Mi Querido Tiburón.

Los discursos del presidente

Anil Murthy resulta el presidente más estrafalario jamás conocido, pero incluso así tiene puntos en común con la formal Layhoon. Un discurso tan repetido como veces aplicado, ninguna.

La cara del CEO de la Premier League era de pura incredulidad. En un acto de la FIFA sobre igualdad de género Layhoon afirmó sentir que gran parte de las críticas que recibía tenían raíz en su condición de mujer. Eran tiempos de Ayestarán. Semanas atrás, la etapa Neville había convertido al VCF en uno más del menú informativo británico, y fueron habituales, antes que eso, duros escritos en el New York Times y The Guardian sobre la estrafalaria gestión de Meriton en el club y la desmedida influencia de Mendes en las decisiones estratégicas de mercado. Como hombre de fútbol, Richard Scudamore no compartía que el machismo estuviera detrás de la crítica.

No fue su mejor discurso. «Yo soy el referente del vestuario. Yo soy Peter Lim» resulta, tal vez, su astracanada más legendaria.

La arrogancia y el victimismo fueron bandera de las comparecencias públicas de Meriton en sus cinco años en el poder. La misma Hoon era una experta en afear la gestión que les había llevado a comprar la propiedad — argumento comodín ante cualquier cuestionamiento—, como la de culpabilizar al entorno del desfile de una escandalosa y elevada cantidad de entrenadores en el último lustro para reforzar el supuesto papel estabilizador que venían a imponer. Se acabó eso de dar bandazos por perder cuatro partidos. Paradójicamente, ahora, ellos, en ese mismo período de tiempo, superan con creces aquella cifra. La de entrenadores, directores deportivos, secretarios técnicos, responsables de Paterna, médicos, salidas y entradas de futbolistas… Nada duró más de dos años. Pero con un matiz: «Hoy en día utilizar 15 entrenadores en 15 años no es nada extraño», afirmó Anil Murthy en The Athletic en recientes fechas. Si su costumbre de señalar el caos anterior a su advenimiento como método de legitimar su poder se derrumba ante la realidad se buscan nuevas vías dialécticas, porque ellos nunca se equivocan.

En el mismo medio, el delegado de Peter Lim en València recalca la estrategia empleada por su antecesora: «A muchos les resulta duro ver un rostro indio al frente del club». Encalar cualquier muestra de descontento en un asunto de racismo, machismo, identificarlo con el fenómeno ultra, o la intolerancia, apelar a la volatilidad o la demencia de la grada —«al principio de estar aquí un chico con una furgoneta casi me atropella, en lugar de preocuparse por mí me gritó ‘Peter go home’»— e incluso con el carácter fallero de la sociedad valentina es su peculiar manera de ocultarle al mundo las motivaciones del rechazo a su gestión; minorías desacreditadas ante la imagen de una agresión constante basada en odios o pasiones tribales y no en argumentos.

Nada novedoso por otra parte, Manolo Llorente fue pionero en esconderse tras la caricatura imperante del valencianista medio, sintetizado en aquello de «más allá de Requena». La diferencia es que a ellos sí les funciona en clave interna.

Por ello no resultan gratuitas sus recurrentes apelaciones a que la inmensa mayoría de la gente está de su parte. Viven, perciben, a diario un silencio atronador. Saben, conocen, porque han trabajado mucho en ello, la situación de desmovilización general del hincha y la ausencia de plataformas, líderes o referentes que conviertan la chispa en una llamarada. Es su principal conquista, y probablemente la única. Resulta un caramelo demasiado goloso como para no alardear de él. Así pues, en la famosa editorial de los falsos valencianistas —el mayor acto público de hacedme casito jamás mostrado por un dirigente— Murthy ya apela a la «mayoría silenciosa».

Como contraposición a una resignación que toman como aceptación a su gobierno solo encuentran selfies, aplausos… a cada acto social al que acude Anil es la estrella.

También choca comprobar el cambio en las varas de medir. Cualquiera de las aceptaciones contadas o padecidas bajo una administración anterior hubiera sido motivo de revolución. A Juan Soler, por ejemplo, una risa nerviosa en el palco tras una goleada en contra frente al Athletic finiquitó su presidencia, persiguéndole todavía cada vez que se menta su nombre. Que Murthy mandara callar a Mestalla, aderezado con una sonora carcajada en esa especie de disculpas a medias —nunca verbalizó tal palabra— realizada ante la tv tenedora de los derechos de la Champions, sumado a sus perfiles en Whatsapp haciendo mofa de ello, le ha salido gratis. Incluso el único acto de desaprobación pública que conocemos, surgida en una cena en la Agrupació de Penyes, sirvió para centrar el foco en la mala educación del chico que se negó a darle la mano más que en la motivación de no saludar a un dirigente que no ha hecho otra cosa que retar al aficionado desde aquella famosa editorial de noviembre del 2017.

Cualquier cuarto trasero aposentado en el pasado en el sillón presidencial no pudo ni soñar con gozar de un ambiente de gracia, comprensión y constante justificación como el disfrutado por Meriton.

La mayor diferencia respecto a Hoon es que Anil sí entiende el juego. Participa, y lo hace bien. Una habilidad que ha convertido a la Asociación del Pequeño Accionista en la del máximo accionista. Agenciándose igualmente la adhesión inquebrantable del órgano de gobierno de las penyas transformándolo en portavoz esporádico de Murthy, papel en el cual vimos a su presidente durante los momentos más crudos de la crisis del 11-S en uno de los ejercicios más bochornantes de esta etapa.

No se puede negar que desde el punto de vista de los intereses de Meriton resultó ser un ejecutivo eficaz.

Como diplomático sabe de la importancia de la influencia y las relaciones. En su trabajo de fontanería se recuperaron los grupos de Whatsapp, los cafés, las cenas, los privilegios, los contratos de publicidad… todo aquello que criticó — «desde que Meriton tomó el control del Valencia un cierto número de falsos aficionados de distintos sectores han intentado dominar las noticias sobre el VCF, y han vendido noticias falsas y mentiras a nuestros verdaderos seguidores. Estos falsos valencianistas son ruidosos y están motivados por sus propios intereses, no por los del VCF, y ciertamente no por los intereses de los verdaderos aficionados» es aplicado ahora para regresar a la vieja lógica que lleva a desacreditar al crítico con el manido mantra del le odian porque no les filtra. En presentar al discrepante como el enemigo se reduce todo. A nivel social es efectivo gracias al patatero entorno y a la mamarrachez de la escasa ‘oposición’ activa. No deja de ser un triunfo por incomparecencia. Lo saben. Lo vieron. La llegada del dueño en plena vorágine en la noche del gol de Courtois pasó tan desapercibida que no hubo ni fotos. De ahí nacen esos aires de suficiencia y la actitud frentista y chulesca en sus discursos: Sus actos nunca tendrán consecuencias.

Además, cuentan con un ejército de perfiles en redes sociales que entretiene al personal discutiendo sobre el sexo de los ángeles o asediando hasta acallar la más mínima deserción de la doctrina oficial. Dividen y ganan en ambos frentes. Tal como ocurrió durante el solerismo, los vetos, las listas negras y las mordazas vuelven a estar de moda.

Aterra recordar las consecuencias de aquel silencio cómplice, imposibilitando atajar a tiempo un problema negado mil veces que sitúo a la entidad al borde de la desaparición. El tiempo dirá en qué desembocará esta vez la insalubre resignación que campa entre la masa social.

Ante esa sabiduría de servicio de inteligencia que aplican con maestría, uno de los peores vicios y errores habituales que se cometen está en el desmedido afán por ridiculizarlos. A Meriton no se le escapa nada. El trasunto de comisario político representado en Kim Koh recibe transcrito y traducido con eficiencia todo lo que se publica en prensa escrita, redes, foros, blogs, webs, digitales, radios y podcasts. La reciente compra en subasta por parte de Peter Lim del 2% de Juan Soler para evitar una posible amenaza de aglutinar un 5% que rompa su apacible mando sobre la sociedad es una pequeña muestra de que no dejan ningún detalle al azar. Tienen ojos, boca y oídos en todas partes.

Una obsesión por el control a la que no escapa hueco o ventana en la fachada de Mestalla, reutilizados para evitar que se cuelguen pancartas críticas, viralizadas en redes, que desde su llegada ya no se dejan mostrar en el interior. ¿Hartos de contestar preguntas incómodas en rueda de prensa? Ya no hay preguntas en sus escasas comparecencias públicas. Su influencia ha conseguido que la figura de Mendes pase de omnipresente en la actualidad informativa a ser inexistente a pesar de intervenir, directa o indirectamente, en el 68% de las operaciones que se han realizado bajo administración singapurense. Figura central en sendas voladuras del proyecto deportivo en 2015 y 2019. Siquiera hay presentaciones. Desde Meriton cualquier acto social ha sido erradicado paulatinamente. Un desprecio recalcado por el propio Murthy recientemente, «si haces un acto aquí cerca, con jugadores, va mucha gente. Te hacen muchas fotos. Pero al día siguiente ya no se acuerda nadie. ¿De qué sirve eso?» Misma lógica que les llevó a inhibirse totalmente del centenario, rescatado por la acción popular, la Fundación y el empuje de personas como Fernando Giner; al que encima cobraron el alquiler del estadio para organizar el partido de leyendas.

Una ansiedad madre de la pantalla que intentan crear sobre València para manejar la percepción externa sobre su gobierno. De ahí nace la financiación de un Fanzine en inglés, para reforzar la influencia en la conversación digital. Invitar a gastos pagados a una incipiente y potente publicación americana, The Athletic, recién aterrizada en Inglaterra, para un publireportaje —vuelto en contra— o su constante necesidad de escenificar su fuerza, que empezó con la expulsión de Kempes. Seguida con la de un socio por llamar calvo al presidente, bloqueos en redes, cancelar un acto contra el cáncer por las críticas vertidas por Cañizares, instalar una megafonía que supera los decibelios aconsejables para la salud para silenciar cualquier protesta antes o tras los partidos y continuada con aquella reunión en Mestalla con los empleados donde no se les dijo nada, pero que externamente vestía muy bien su actitud dominante.

La política del conmigo o contra mí es el sesgo que explica la desautorización pública a Celades en la famosa entrevista al diario británico. Todo un mensaje a navegantes, el cual hay que leer en un contexto donde el entrenador andorrano empezó a mostrar colmillo y hartazgo ante las estrafalarias decisiones de Anil en la gestión posicionándose al lado de una plantilla que ya había mostrado desacato contra la propiedad en varias ocasiones. «Por fin empieza a decirse, “mirad, nosotros gestionamos el club”. Tenemos que tener las agallas de decirle a cualquiera que no importa lo buenos que sean tus resultados, o lo popular que seas en la ciudad, que se va a la calle, incluso un futbolista, si públicamente crítica al club o al propietario. Hay que ser claros y tener las agallas para decírselo».

Pero si no le quedó claro a alguien el papel testimonial del técnico en el mundo Meriton, —«estoy aquí para ejecutar las instrucciones del propietario como un funcionario»— acotó más sus atribuciones reduciéndolas a las de un mero corredor de bolsa: «Quiero un entrenador que diga: voy a recomendar buenas inversiones al propietario, no porque hoy sea viernes y quiera ganar el lunes, sino porque quiero que el propietario tenga un modelo sostenible de inversiones y ventas durante los próximos años».

Escenificar, esa es la palabra. Si uno repasa con esmero todos los discursos empleados desde 2014 se dará cuenta enseguida que fue el mismo en todo este tiempo. Un disco rayado regado con sonoras contradicciones. Cinco temporadas recalcando conceptos que jamás se aplicaron en la práctica. Anil, en la Gazzetta dello Sport, advirtió hace once días de un magno plan trazado para esculpir al VCF como un top europeo en diez años vista olvidando que tal retórica ya fue empleada por el mismo Peter Lim en su aterrizaje, reflejada en un plan de negocio para justificar la compra de acciones ante Bankia indicando que a estas alturas la entidad ya debería estar situada entre los más grandes en la lucha por el cetro continental. Libre de agobios financieros en virtud de unos ingresos disparados hasta los 250 millones anuales, en una previsión conservadora. Si todavía hay que esperar diez años, ¿de qué han servido estos casi seis bajo su mando?

Tampoco es necesario viajar tan atrás, tan pronto como el 27 de mayo, en su discurso en la Generalitat durante la recepción institucional a los campeones de Copa, mostró un talante más cortoplacista: «No vamos a parar nuestros esfuerzos para seguir mejorando y creciendo. Hay que seguir trabajando duro para que los éxitos sigan llegando. Es el principio de una nueva era. El mundo sabe ya que el VCF ha vuelto y que quiere asentarse todos los años entre los mejores de Europa».

Es su particular «no queremos vender a Paco».

La simbiosis entre Layhoon y Anil se repite en la obsesiva apuesta por la cantera. En uno de los últimos anuncios incumplidos de la presidenta, en diciembre de 2015, en plena junta de accionistas, la mano derecha de Lim advirtió de una próxima presentación en sociedad de un ambicioso plan de remodelación y expansión de la Ciudad Deportiva llamado a convertirla en un lineal de talento equipada con la mejor tecnología y los mejores profesionales. Seguimos esperando. El mismo contraste entre las palabras y los hechos que se comprueban cuatro años después. Resulta llamativa esa insistencia en gente que no tiene reparos a vender a un referente de la escuela subidos a un barco a las tantas de la madrugada entre copas de vino y caviar desatendiendo a técnicos y socios; como lo son los constantes bandazos vividos en Paterna, donde las escabechinas y los despidos vienen por oleadas y de manera masiva. Reduciendo personal acabando con los históricos que llevaban 18 y 20 años ocupándose de los juveniles, modificando la dirección una docena de veces hasta situar en la punta de la pirámide a un tal Sean Bai, al que basta abrir la boca para evidenciar que lo más redondo que vio en su vida fue una hez de rinoceronte.

En esas manos está la cantera. En las mismas que desde su llegada en 2014 no movió un dedo ante la fuga de muchas de sus grandes perlas rumbo a Inglaterra o Barcelona. Impertérritos ante el hecho de que uno de los últimos productos potables de la factoría no solo siga sin oferta de renovación acabando contrato a final de temporada, sino que lejos de aprovecharlo ante una urgencia se escudriñan cuartos y quintos centrales de medianías para jugar trece partidos. O que Gonzalo Villar sirva para la Roma, pero no para un VCF al que quieren reducir a un proyecto de canteranos y «refuerzos estratégicos». O que desatendieran en junio, con desprecio, las advertencias de Mateu Alemany sobre la conveniencia de renovar a Ferran para no llegar tarde, no abordando el asunto hasta finales de noviembre para quedar ya vendidos ante el mercado. No se entiende muy bien esa insistencia en la necesidad de vivir a base de perlas y destrozar un proyecto con el mayor número de canteranos en el primer equipo en una década. O liquidar, no sustituir, mejorar o implementar, liquidar, al poco de cumplir un año de vida el único conato de red de ojeadores internacionales y captación de talento que se inició con Pablo Longoria.

Tampoco la ausencia del Big Data en una entidad con serios problemas para gastar dinero en jugadores maduros y en rutilantes jovenzuelos. O una secretaría técnica que vaya más allá de dos o tres personas… a las que encima rara vez se les atiende.

Una escenificación constante, una verbalización machacona trufada de grandilocuencias que en cinco años y medio no ha dejado ningún tipo de cimiento. Nada. La volatilidad como norma. Hoy esto, mañana lo contrario. Lo poco que hay es lo que le dio tiempo a hacer a Amadeo Salvo, incluso el programa de Gloval Academy sigue vigente en las mismas condiciones.

Ni entienden el negocio, ni sus tiempos, códigos o ritos, ni hacen nada por entenderlo, reacios a rodearse de lo que no surja de su reducido universo. Siempre que se presenta la posibilidad, se desesperan en pedir disculpas públicamente a Neville por la pesadilla que le hicimos pasar, para a renglón seguido lanzar sospechas e insidias infundadas sobre aquellos que les hicieron ganar. Porque quieren ganar, dicen, pero derruyen los dos únicos proyectos ganadores utilizando el mismo argumentario. Quieren crecer, afirman, pero el único crecimiento real llegó por el aumento del contrato de TV y de los premios Champions, no por ningún tipo de gestión. Quieren cantera, repiten, pero Paterna es un queso gruyer. Quieren expandirse, recalcan, pero a los cinco meses de llegar cerraron las oficinas en Singapur y Barcelona.

Quiero que me queráis, pero cada vez que hablo os estorrufo. Quiero que me entendáis, pero no hago nada por entenderos. Quiero que me conozcáis, pero me aislo cada vez más. Una visión de la vida, sea cultural o formativa, aristocrática, típica de hombres de dinero y poder en la que la clase dirigente solo se puede mostrar implacable con el subordinado.

Es la razón que se esconde tras la saña y el salvajismo con el que aniquilaron el breve éxito experimentado en un lustro, simulando en ocasiones parecer molestarles que el VCF vaya bien. En instantes donde tener un dueño millonario debería cobrar más sentido que nunca se empeñan en jugar en contra. Esos egos desmedidos, su actitud clasista junto a lo vacío de contenido que está su sermón muestran la debilidad que atesoran. De ahí esa necesidad de pose autoritaria y muestras públicas de fuerza. Apenas tienen hechos con los que contrarrestar el hartazgo popular. Uno basado en evidencias. El capital amasado en dos años en los cuales sólo se practicó el fervor y la felicidad al haber sido capaces de conjugar la fórmula deseada desde el primer día, olvidándose todo el mundo de Meriton —sería ese el problema— y su pasado, lo han dilapidado con una estupidez digna de un premio. Insistir en transitar por caminos fracasados no podía tener otra respuesta, que incluso con todo fue tan discreta como blanda por la dictadura del resultado.

Beneficiados ante tales silencios todavía apelan insistentemente a su contradicción favorita para sofocar las ansias, va sobre la conveniencia de rendirse ante las grandes potencias por la imposibilidad de competir con ellas. Un discurso que ha sonado hasta en la presentación del libro del centenario, titulado LA VOLUNTAD DE QUERER LLEGAR, quebrando la referencia al inconformismo que levantó a una entidad llegada última a una ciudad con tres grandes equipos, imponiéndose a todos sus enemigos dentro y fuera de sus fronteras a base de empeño y pericia a pesar de disponer de la mitad de sus recursos. Una muestra más del afán despersonalizador y erradicador de cualquier tipo de rasgo propio. Mostrar carácter es tomar posición, tomar posición, aunque erosionen tus derechos como club, es crearte enemigos. Y se trata de poder hacer negocios con cuantos más clientes mejor.

Es el gran riesgo que asume la institución, afrontar los años veinte del siglo XXI, llamados a una transformación radical de las competiciones, del modo de entender el fútbol y sus roles, a manos de palabras, huidas hacia delante, divisiones y apalancamientos en lugar de estar preparándose y fortaleciéndose para afrontar el escenario del futuro. El VCF está ante el último tren que pasará por su puerta y no hay nadie en la estación.

2 comments on “Los discursos del presidente

  1. Anónimo

    Estoy muy de acuerdo con todo, pero que se puede hacer,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s