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luanvi en la era del cambio

Introductora del naranja, del negro, y madre de las equipaciones más icónicas de los últimos veinticinco años, la valenciana luanvi llegó sin hacer ruido y se marchó dejando una serie de colecciones que todavía hoy predominan sobre sus sucesoras en belleza y aceptación social.

Todo cambió en los noventa. Los maillots clásicos, sencillos, se abrieron a la experimentación con estampados, colores llamativos y texturas. Una revolución estética que entró por Europa. Aunque su incidencia aquí, como todo avance, llegó por la vía lenta. Más allá de algún ribete de color morado en mangas o camales del Real Madrid la reacia estética no se atrevió a modificar las primeras equipaciones hasta mucho más tarde, quedando el cambio circunscrito a las suplentes.

La camiseta naranja del Barça en Wembley fue lo más rupturista. La azul a pinceladas del VCF, con su versión naranja, de un año antes, la antesala.

A mediados de la década, al calor del boom de la zamarra del BVB campeón de Europa con su amarillo fluor invadiendo los patios de colegio de medio continente, es cuando se abren las puertas de par en par. Sin embargo, en el pueblo de Mestalla la revolución entró algo antes a manos de un Paco Roig decidido a comportarse como elefante en cacharrería, teniendo sus ansias rupturistas una especial incidencia en la moda valencianista. Fue la era de la recuperación del negro, que como todo, se hizo a paso lento, iniciándose por las calzas.

Son años donde luanvi, llegada en la 93/94, empieza a dejar su impronta, estableciéndose como un referente con diseños que han marcado la era contemporánea, coincidiendo su estadía con los grandes cambios estéticos emprendidos en su tiempo. Pues a la introducción de las calzas negras de un año antes le sigue en la 95/96 el pantalón negro, cuyo color se introduce igualmente por vez primera en la zamarra. Una equipación deliciosa, sin grandes alardes, con pequeños trazos en mangas, hombros y cuello que convirtió a la principal en la posiblemente mejor primera equipación de siempre.

Precisamente, la fuerza de la marca valenciana, tras un tímido inicio, reside en la colección de aquel curso adquiriendo un poder icónico que todavía perdura. La línea de sudaderas y chándals, por ejemplo, se han convertido no sólo en objeto de coleccionista sino en un referente de la moda retro. Viéndose hoy día en grandes cantidades por calles y parques gracias a la calidad propia de los tejidos anteriores a la era del usar y tirar y ese diseño fresco que le impide desentonar con las tendencias actuales.

Su primer atrévete nació con con la segunda equipación, a modo de avanzadilla, pues siguiendo la costumbre de entonces las equipaciones, tanto primeras como segundas, se elaboraban para al menos dos temporadas. La azul con la senyera en el hombro es la primera obra que marcó tendencia y cuya adoración sigue en vigencia. De la camisola de la 94/95 a la de la 95/96 solo cambió el patrocinador. Sin embargo, la blanca modificó su cuello y añadió una marca de agua a un tejido más brillante. Un género, este de la senyera, que luanvi supo reinventar desmarcándose de unos 70 y 80 sobrecargados de senyeras clásicas.

El paso definitivo para abandonar el rojo, el rojo chicle que ella misma elaboró en su primer año, quedando entre todos sus hitos el ser igualmente la última firma en emplear el clásico color. Y la antecesora del probablemente único borrón de luanvi en su largo vínculo con la institución, pues la azul marino de cuello blanco que le siguió quedó marcada por el 7-0 de Karlsruhe. Un ropaje que podría considerarse agradable, pero que tras aquello no volvió a utilizarse considerándose maldita.

Concepto este de deconstrucción de la bandera repetido en la 96/97. Ese verde noche con detalles en amarillo y las cuatro barras degradadas de manera horizontal no mantuvo en el tiempo el éxito de otras, aunque sigue siendo una de las camisetas más representativas. Es la que pinta el gol de Mendieta en San Mamés (sí, vale, y también el desastre de Salamanca). El previo al nacimiento del VCF contemporáneo del siglo XXI.

Pero donde realmente luanvi marcó tendencia para siempre fue a partir de la 98/99, introduciendo el color naranja.

Una colección la de tal curso que pasa tan o más desapercibida como las primeras que elaboró, pero que guarda una belleza inusual. Si la valenciana es culpable de introducir el negro en la zamarra, copiado por todas sus predecesoras, también lo es del naranja. Pues los sutiles detalles en mangas y cuello de aquel diseño pionero se ha repetido hasta la saciedad en el siglo XXI.

Trataba de una camisa más elegante que la anterior bajo el patrocinio de Ford, sin estampados, aunque con el mismo brillo. La vestimenta con la que eclosionó todo y se firmó una Copa del Rey espléndida, sumando otro alarde de modernidad, no establecido hasta la segunda década del siglo XXI, al aparcarla en el último partido para estrenar en la misma final la equipación del curso siguiente donde se abandonaría para siempre las medias negras. Otro detalle del que es culpable la firma del aspa.

La significancia de aquel curso está en la segunda. Fue la introducción de la camiseta naranja, impulsada por una pretemporada marcada por la Intertoto donde se usó de equipación titular. No resultando ni mucho menos el primer intento de una marca en establecerla. Al tan fallido como efímero modelo de los 70 le siguió la réplica de Puma en 1992. Pero en ningún caso cuajó, hasta el alumbramiento de la de 1998.

Éxito tan rotundo que la tela no solo consiguió cambiar los colores del club para siempre, es que acabó mutando la primera equipación del equipo de Basket de la ciudad por puro contagio. Llevando al resto de competidores a la incapacidad de innovar replicando el modelo ante el furor que suponía. Acostumbrándonos a ver finales donde la grada valencianista era totalmente naranja, color de guerra cuya influencia va camino de sustituir en impronta y longevidad al rojo que marcó la historia del murciélago desde 1927 hasta 1993.

Una combinación con detalles en negro que no abandonó la senyera, introduciéndola en el cuello.

Concepto muy similar al que firmó en su último curso vistiendo a la entidad. La de la 99/00, con la que se jugó la primera final de Champions en la historia del club (como se hacía en las de Copa de rojo) manteniendo la línea a pesar de rectificar cuello y mangas.

Un The End que trajo también una importante novedad, por vez primera cosió una tercera equipación para la competición europea y momentos puntuales. Aunque su uso finalmente resultó anecdótico. La extraña camisola mantuvo el detalle naranja reforzando las líneas horizontales en gris. Una tela sencilla y bella, desapercibida en la memoria colectiva que se usó en la previa ante el Hapoel Haifa y en el partido de vuelta de cuartos de final frente a la Lazio, en Roma, para no vestirla más a pesar de poseer un indudable atractivo como complemento de moda urbana.

Despedida que puede considerarse idílica, pero no exenta de momentos desagradables, pues a la alianza del club con Nike firmada varios meses atrás (donde se incluía la obligatoriedad de construir una megastore oficial, algo de lo que se carecía hasta la fecha) le siguió una serie de presiones, con bastante dinero sobre la mesa, para que luanvi no vistiera al equipo en la final de París. Afortunadamente la valenciana aguantó su postura de no soltar algo tan histórico e importante como ver al VCF en un pico tan alto en manos de una marca local que encima, con el paso del tiempo, se ha convertido en mítica al haber elaborado los mejores diseños, y más queridos, de todas cuantas vinieron tras ella.

Por alguna razón todavía hoy, en Mestalla y finales, siguen predominando sus camisetas sobre el resto de marcas.

Estar en una era de cambios puede ser algo sencillo, pero saber moverse en ella y dejar huella es algo más complicado. Luanvi forma parte de los mejores momentos, y recuerdos, de los últimos veinticinco años. Básicamente se podría considerar como la vestimenta, en mayúsculas, del club, la primera, igualmente, que apareció en un videojuego en el que Mendieta fue portada cuando estos empezaron a renderizar estadios y equipaciones reales de los clubes de los que tenían licencia. Un paso de siete temporadas, longevidad sólo superada por su sucesora, irrepetible donde no se encuentra reproche alguno a sus diseños.

Es, en definitiva, iconografía contemporánea.

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