Serie Centenari

La primera liga del Fé-Cé

Ante la llegada del profesionalismo el pago de sueldos imponía la necesidad de nuevos ingresos. Así empezaron las luchas para establecer un campeonato de Liga que llevó al VCF a luchar contra los que querían dejarle fuera por representar a un fútbol 'primitivo'.

Su parte de culpa tenía. Lo de Iribas, pagando en especias. Lo de Molina y lo que trajo consigo. La repetición de la jugada con Dámaso Urrutia, el último gran escándalo. O los entrenadores a sueldo. Su decidida política hizo del Valencia F.C. uno de los arietes de la profesionalización. Y ahora estaba, allí, padeciendo las consecuencias de sus actos.

En 1927 a los clubes ya les sabía todo a poco. En su gran mayoría los campeonatos locales eran dominados por un único equipo, y la Copa, tal y como estaba formulada, no arreglaba mucho. Además, con la imposición de las cuotas de fichas profesionales para paliar los costumbristas manejos de las entidades a espaldas de la ley, la necesidad de aumentar ingresos para afrontar aquellos gastos era perentoria.

Urgía una reforma, ampliar calendarios. Mejorar la competencia. Pero, ¿cómo? Ahí inicia la batalla.

Aquella fama de ser un fútbol nuevo, y atrasado, respecto al resto siempre pesó a los teams valentinos. De primitivos, subdesarrollados, y demás lindezas eran tratados. Ni las imborrables gestas del equipo mestallero ante verdaderas potencias parecían valer. A la del Sparta se le restó valor insinuando que el resultado era maquillaje de la prensa partidaria para esconder una humillación sin parangón. Pues a santo de qué aquel equipito iba a poder doblegar al mejor XI amateur del mundo. O al mismísimo campeón alemán. Desprecios e insultos que siempre acompañaron a los tiempos. Incluso para justificar derrotas de los suyos durante sus visitas valencianas esgrimían la gran violencia de público y jugadores. Un alegato que venía a decir que se dejaban ganar para poder salir vivos del recinto.

Fue un gran campo de batalla ese durante los años veinte. Editoriales, columnas enteras, crónicas enfocadas única y exclusivamente a defender el honor local y arremeter contra las cabeceras cortesanas o de altas latitudes.

Caldo de cultivo que en 1924 llevó al famoso Excelsior bilbaíno, el primer periódico deportivo, a promover el cordón sanitario. Propuesta enfocada a aislar a las federaciones nuevas, a los equipos más jóvenes, en favor de proteger a los históricos. Encontrando rápidas adhesiones, empezando por el presidente del Athletic Club y acabando en documento firmado por la mayoría de territorios, con pleno en el norte, donde se comprometían a no jugar partidos, ni de selecciones, ni de clubes, con los desarrapados.

Es la ensoñación que se recuperó en aquella primavera del 27 cuando en la asamblea federativa las entidades, encerradas en ella, discutieron de abril a agosto el rumbo a tomar. La Copa para los históricos, trataba el primer borrador. Una competición excluyente en formato liga de campeones. Una recuperación del cordón sanitario a la que se sumó el Real Madrid, entusiasta ahora de aquella vía.

Imposible avanzar en nada dadas las posiciones enconadas de dos bloques tan distanciados como opuestos. ¿Por qué el glorioso Athletic, el más laureado de cuantos existían, debía arriesgarse al ridículo jugando ante el Betis? ¿Por qué el Valencia tenía que ser excluido achacándosele un bajo nivel que no era tal, como se veía en el campo cada vez que participaba en la Copa?

Los grandes, los campeones de Copa, querían el pastel para ellos solos. El resto apostaba por la libre competencia. Misma matraca que se enquistaría cuando el señor Urquijo, presidente del Athletic Club de Madrid, intentó desbloquear la situación poniendo sobre la mesa el modelo británico: Una Liga partida en dos divisiones para los mejores teams, y una Copa de todos contra todos.

Minimalistas vs Maximalistas

Quórum que apenas duró un instante. La necesidad de ganancias aseguraba la decisión de los representados en generar temporadas más extensas. Por eso la Liga fue aceptada al punto de ser aprobada por la asamblea de la R.F.E.F, estableciéndose las comisiones oportunas para redactar su reglamento y un calendario que diera cabida al invento en un universo donde los regionales conservarían su peso específico en el panorama balompédico.

Ah, ¿pero quién iba a integrar aquel torneo? Otra vez el follón. Los grandes, articulados a esas alturas en sindicato, la Unión de Clubes, con una única voz, volvían a sus trece: La liga, para los históricos.

El resto, sin embargo, encontró en la propuesta de la federación aragonesa el camino a seguir: La integrarían aquellos que durante los seis últimos años hubieran obtenido los mejores resultados tras sumar sus actuaciones en los campeonatos locales y en la Copa. Bingo.

Pero no hubo manera. La intransigencia de los campeones llegó a tal punto que, en una decisión sin precedentes, decidieron, tras innumerables y acaloradas discusiones, abandonar la Federación creando la suya propia. Tenían las de ganar, entendieron. ¿Quién iba a interesarse por tal competencia sin los que arrastraban al gran público, poseían los mejores y más grandes estadios y concentraban a todos los ases?

Fue un camino con cicatrices. Al señor Urquijo, por ejemplo, lo intentaron sobornar de mil maneras para que retirara su proyecto de Liga después de calumniarlo de infinitas formas. Ofreciéndole incluso un puesto en la Unión de Clubes. A nivel local, se camelaron a unos pocos prometiéndoles plaza en su tinglado a través de un complicado torneo de consolación, que no era otra cosa que una segunda división por grupos sin derecho a ascenso, si les daban sus votos. Lo cual generó casos como que el Espanyol abandonara la catalana escenificando su ancestral animadversión con el Barcelona. En València, Gimnástico, Castellón y Levante fueron a por el Fé-Cé por dos veces. La primera, ante la fundada sospecha de que no se presentara al torneo valenciano dada la coincidencia de fechas con la famosa Liga, obligándole a firmar una reforma en la cual se le sancionaria de manera severa si desertaba. Luego, seducidos por los cantos de sirena de los escindidos, fueron ellos los que quisieron dejar tirado al Valencia integrándose en el campeonato de consolación.

Meses de enconadas batallas y pleitos que incendiaron el mapa entero, aplanando finalmente el panorama de la siguiente manera: La Copa permanecía intacta, un torneo que uniría a todos. Aunque en un principio sólo iban a disputarla los clubes fieles a la Federación. La Liga Mínima, o Torneo de Campeones, integrado por Barcelona, Real Sociedad, Athletic, Real Madrid, Arenas de Guetxo y Real Unión de Irún. La Liga Máxima, auspiciada por la R.F.E.F., contaría con nueve equipos: Espanyol, Athletic de Madrid, Sporting, Sevilla, Iberia, Racing de Santander, Valencia, Murcia y Celta. A los cuales se les uniría Osasuna y Alavés meses más tarde. Y el Europa. Aunque ninguno de ellos llegó a competir en ella. Todos con sus correspondientes torneos del KO: La Copa Príncipe para los minimalistas; la Copa de la Reina para los maximalistas. Teniendo su pistoletazo de salida el 27 de septiembre de 1927. Concluyendo la temporada, sobre el papel, en junio de 1928. Torneos programados para solventar 144 partidos en dos años.

Una mezcolanza que dejaba curiosidades como ver al Valencia jugando dos partidos a la misma hora en dos puntos distintos de la geografía. En Madrid, la Copa, y en Mestalla, la Liga Máxima. Eran los tiempos, donde los primeros equipos, los reservas, y los segundos equipos no tenían la separación que les concedemos hoy día. Tres plantillas que eran una intercambiándose futbolistas dependiendo de las necesidades, representando igualmente a la entidad. Además, desde aquel enero el club estaba inmerso en una reestructuración salvaje propiciada por James Elliot, quedando en el equipo reserva viejos ases como Cubells, o jóvenes valores como Cano, castigado por una lastimosa actuación que le costó al club el Campeonato de València, asegurando tales descartes un equipito de enjundia.

Pero tal como puede intuirse, ante tanto barrizal y cosa rara, el invento no salió nada bien. Los maximalistas se destaparon como unos informales, regalándoles la razón a los poderosos. Pues ni siquiera se tomaron en serio su propio torneo, vendiendo a sus partidarios los encuentros de Liga Máxima, gentes que no llegaron a entender nunca el atractivo de tal competición, como meros amistosos. Fraguando un fracaso de taquilla, lo que justificaba su creación. Y acabando siquiera por presentarse muchos de ellos a los partidos programados. Massa car tant de viatge.

Pero no sólo no le veían la gracia los aficionados, la prensa tampoco. Este es el comentario que firmó Josimbar en La Correspondencia ante el primer partido de Liga disputado en Mestalla ante el Murcia, derrota por 2-3.


«La primera exhibición al público valenciano de partidos de esta categoría no ha tenido una respuesta unánime por parte de éste, ni mucho menos. Ayer no estuvieron muy visitadas las taquillas, prueba de la indiferencia reinante hacia esta clase de competiciones. […] Económicamente, un fracaso. Técnicamente, ni hablar. ¡Y pensar que este Club quería renunciar a jugar el campeonato regional y exigía un puesto en la primera liga! ¿Dónde iba a recaudar en un partido de éstos lo que contra el Castellón, Levante o Gimnástico? ¿Qué gastos tiene con éstos? No pensaron los dirigentes del Valencia (en su afán tan poco deportivo, al apartar a su Club de la contienda regional, la misma que le ha dado la importancia y el prestigio, al que tan inmodestamente renuncian al no medirse con ellos y sólo con los grandes equipos, con los teams ases) en lo penoso de los desplazamientos por nuestra península, y en los cuantiosos gastos que ocasiona, y lo que es más importante, la problemática actuación del Club en contienda semejante».


Por si el bochorno no fuera poco, para más inri, los minimalistas la estaban partiendo. Un éxito de público y crítica. De fútbol, emoción, y nivel. Tanto, que los adscritos a la R.F.E.F. modificaron la puntuación sobre la marcha para darle algo de atractivo a una competencia anodina. Así, que a mitad camino, las derrotas pasaron a valer un punto, los empates dos, y los triunfos tres. Asunto que benefició al equipo del murciélago, pues de ser colista acabó, dada su gran cantidad de empates y derrotas, en tan buena posición que superó a entidades mucho más potentes como Espanyol o Athletic de Madrid. Quilombo que apenas cerró 66 de los 144 partidos programados.

El festín se lo daría el Racing de Santander, un destacado de los últimos cursos gracias a su elenco de jugadores vascos, quedando su nombre inscrito como primer campeón de Liga de la historia (de una liga reconocida por la Federación) vista su aplastante superioridad sobre el resto, firmando un doblete al conquistar ante el Sporting la Copa de la Reina. Idéntico resultado en el otro lado, donde el Barcelona se llevaría los dos entorchados.

Llega la Primera División

A pesar de todo, la experiencia dejó poso y cierto buen sabor de boca. El triunfo a medias del experimento tendría un coste para los modestos. Ayudó a abrir vías de dialogo, recalcando la necesidad de crear un campeonato unificado. Sí. Pero el éxito de los escindidos les dio el poder para crear la competición según sus gustos y exigencias cuando se trató de fusionar ambos torneos. Que es de donde surge la actual Liga. Tenían el poder, incluso, para intentar retomar el cordón sanitario. Algo que enervó, de nuevo, al Valencia. Un club que en aquel transcurso descubrió su debilidad ante Madrid. Su poca fuerza, o incapacidad, para ejercer presión o defender su postura.

Tanto, que mientras todo lo anterior sucedía, se gestionaba la llegada de Luis Colina a la entidad. El viejo seleccionador, un hombre con contactos y agenda en el ente y en medio mundo que ante el nuevo panorama sería vital para que el cuadro mestallero no acabara donde el Gimnástico. Pues allí lo querían enviar los del cordón.


«Tanto los de la región valenciana como los de Murcia y Sur fuimos a Madrid con el susto que es de suponer, pues querían retomar el famoso cordón sanitario, por el cual dejaban a estas tres regiones completamente aisladas del resto. Osea, una vez acabado el regional, nos condenaban, esta es la palabra, a que para sostener la afición, mientras el resto jugaba el campeonato nacional, nosotros nos contentásemos jugando partidos a base de Murcia y Sur. Esta solución propuesta por los vascos era ‘la más justa, ecuánime y deportiva’. No sé qué entenderán estos señores por deportividad, pero fácilmente puede comprenderse que si esta ideíta hubiese prosperado, pronto hubiera decaído el fútbol en estas regiones, de tal forma, que su desaparición no se habría hecho de esperar. Figúrese lo que significaba estar jugando primero contra el Murcia, luego contra el Betis, contra el Sevilla, contra el Cartagena y vuelta al disco. Nada, que a los dos meses hubiéramos tenido que ir por las calles repartiendo invitaciones, y cinco duros encima, para que la gente se tomase la molestia de acercarse a ver cómo era el césped de Mestalla. Los vascos fueron por lo visto con el ánimo hecho de obstaculizar nuestra labor. Ellos propusieron aquello que nos dejaba fuera a Valencia, Murcia y Sur y al no ser aceptado esto, procuraron luego poner todos los peros e inconvenientes a lo que proponían los pobrecitos. Todo lo contrario que Catalunya, que teniendo al club que vive vida propia, el Barcelona, no dio más que facilidades, transigiendo en todo para encontrar una solución armónica».


La falla explicada por Luis Colina a su regreso de Madrid en julio de 1928. Cabecilla de una delegación integrada por otros dos hombres, a los que nunca se les reconoció su labor en aquellas negociaciones. Tratan de José María Hernández y Manolo Salom, representantes de la Federación Valenciana, que junto a Colina obraron el milagro a pico y pala. Uno que no hubiera sido posible sin la alianza del Barcelona, quien con su voz ayudó a que el Valencia, que venía de jugar unas semifinales tras tumbar al Real Madrid en la Copa, vencer al mismo Barcelona, o liquidar al Europa (una potencia en tiempos) no quedara ignorado.

Incluso así, el escenario presentado era tortuoso. Las tesis minimalistas imponían. La Liga era suya, aunque fueron capaces de transigir en que la última plaza, dado que aquel año no hubo un campeón de Copa inédito, se la jugaran en un torneo por eliminatorias los que mejor historial cosecharon en los últimos meses. El as en la manga que se sacó el patrón de pesca, causante de que en enero del 29 un Elliot cuestionado, y un presidente aplazando su dimisión ante el desastre económico que organizó, pusiera el carnet dejando a la comisión técnica y jugadores pergeñar alineación y táctica en espera de la cantada marcha del inglés. El peor momento posible para afrontar una jugada de aquel calibre. Un mal resultado que cerró un año crudo, donde la jubilación de los viejos ídolos de Algirós generó fuertes tensiones internas y en el entorno. Pues la primera eliminatoria de promoción a primera ante el Racing, en Chamartín, acabó en derrota con desempate, y atraco arbitral, que obligó al cuadro valentino a iniciar su andadura en la competición profesional enrolado en la segunda división.

Una, que siguiendo los tratados de los históricos, no daba derecho a ningún ascenso directo. Dado que cualquiera de sus integrantes debía esperar al tercer año para poder jugarse una plaza en Primera mediante una promoción que jugaría ante el último clasificado de la categoría superior.

Así empezó todo. Volviendo a manos de Fivébr para poner paz y reconstruir junto a Colina un equipo que necesitaba de nuevos bríos. Convirtiéndose en un cuadro repleto de buenos futbolistas catalanes para intentar el asalto a la Primera División. Encajando con esfuerzo aquella competencia en los esquemas mentales de un fútbol que mantuvo a los regionales como plato principal durante cinco años más, relegando a los campeonatos de Liga al cierre de curso. Importancia que le costaría adquirir, aunque su imposición sobre el resto, modificando de manera salvaje los roles y poderes de aquel fútbol que durante 30 años había impuesto su modelo, era ya imparable.

El deporte empezaba a ser una cuestión de dinero.


Todos los episodios de la #SerieCentenari aquí.


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