Equipiers

Gracias; adiós; perdón

La primera crack, el primer referente histórico del VCF femenino se marcha regada por la misma maldición que sufrieron todos los ídolos de Mestalla, en silencio, por la puerta de atrás, y de manera incomprensible. Pero con el cariño y el grato recuerdo de su paso y estancia en Paterna por parte de los que la vieron jugar.

La frustración de tantos noes hizo que llegara a cuestionarse por qué había nacido niña. Tal era la fuerza de querer ser futbolista que poco importaba lo demás.

Una vocación tan intensa como los impedimentos que no le permitían realizarse condujo a Mari Paz Vilas por un camino de piedras teniendo que sortear desde la insistencia de su madre a que probara el baloncesto, donde la presencia de la mujer estaba normalizada, hasta la inexistencia de fútbol femenino en su Galicia natal. Todo en contra, pero la llama bien encendida y una determinación en ser jugadora que le hizo seguir adelante a pesar de todo.

Es la experiencia, casi su sello vital, desde la cual adquirió el arte y los secretos para romper defensas que tan bien trasladaría al césped. El empuje, que harta de ser acompañante en esas escapadas furtivas para no confesar en casa que en realidad no jugaba al baloncesto, le llevó a pedirle a su mellizo que preguntara a su entrenador si ella también podía jugar con ellos. El atrevimiento que le regaló el primer sí, la semana que cambiaría su vida para siempre. En siete días ya estaba federada, en unas jornadas más, y a sus siete primaveras, compitiendo en un equipo de chicos, hasta los 14, convirtiéndose junto a Miriam en la única gallega con ficha.

Son todos los sinsabores y el barro que les toca padecer a los pioneros para que las nuevas generaciones gocen de comodidades, la parte de la historia que siempre se ignora: Ante un derecho conquistado siempre hubo un sacrificio previo. A la normalidad de un fútbol femenino profesionalizado le precedió un deporte hiperprecarizado. Es donde Mapi se hizo jugadora de primera, mundos donde el Levante ganaba ligas y el Barcelona jugaba en segunda. Muchachas que entrenaban en campos de tierra, sin agua caliente y apenas sin luz, mientras sus estudios secundarios marcaban el inicio y el final de sus carreras, hasta contar con instalaciones de primer nivel y un sueldo que les permite, aunque todavía sólo a unas pocas, dedicación exclusiva. Del vacío mediático a partidos televisados en abierto.

Hoy Galicia ya tiene equipos, campeonatos, y el pueblo natal de Mari Paz, Villagracia de Arosa, bautiza con alegría el estadio municipal con el nombre de una futbolista que creció sin referentes femeninos en el fútbol, consagrando su vida a cumplir el mayor de sus sueños.


«Cuando era pequeña no me imaginaba en la vida que alguien, cuando yo tuviera 25-30 años, quisiera parecerse a mi. Lo que yo puedo sentir no sé explicarlo, porque yo llevo años trabajando duro, he tenido que dejar muchas cosas atrás por el sueño de ser futbolista, solo de serlo, pero lo de ver mi nombre en la camiseta de otras personas, que las niñas se quieran parecer a mi… eso es la leche. Es brutal».


Confesiones en El Patio, otra muestra del progreso de un deporte que ya cuenta con youtubers capaces de sentar en el sofá tanto a estrellas emergentes como a consagradas.

Es la voluntad de querer llegar la que marca su estilo, presiona sin descanso a centrales y pelea por balones hasta la saciedad, porque para ella el colectivo prima sobre lo individual. Una filosofía aprendida en su lucha que le lleva a ponerse de portera en los entrenamientos para ampliar repertorio, y que no contradice una colección de goles de chilena como pocas se han visto en el universo del balón. Fintas y regates que advierten que no reniega de una calidad que le llevó a ser protagonista en todos los clubes que chafó, ganando Ligas y Copas en el Levante, conquistando títulos en Espanyol y Barcelona con goles decisivos en todas las campanadas. Éxitos que iba encaminada a repetir en València hasta que el misógino y retrogrado de Anil Murthy aterrizó en Mestalla y dilapidó el crecimiento de un equipo que pasó de jugar finales de Copa y luchar por el podio a evitar su regreso a segunda gracias a la pandemia.

Es ese derrumbe de un proyecto forzado a vivir de subvenciones públicas e ingresos propios la que le ha arrancado de un equipo, y una tierra, que ya siente como suyos tras diez años sirviendo en ella.

Trata de la Cubells de un Valencia Femenino que hereda la determinación de aquellas muchachas del Fé-Cé que rompieron moldes en los años 30. Las continuadoras de Consuelo García, Nati Mora o Eloísa, que al igual que las actrices del Ruzafa han tenido que sobreponerse al machismo, la burla, la incomprensión o la precariedad en pro de plasmar su pasión: «A día de hoy sigue habiendo mentalidad machista y muchas veces la educación de muchos padres sugiere que las mujeres están hechas para otras cosas. Se está cambiando esa mentalidad gracias a las madres jóvenes, que se dan cuenta que sus hijas pueden hacer lo mismo que sus hijos». Palabras en una conferencia en la FVF. Una conciencia de clase que aplica en su campus, incorporando la educación y la salida académica al programa deportivo, una novedad en una industria donde las grandes estrellas suelen utilizar estos eventos para sacar réditos personales sin ocuparse del cuidado de los alumnos o de infundir valores. Predica con el ejemplo, pues Mari Paz ha compaginado toda su vida deportiva con los estudios, licenciándose en fisioterapia. La vía que emprenderá una vez cuelgue las botas si antes no acaba ejerciendo de entrenadora, sacándose el título está, o directora deportiva, con el curso ya acabado, en algún club. Facetas en las que se siente cómoda, un plano, el del liderazgo, que le hace crecerse al sentirse como pez en el agua. Es, era, su rol en este VCF.

El destino de una joven que creció sin referentes y que acabó convertida en uno para muchos otros. El rostro que durante años ha identificado al VCF, con el que ha hecho historia en virtud de sus 132 goles en 195 partidos, una cifra que la sitúa por encima de ejemplares como David Villa, un futbolista con el que curiosamente comparte características y movimientos. Y todo transformándose año a año, según la edad y el contexto, sin perder su fútbol.


«Yo ya he entrado en la historia de uno de los clubes más grandes del mundo. A cualquier futbolista que empiece y le pregunten si firma entrar en la historia de un club grande seguro que lo hace. Yo al menos lo firmo. Para mi es un orgullo superar los datos de un estandarte como David Villa».


Una historia compartida con un equipo al que aceptó venir desde las alturas para hacerlo crecer y participar de sus ambiciones, algo poco común en el deporte, y tal vez, la razón por la que duela tanto ese trato final. La llamada que esperaba que fuera la de su renovación, una esperanza regada con imputs que le hablaban de la voluntad de renovarla y la satisfacción con su rendimiento, resultó ser la que le informó de su salida. Un shock, un terremoto emocional, del que todavía le cuesta sobreponerse. «EL momento de ponerme otra camiseta va a ser duro. Me voy a ver con otra camiseta, defendiendo otros colores, y va a ser muy duro. Esta es como mi casa», le dijo a Esport Base. Más que nada porque llegó con un nombre a una entidad que no lo tenía, porque rechazó durante años ofertas bastante suculentas por encontrase bien a gusto aquí. Porque desarrolló un vínculo emocional con la entidad con lo complicado que es eso en el mundo moderno.

Aunque en el fondo trate de una liberación vista la deriva del equipo. Despojado de herramientas para poder luchar por objetivos reales. Sumido en unos vaivenes y descapitalización que ha llegado también al primer equipo. Es casi un reflejo de lo que estamos viviendo con los hombres en el post centenario. Con la salida de Cristian Toro y varias jugadoras referentes se pasó de luchar por la Champions a evitar el descenso. Una ansiedad vital que refleja Mapi en Nostresport de una manera meridiana: «Afecta, afecta a nivel mental ver que estás en un equipo mermado. Psicológicamente es duro de asimilar ver que el VCF va para abajo un año tras otro y ya no lucha por estar entre las cinco primeras plazas. Cada vez se hace más difícil de llevar a nivel mental. Las jugadoras necesitamos luchar por objetivos para mantener la ilusión, y hemos estado dos años en un equipo que no podía luchar por nada. Nuestro objetivo este año era no descender, y a mí eso me mataba».

En tiempos de pandemias, como tantos otros, se marcha en silencio. Sin la oportunidad de hacerlo desde el terreno de juego, sin el sonoro aplauso de la grada, las emociones del último match, ni el agradecimiento físico de los suyos. Se lleva, en cambio, trascender como la primera referente de un club que quiso ser pero que no le dejaron. Una víctima más de una institución que jamás supo despedir a los suyos, ni pasar página sin caer en la tragedia o el maltrato.

Mari Paz, como todos los de su estirpe, se va sin un adiós, ni un gracias, ni un perdón. Aunque los obtendrá, como ocurre siempre, con retraso, con el paso del tiempo y el recuerdo de una historia que ya le pertenece.

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