su boda sin ser un noble, un político de postín cercano a la corte, o una figura relevante de aquella sociedad cambiante y reivindicativa.

Es la escuela de la que bebió Manuel David Martí, el joven militante de Joventut Valencianista. Heredando aquellas columnas cuando nuestro Medina dejó la entidad del murciélago enfrentado con sus colegas del Torino, marchando a Madrid a preparar su futuro como delegado de obras públicas.

Sin título-1

El panorama encontrado por Estil, el seudónimo empleado por Manuel David Martí, no era muy distinto al relatado por Medina. A Algirós empezaba a acudir más gente de los habituales 500 espectadores de 1920. Aunque aún neófitos, desconocedores de las reglas básicas, ejerciendo igualmente la violencia verbal o física según entendían.

Ahí encontramos a nuestro protagonista esforzándose en explicar que el penalti forma parte del juego y había que aceptarlo con naturalidad, ya que al hincha original no le hacía gracia alguna tal castigo, y menos la costumbre de muchos de utilizarlo como treta para abortar un gol cantado. Abucheando al lanzador, exigiendo su fallo, incluso saltando al terreno de juego a agredir al equipier si ‘desobedecía’ la orden.

Un deporte nuevo, de directivos o futbolistas vestidos de colegiado, y repudiado por la ciudad durante largo tiempo, con mucho camino por recorrer. Es la vía por la cual Estil transforma la información deportiva. Ya que una vez ganada la batalla del espacio y la periodicidad para encajar los múltiples encuentros disputados tocaba hacer pedagogía. 

Dibujo
Estil explicando el fuera de juego.

Es como nace «Conocimientos Útiles», una columna semanal que durante toda la temporada 21/22 explica las reglas del fútbol, «para todo aquel que no esté muy entendido en el deporte del balón y para los que por vez primera ven un partido de foot-ball. Son notas que iremos repitiendo semanalmente, puesto que así creemos hacer un bien a la afición». Contando de manera amena y didáctica que un gol no es tal si no cruza la línea de meta toda la circunferencia del balón. Qué es un fuera de juego y cuándo se produce o las faltas de saque de protagonistas, que en ocasiones, eran los primeros en desconocer el reglamento. «Acostumbrado nuestro público a ver que los goalkeepers (porteros) cuando ejecutan el saque de puerta lo hacen sin reparar en los pasos que dan, les extraña ver que algún árbitro castigue al portero. Y es que éste no puede andar haciendo botar el balón en una mano, no puede dar más de dos pasos con él. El castigo que se debe dar no es un penalty, como a veces se escucha en las protestas, sino un free kick».

Pequeños espacios arrebatados a una actualidad enfrascada en la reivindicación autonómica y lingüística, la financiación de una València que vería disuelto su Ayuntamiento al pretender crear su propia Hacienda contraviniendo la negativa del gobierno central, y los fuertes movimientos republicanos de una ciudad azotada por el terrorismo anarcosindical junto a un constante goteo de huelgas obreras disueltas a tiros por la Guardia Civil. Es ahí donde Estil sigue los pasos de Back abonándose a clamar por la utilidad pública de un fútbol que podía ayudar a que los chavales dejaran de organizarse en bandas, pidiendo que el cine difundiera las virtudes del balompié como elemento sanador de una juventud sin salidas.

«El cine ha llegado a ser en unos años la forma más práctica y activa de propaganda. Decimos esto —persuadidos en extremo— porque creemos que el cine sería un medio excelente y de rápido efecto en la propagación del fútbol para interesar a los chicos que son seguramente los primeros en quienes arraigaría la afición y de los que se obtendría algo práctico. Ahora vemos correr bandas de muchachos, organizadas al símil de las que ellos vieron, y ¡cuánto mejor no sería que en vez de preocuparse por estas cosas, los viéramos formando sus onces y adentrándose en el fútbol! Además, interesaría a las señoritas, que acuden en legión a los salones donde se dan películas. Del fin práctico, del bien material y moral que harían las empresas cinematográficas si llevaran a cabo esta idea, no es preciso hablar, puesto que es sobradamente sabido de la bondad del fútbol para el desarrollo físico del individuo. Quisiéramos que no ya por ser idea por nosotros lanzada, sino por propia convicción, hubiera algún señor dueño de cinematógrafo que se decidiese a ponerla en práctica. A la Federación de Clubes de Foot-ball llamamos la atención, pues con más autoridad que nosotros puede emprender la propaganda de la idea por nosotros lanzada».

El potencial televisivo y social del deporte de los ingleses visto en 1921 por un joven de 21 años.

Comentarios y enseñanzas responsables de que La Correspondencia abriera en 1922 la primera sección de deportes en un diario local, una plana, o media, según el día. Fronteras ampliadas en un rotativo que en aquel curso contaría con un dúo de postín quedando en manos del literato Almela i Vives los partidos estrella, relatándonos él, con una oda a Zamora, las primeras visitas del Barça y aquella rivalidad incipiente que tenía sus pies en cuestiones sociopolíticas. Planas donde Estil podía explayarse comentando la jornada, los chascarrillos o rumores de café que circulaban por la urbe, recoger las peripecias o incidencias del fútbol inglés, de la Copa o del campeonato catalán. Mostrándosenos no sólo divulgativo, sino ahora también reivindicativo.

Porque los mismos clichés que acompañan hoy a la institución del rat penat danzaban hace cien años, sentando bastante mal en la ciudad que el Barça trajera a su equipo reserva al no considerar el encuentro una prueba seria, sino más bien un amistoso de chicha y nabo ante un rival primitivo incapaz de hacerles frente. Orgullos escaldados que no se templarían ni siquiera un año después, cuando ante un buen partido frente al Europa en el camino de Algirós Estil aprovechó para asestar un nuevo golpe al desdén culé: «Decid que visteis un gran campo de fútbol en cuyo terreno jugasteis, que mide 105×67, que el partido lo presenciaron más de ocho mil almas, que no ganasteis porque el juego del Valencia os impuso su ciencia, y sobre todo por su codicia y entusiasmo. Que también tuvisteis vuestra parte de desgracia… Que se os recibió con enorme ovación, que se repitió siempre que hacíais algo digno de que se os aplaudiese. Que no visteis las tonterías que de nosotros dicen por allá. Y que bien se pude venir a jugar a Valencia, pero no en plan turista, sino como vosotros, con todo el primer equipo, porque hay peligro de que los muchachos de aquí den un disgusto».

Compañeros de siglo o mileno como si aquel mirar por encima del hombro a un conjunto nuevo, recién fundado, hubiera quedado grabado en el ambiente para toda la eternidad, cultivando al mismo tiempo un insistente afán de reconocimiento surgido de estas lindes que no siempre se supo manejar o digerir.

El ímpetu del joven Estil, un hombre cuyos conocimientos y estudios sobre cerámica le daba para conferenciar sobre el orígen de la misma y su impronta en la cultura valenciana, tenía que lidiar con la peculiaridad de una prensa donde los cronistas deportivos eran externos, sin nómina ni mesa en las redacciones, tan amateurs como los futbolistas teniendo que entregar en persona las cuartillas en las redacciones y cobrar al peso, por palabras, un dinero que ni de lejos daba para mantenerse. Es esa capacidad para inventar una sección entera la que revolucionaría el ambiente, pues en 1923 los demás diarios dejan de ignorar el fútbol e incorporan la fórmula Estil, surgiendo en Las Provincias su legendario “Los deportes al día” donde vemos a un Sincerator que en aquellos tiempos de dispersión publicó sus primeros escritos en El Pueblo, la cabecera por antonomasia de aquella València y que en aquel transformar se convertiría en el diario de referencia del club gracias a la militancia en el PURA de directivos y futbolistas , donde alcanzaron relevancia firmas como Caireles y Linesman primero, y Hands después.

Competencia madre de múltiples vías, pues ya no se dependía de un único diario, entrando en el siempre complicado juego de las preferencias, castigando al crítico y premiando al colega, a lo que no fue ajeno un Estil atrevido en afear conductas a Cubells —«amic Cubells, supose que t’hauràs convençut de que més s’aplaudeix quan un jugador entra a son degut temps que quan volent cercar el lluïment personal, agafa el baló i juga pel seu compte»— o mandamases. Valiéndole sus buenos disgustos, como una carta del club dirigida a la dirección del periódico pidiendo su censura.

Una abundancia de informadores establecedora de pases de prensa y zonas habilitadas para éstos, lujos que se corría el riesgo de perder si no se era un as del compadreo. «Me consta que otros colegas han sido distinguidos preferentemente en darles facilidades para el acceso al campo a informar debidamente a sus lectores, alguno sin méritos para ello. Inmodestamente creemos ni ser menos que los demás, ni merecer esas omisiones».Sin título-3

Es la queja de un muchacho inquieto y brillante cuyos escritos, opiniones y disecciones sobre el fútbol desprenden tal modernidad que parecen redactados esta misma mañana. Una capacidad crítica que le llevaba al elogio o a la reprobación siempre con argumentos. Un chico de partido y concienciado que hizo campaña para eliminar el diminutivo de Levante, por despersonalizador, del nombre de la Federación cuando el arreglo de 1920 para iniciar el campeonato junto a los murcianos llegó a su fin sin que la nomenclatura se adaptara a un fútbol eminentemente valenciano.

Convicciones que le llevaron a emplear en sus crónicas la lengua de Ausiàs March, hasta que el golpe y la posterior dictadura de Primo de Rivera la prohibió dejando a Estil como el único, incluso hoy día, cronista en emplearla para relatar al Valencia.

Una actitud que le llevó a rechazar la autocensura, arriesgándose a ser agredido por futbolistas o entusiastas, asunto habitual en aquellos tiempos. Por eso tampoco tuvo reparos a la hora de afear la conducta de un publico que ya por entonces mostraba las mismas virtudes y defectos de hoy, «volem abans de res fer una pregunta als senyors que en el camp, amb els seus crits en contra del equip local, demostraren algo que ens dol escriure. ¿Creuen que aixina es fa futbol? Es cosa feta —i en parlem perquè venim observant que no es cosa de xiquets, sino d’homens, i fins de gabardineros— que en tots els encontres que determinada societat du a cap en equips de fora fent un sacrifici per a que en València se conega les diferents varietats del futbol ibèric, hi han molts que amb els seus crits se encarreguen de deslluir el joc dels locals. ¿Per qué açò? ¿Per qué no una poqueta més de valencianitat? Ens dol que moltes vegades siguen els mateixos visitants els que ens ho tinguen que fer notar. Reaccionem, que encara es hora».

Aunque el punto diferencial de Estil respecto al resto no estaba en los comentarios que abrían las crónicas, sino en la segunda parte de las mismas. Pues era el único capaz de construir un relato emocional y táctico, explicando las jugadas desde su raíz y ejecución ayudando a entender los porqués del juego que le llevó a otra innovación maravillosa, a renunciar  a las fotos, meras sombras en aquel papel grisáceo de baja calidad, sustituyéndolas por diagramas y dibujos en 2D que visualizaban mejor los goles, las jugadas más destacadas y la estrategia. Algo que ni siquiera eran capaces de plasmar los dibujantes empleados por la competencia, que no hacían más que imitar los planos de una fotografía que parecía no saber captar más imagen que la del delantero en liza por un balón aéreo con el guardaredes.

Un aprovechamiento que pronto, junto con la condición de diario vespertino, convirtió a La Correspondencia en el rotativo de referencia para coscarse de los partidos del Valencia F.C.

Inquietudes y quehaceres que no quedarían ahí, pues Estil aún cruzaría nuevos umbrales, erigiéndose a sus 23 años en el biógrafo de Cubells lanzando un libro-cuaderno de 50 páginas con entrevista, biografía, esquemas con sus mejores jugadas y estampas que dio inicio a una colección de ejemplares que glosó a los mejores jugadores valentinos, con mayoría blanquinegra pues hasta el portero Mariano tuvo ejemplar, y como todos, prologado por un Almela i Vives que encontró en Manuel David Martí a uno de sus mejores discípulos.

Pionero entre pioneros, cuyo éxito es culpable de que los diarios locales incorporaran sección de deportes, iniciando con su colección una pequeña edad dorada en la publicación de libros deportivos, encontró un funesto, cruel y fulminante final aupado en la cresta de su carrera, con la mayor reputación de cuantos cronistas existían. Siendo con apenas 26 años, mientras preparaba su boda, una de tantas víctimas de aquella epidemia de fiebres tifoideas que asoló a la València de 1926.

Una pérdida trágica y sentida, dando cuenta de su impronta su lugar en el panteón de periodistas del Cementerio General, que abrió las puertas a otra pluma de referencia en la València anterior a 1939, cogiendo el testigo, como lo hizo el mismo Estil de su amigo Medina, un joven estudiante de medicina. José Simó Barceló, Josimbar. Quien sería capaz no sólo de mantener el nivel, sino de ampliarlo hasta que la dictadura franquista lo inhabilitó y arrancó de las páginas deportivas como hiciera con todos los demás. Finiquitando cabeceras como La Correspondencia, El Pueblo, La Voz Valenciana y El Mercantil Valenciano sepultando en el olvido a los primeros hombres que nos hablaron del Fé-Cé.

3 comments on “Estil, el cronista del futuro

  1. Magnífico artículo. No conocía a Estil.

  2. Anónimo

    Impresionant,com sempre,grasies Desme.

  3. Pillgrim

    Menuda generación de periodistas se perdió. Enrique Malboysson es otro grande a analizar, tiene una historiaza, aunque se dedicara mayormente a la crónica política también hizo sus pinitos en el fútbol (del que no entendía ni papa, por cierto). Todos ellos víctimas de la guerra. Exiliados o encarcelados.

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