Història VCF Serie Centenari

El primer campeón

Viejos, gordos, lisiados y descartados. Esos eran los integrantes del Tonelada, el primer segundo equipo del Fé-Cé, que consiguió establecer el terror entre sus enemigos, levantando los primeros títulos de la entidad del Torino.

Cuando uno empieza a ojear la colección de imágenes que relata la breve y desconocida vida del Tonelada F.C. se pregunta cómo aquello pudo llegar a desaparecer. Cuestión enseguida abordada por gramos de diversión al desempolvar sus peripecias, acompañada por unas tremendas ganas de refundar dicho equipo ante todo lo que representaba ya entonces un grupo de repudiados asentado sobre un descampado.

Barrigudos, gente con un sobrepeso alarmante, enclenques con dificultades para sujetar sus pantalones… señoras asomadas a los ventanales de la casa cuartel de la Guardia Civil dando paisaje a un Algirós en esplendor; ropas tendidas en alambres torcidos escupiendo gritos a aquellos hombres, que levantando polvo a patadas, teñían las blancas sabanas del color de la tierra.

Escuadra definida por Milego como «los reservas de los reservados» cuyo nombre define su leitmotiv, pues en origen, y salvo excepciones, sólo podían jugar en él quienes sobrepasaban los 80 kilos de peso, quedando configurado por los padres fundadores y equipiers de los tiempos de la Exposición para matar el gusanillo cuando el físico ya no permitía seguir haciéndolo en entidades de nivel. El equipo de los viejos, como cariñosamente se le tildó. El último reducto para veteranos y lisiados.

Uno perteneciente al Valencia F.C. que explica también la nueva organización futbolística compuesta por tres divisiones, enrolados éstos en la C de aquellos campeonatos valencianos, una tercera división integrada por el Tonelada, la reserva del Gimnástico, el Torrent, el Bancario, el Stadium —tras escindirse del España— y algún dinosaurio despertado al calor del resurgir del balompié en la ciudad haciendo todavía más sonada la vida o éxito de este equipo destartalado.

Porque ya desde bien pronto, a la semana de su constitución (primeros de marzo de 1920), amenazó con ser cosa seria imponiéndose contundentemente al equipo titular del Patronato de la Juventud. Osea, el Gimnástico. «Como jugaron el pasado domingo, algunos primeros equipos los admitirían como superiores», dejó escrito Back en iniciático comentario vital de estos hombres con pañuelo colgando de la cintura y fajín que conservaban intacta su depurada técnica, imponiéndola al físico en un deporte con los roles aún por definir.

Vemos en él a Medina, a Milego, al tesorero Bonilla (capitán), más tarde a Leonarte… a muchos del Bar Torino peloteando bajo los disfraces de aquel XI, disfrutando del éxito, y padeciendo las incontinencias de una categoría hecha al despiporre.

Pues no hay anécdota que mejor refleje el ambiente que aquella airada circular remitida por el Tonelada a la directiva valencianista exigiendo medidas contra un equipier hambriento, perezoso, que ante el hastío de una vida modesta y un partido soporífero se anotó un gol en propia puerta para huir y llegar a tiempo a zamparse la «tortilla de creïlles i tomata» que le había prometido el enemigo por desertar. Sin saberlo, dicho desgraciado avanzaba varias décadas la costumbre de los maletines. Hecho que ante la fama adquirida llegaría a ser habitual la broma de invitar a dichos ejemplares a copiosos almuerzos en vísperas del envite, entre carcajadas de unos rivales esperanzados en que un buche lleno les hiciera menos letales de lo habitual.

Al anotar un tanto, se acercaban a la banda a celebrarlo  metiéndose un chupito de Cola Cortails

Evidentemente, en un contexto de honores tan presentes, y palabras dadas elevadas a contrato legal, no pasaba de mera chanza para desgracia de muchos de ellos, pues resultaba incuestionable desperdiciar comilonas gratuitas ante tanta miseria social, y eso que alguna caería al término de los encuentros, pero siempre con los puntos a buen recaudo y los goles colgando en las mallas adecuadas.

Entre divertidas y decorativas canallescas, el tesoro resguardado en el seno del Tonelada era la pureza misma, el equipo más amateur en instantes de amateurismo. Supone la estética de un casados contra solteros jugando en un solar donde el rival compartía vestuario y gaseoas, hoy sólo posible contemplarla los miércoles o jueves por la noche en las ligas interempresas y que también sucumbiría al fútbol moderno en cuanto éste se organizó en maquinaria bélica. Pues los acuerdos con el Athletic Valencia, convirtiéndose en un trasunto de primer filial del club, la creación de los juveniles, y el surgimiento del equipo reserva utilizando la denominación propia de la matriz acabó por erosionar la personalidad adquirida del Tonelada y su filosofía de vida, prostituyendo lentamente la razón misma de su surgimiento, conduciéndolo a la extinción total.

Pero nada pudo con su imborrable impronta. Eso nunca. Ya que sigue en forma de recuerdo en un equipo de orondos y viejas glorias, de carreras al trote, pases medidos en slow motion, goles a trompicones bañados en exagerados sudores y pronunciadas cojeras cuyos autores se acercaban a la banda a celebrar el tanto metiéndose un chupito de Cola Cortails, el licor de moda, haciendo tan maravillosa la breve vida de este simpático team. Capaz de aplastar a rivales más jóvenes y atléticos, compitiendo bravamente hasta llevarse el título correspondiente a su división una y más veces; siendo el responsable de ingresar en las vitrinas de la entidad el primer campeonato en la historia del Valencia Football Club.

Asunto que no sería desaprovechado por los seculares enemigos de un Valencia que a pesar de tan emergente aparición se le resistía el éxito en el regional, combinando temporadas discretas con sonadas derrotas en los partidos de desempate por el título, produciendo un reguero de comentarios y socarronerías que avisaban de la importancia de licenciar al primer equipo y poner a jugar a los viejos del Tonelada, que parecían ser mejores y contar con mayor tino a la hora de ganar trofeos.

Son días de camisolas remendadas y botines con mil y un parche de tanto uso, presentando las intenciones de unos tipos que gastaron media vida en el único deseo de poder jugar al fútbol con los amigos, competir con vecinos y compañeros sin más pretensiones que la pura diversión personal. Creando, resistiéndose al retiro y al cautivero marcado por los años y el michelín, un nuevo conjunto llamado Tonelada F.C. Regateando con él su destino, incluso yendo más allá, asumiendo el arbitraje en edades más avanzadas con tal de no despegarse del barro y el cuero, revelando así la verdadera pasión de unos personajes de época por un deporte que llegaron a amar con el alma entera. Y así lo reflejan las imágenes que nos hablan de sus campeonatos, inscritas en ellas, a mano y a tinta, aquellas temblorosas palabras que dicen «Club Valencia F.C. El Tonelada F.C., campeón de segundos equipos, los primeros campeones que ha tenido este club».

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