Mi Querido Tiburón.

Llámalo negligencia

Una deuda disparada, una gestión deportiva caótica, un despropósito institucional... los salvadores han acabado siendo más de lo mismo sin haber conseguido en seis años solucionar ninguno de los problemas del club, despertando al fin la ira de una masa social que más allá de mostrar su descontento no encuentra vías de escape a Meriton.

«Quizá no les soy tan necesario porque el barco ya va», es la frase más desapercibida de la comparecencia que Mateu Alemany dio el pasado 13 de noviembre para despedirse tras dos años al frente de una entidad que cogió sin rumbo, abocada al desastre. En síntesis, define la chaladura de gestión, las dañinas tomas de decisiones y el estrambote de seis años de Meriton, y a un nombramiento que llegó por vía de urgencia, totalmente alejado de la convicción o motivado por las ganas de construir proyecto alguno.

En marzo de 2017 el VCF asumía que en junio de ese año acumularía 90 millones de pérdidas en sus balances tras tres años bajo gestión singapurense. Llegaba a su fin, para más inri, la carencia con Bankia. Un balón de oxígeno otorgado para aprovechar ese tiempo en fortalecer las finanzas y poder invertir en un equipo que tirara del carro desde el césped. Sin embargo, ese preciado tiempo se malgastó en Negredo, Aderlan Santos, Neville, y demás fauna en ausencia de estructura deportiva que parió otro despilfarro de recursos a los que tan acostumbrados estamos en esta década de plomo.

Ante unos números aterradores, regresar a la Champions era una necesidad imperante para no entrar en zona pantanosa. Por eso Mateu; por eso Marcelino. Ante esa tesitura, Longoria. Una reconstrucción sin dinero; sin el catálogo de Mendes, pero con conocimiento del mercado; contactos; credibilidad, que atrajo futbolistas que de otro modo jamás hubiesen llegado; estructura y mucho trabajo de gente preparada que conocía la industria. Una red de seguridad necesaria para atravesar cualquier tormenta sin riesgo al naufragio.

El abc del fútbol, tan básico que abochorna tener que reivindicarlo a todas horas.

A pesar de los evidentes resultados, la revalorización de activos, la recuperación de una masa social en estampida, y la vuelta a titulares positivos hablando de futuro en lugar de decadencia y depravación, e ingresos menguantes otra vez crecientes, la ilógica que guía a Meriton lo volvió a romper todo.

Dada la insistencia es lícito hablar de un camino que les sulfura, del que una y otra vez han renegado. Siempre esgrimiendo los mismos, repetitivos, falsos, y torticeros, argumentos para justificar su voladura. Todo para dar paso a un desastre deportivo que tuvo, ha tenido, y tendrá, consecuencias funestas en las cuentas de la entidad. Una gestión que se traduce en impagos a la plantilla, reducción de ingresos de al menos 65 millones, y una colección de futbolistas devaluada en su incesante búsqueda por la ‘tranquilidad’ para mover, vender y comprar, sin entrenadores que opongan resistencia por pensar en ganar, ni en técnicos que se impulsen en lógicas deportivas basadas en el crecimiento. A pesar de que sus más acérrimos defensores esgrimen el mal asesoramiento como salvoconducto a sus desmanes, siquiera estos aventajados fabricantes de excusas que gestionan el club pueden quejarse de no tener, o haber tenido, personal disponible para su consulta. A todos los niveles, los han ninguneado hasta quitárselos de encima. Ni escuchan, ni están dispuestos a escuchar. La lista es interminable. Los directores deportivos no les encajan, a los técnicos les hacen el vacío. Pocas veces la entidad del rat penat ha contado con secretarías técnicas tan nutridas y preparadas como en los últimos años, y a su vez, tan desoídas.

Es lo más llamativo de su disruptivo discurso. Hablan de éxito sin construir nada que lleve al éxito. Más bien, lo destruyeron cuando lo tuvieron. Ni lo sustituyeron, ni lo implementaron, ni lo mejoraron (acciones que entran dentro de la normalidad por desgaste o fin de ciclo, porque esto no trata de nombres, sino de modelo), simplemente lo arrasaron. Lo hicieron siempre con tal violencia e ira que invita a pensar que realmente les molesta que el equipo funcione. En su juego de luces ahora se muestran abanderados de la cantera sin tener una Ciudad Deportiva preparada para dichas exigencias, dirigida por personas que no están capacitadas para el cargo. Buscan resultados sin dotar de herramientas a la estructura que la aparte de la precariedad y el ninguneo que padece. Es gente hablando de ganar carreras sin tener un solo coche en su garaje. Y peor que eso, sin intención alguna en comprarse uno. Parecen creer que el éxito cae del cielo en lugar de requerir de pautas y un ecosistema que propicie su florecimiento. Pues en seis años no han añadido valor a la entidad, en ninguna faceta. Básicamente, el personal es el mismo que encontraron a su llegada, aunque reducido dada su afición al despido de ejecutivos y la amortización de departamentos. Como en cualquier otra partida, solo hay dinero para los suyos. La extraordinariamente bien pagada cohorte que acompaña al presidente es tan indigna como innecesaria o carente de atribuciones; más allá de adular al delegado de Peter Lim en València. Tan inútil que una entidad competente dirigiría ese abultado pico presupuestario a contratar personal altamente cualificado que añada valor a la sociedad y ensanche sus finanzas.

Tan claro tienen que «el club es suyo y pueden hacer con él lo que quieran» que lo poco realizado en todo este tiempo se ha basado en externalizar servicios para dejarlos en manos de la empresa de Cristiano Ronaldo. Amigo y socio de Peter Lim.

Tic replicado hasta en la confección de la plantilla, donde siempre se encuentra dinero para un Mendes boy. Aunque no haya jugado nunca en primera división. Favores personales a costa del VCF que habla de otra de las peculiaridades en la era Meriton: Su generosidad en fichar y pagar a futbolistas con lesiones crónicas, desde el fallido Rodrigo Caio, pasando por Siqueira, Nani o Mangala. Para los amigos eso del futbolista mayor propenso a las lesiones y que cobra mucho queda desactivado. Las estrecheces económicas, las que se esgrimen para negárselos cuando la petición llega del personal deportivo, tampoco cuentan en este caso.

Otro aspecto que sospechosamente ha pasado desapercibido por el entorno es la perniciosa obsesión por imponer a Kang In Lee, insistencia que curiosamente coincide en el tiempo con la adquisición de los derechos de imagen del futbolista por parte del máximo accionista.

He aquí la única y verdadera Meriton youth polity.

Son demasiadas cosas en demasiado tiempo que a poco que pongas la lupa sobre ellas entiendes rápidamente que resulta una pérdida de tiempo intentar buscarles una lógica. Básicamente porque partimos de un error de base: Nada de lo que hacen sigue los criterios clásicos deportivos a los que estamos acostumbrados a movernos en el fútbol. Son decisiones que se basan en intereses propios y opacos. Por eso les importa tan poco invadir vestuarios y romper sus reglas, en salir al mercado en una posición de debilidad previa devaluación de sus propios activos, por eso insisten en imponer futbolistas sin atender las consecuencias saltándose barreras que en nuestra concepción tradicional entendemos como líneas rojas. De ahí ese desapego y pose frentista cada vez que hablan. Sus clientes son aquellos que hacen negocios con ellos, la grada simplemente es un elemento molesto que interfiere en sus planes.

Esa búsqueda de su propio beneficio, a costa de chocar con los intereses del club, que son secundarios, les convierte en un peligro para el VCF. Eso, y su determinación a hacer y deshacer plantillas o violar códigos sin tener ni idea de lo que tienen entre manos. Pocas cosas más peligrosas en el fútbol que dejar deshacer y hacer a auténticos incompetentes, máxime si están motivados por el rencor y los egos, en la materia. Pues nadie, absolutamente nadie, que verdaderamente busca el éxito al adquirir un club de fútbol hace nada de lo que hace esta gente. Hasta aquellos modelos enfocados a la compraventa de jugadores, o a ser una mera granja de talentos, siguen las líneas clásicas que desprecia esta gente en València. De hecho, son los clubes que tienen las estructuras más profesionalizadas y potentes de la industria. De ello depende que funcionen.

Sus métodos son más parecidos a otro tipo de gestión.

Por esa ausencia de criterio de base sus discursos son tan cambiantes, huecos e incoherentes. El último ejemplo es realmente llamativo: Pasaron de enfocarlo todo a la Champions, vendida como única vía posible de supervivencia, el pretexto para despreciar conquistas y la misma historia de la entidad, a afirmar que tener un modelo de club que busca la máxima competición europea no es sostenible. Ni comentario merece el virage discursivo de aquel ‘ganar la Champions en cinco años’ con el que aterrizaron en 2014, al «no es realista esperar títulos en la próxima década» que despachó Anil Murthy en el fanzine propagandístico que financian desde Singapur. Y qué decir en culpar de ello al Man.City o a los rusos.

No les importa mentir, lo hacen con tal descaro, desfachatez, y con asuntos tan notorios y palpables, de una manera tan grotesca y soez, que hiela la sangre ver a gente capaz de atreverse a ello sin que se les mueva un pelo del flequillo. Escribir una carta sacando pecho porque tu sí pagas a los jugadores, para al día siguiente conocerse que la plantilla no ha cobrado las fichas del presente curso, es la guinda al circo meritonense que han levantado.

En eso se basa el goteo de sus tétricas apariciones en la prensa internacional, la única línea de defensa que han encontrado, sabedores de haber perdido el relato y la calle. Una acción a la desesperada para intentar tapar el hedor que sale de la avenida de Suecia, la cual también ha acabado saliéndoles rana. Al punto que uno de los diarios singapurenses, del que Peter Lim es accionista minoritario, recoge con todo lujo de detalles los desmanes de su compatriota y el descontento social que genera su figura. No queda rincón del mundo en el que no se hable de la torticera gestión de Meriton en el VCF y el hundimiento del club que está generando su presencia. Una crisis reputacional sin precedentes que los sitúa en el escalafón de los peores nombres, y más dañinos, de la industria. Un empuje que les ha obligado a refugiarse en el fanzine que sufragaron dentro de ese plan de hacer de tapón para que nada salga al exterior y controlar la imagen global del amado líder. Un panfleto que tampoco evita la carcajada al poder leerse en él auténticas patrañas, amén de ataques velados a plantilla o entrenadores, regadas con entrevistas a aficionados que afirman que el momento más especial y grato en toda su trayectoria como valencianista es el gol de Wass al Chelsea del pasado noviembre. Ni ganar Ligas, ni jugar finales de Champions o la Copa del centenario. Un gol de Wass.

Sabiendo que ya no es sostenible el modelo Champions, no debe extrañar que el próximo momento memorable del siguiente fan entrevistado en Batzine sea el gol de Piatti, o el de Enzo Pérez, que evitaron dejarnos a dos puntos del descenso a falta de cuatro jornadas para el final durante aquel bienio negro.

Como hicieron todos los malos gestores, gestores sin soluciones que aportar y desbordados por la situación que ellos mismos generaron, su último giro de tuerca es volver a apelar al pasado para justificarse. Oh, la herencia recibida again.

Cuestión tan zafia como mentirosa. Se saben al dedillo lo ocurrido, Due Diligence mediante, pero jamás te hablan de sus planes por revertir la situación. Que para eso vinieron, aunque ahora parezca lo contrario. Del incumplimiento de su propio plan de negocio presentado ante el banco para justificar la compra del club, así como de los demás compromisos adquiridos, también se olvidan cuando les da por repasar la historia. En 2020 la deuda debía ser de 28 millones, y los ingresos superar los 300. No lo hacen porque sería tanto como inculparse; porque no tienen argumentos, y sería admitir que cogieron un entidad con 325 millones de deuda tras un lustro seguido sin dar pérdidas, para generar déficits millonarios, situar la deuda en niveles de 2008, unos ingresos en la misma posición, convertir a Lim en el segundo mayor acreedor del club tras Bankia (deuda que habrá que pagarle y a costa de lo que sea, visto lo visto), un club estancado al que no han mejorado en nada, y unas obligaciones de pago a corto plazo que han vuelto a dejar a la economía de la entidad en la insolvencia gracias a su afán por jugar al PC Fútbol.

Es un buen intento, pero por desgracia el pasado no ha impagado las nóminas a los futbolistas (situándose en los titulares de toda la prensa mundial), ni tampoco ha estado viéndolas venir sin hacer nada para anticiparse y evitar la situación. Ni ha disparado la deuda hasta cotas tan peligrosas. El pasado, una parte de él, por contra, sí avalaba con su propio patrimonio para tirar adelante. Tampoco el ayer dejó al club sin competición europea más aveces en seis años que en los 25 cursos anteriores, o destrozado a un equipo campeón. Todo eso, y más, lo ha hecho el presente.

Es la verdad más incomoda de la era Meriton: Dejarán un club bastante peor que el recibido. Cada asalto al timón deportivo generó un gigantesco agujero financiero en las arcas. La exagerada suma en finiquitos pone la guinda al desastre. Casi todas las costosas operaciones portuguesas un fiasco.

Con los antecedentes resulta inocente seguir esperando un cambio por parte de gente que no tuvo reparos en destruir, por dos veces, todo lo que tenía sin atender a las consecuencias. Es la contradicción más gigantesca en toda esta historia, y tal vez la más dolorosa. Pues en los dos años anteriores demostraron que si quisieran podrían ser los dueños ideales para un equipo como el VCF. Pero ahí está el quid de la cuestión, ¿alguna vez quisieron? Cuesta creerlo atendiendo a los hechos. Su orgullo les impide aprender de sus errores, porque no consideran que hayan cometido ninguno.

Finalmente resultó que ese club profesionalizado y de vanguardia que iban a crear para relanzar la entidad no solo ha degenerado en más de lo mismo, sino que resulta ser una decadente copia del Betis de Lopera, o del Atlético de Jesús Gil. Los mismos vicios, las mismas trazas, la misma operativa y antipolítica deportiva y mamarrachez institucional… hasta el mismo argumentario victimista.

En el fondo no deja de ser una lección para un entorno cobarde y pasota con demasiada tendencia a mirar hacia otro lado o clamar por una sumisión total al poder de turno. La penitencia de una afición poco implicada y educada en el onanismo que siempre confundió ser caprichoso con ser exigente.

Nunca hubo entorno (siempre dispuesto a venderse por una entrevista o una toalla oficial) ni músculo social para ejercer de contrapoder a dirigencias (o procesos) que le perdieron el miedo a la grada una vez conocieron la fórmula para manejarla o desactivarla a su antojo. Con los antecedentes resulta hasta lógico que se atrevan a mandar callar al estadio viendo la mansedumbre institucionalizada. Tal vez con una masa crítica y activista mayor, y sin ese tabú a explorar la vía judicial, el castigo a una gestión paupérrima, en lugar de entretenernos en pedir seguidismo, dejar trabajar, o esgrimir argumentos divinos, hubiera creado una casta de dirigentes más temerosa a cometer excesos al dejar delimitadas fronteras infranqueables.

Una acción de responsabilidad social a tiempo nos hubiera ahorrado todo este trayecto.

Tal vez esas taras cambien con el relevo generacional que ha sufrido Mestalla en este período gracias a nuevas camadas criadas en la decadencia, empujados por una voluntad de querer llegar todavía a flor de piel. Pero no va a resultar sencillo deshacerse de un administrador negligente como Meriton. En entornos mucho más movilizados, organizados y masivos, donde la palabra aficionado no se confunde con la de espectador, la protesta ha visibilizado el problema a nivel mundial, pero apenas le ha puesto solución en un par de casos. Los exitosos fueron tal por ir acompañados de otras medidas. Por eso es importante que la movilización social sea constante en el tiempo, pero que no se quede solo en eso.

Porque finales para un Peter Lim que tiene todas las papeletas para acabar como Juan Soler, devorado por su ego, cegado por su furia y comiéndose sus acciones, hay muchos. Es ahí donde está la verdadera partida, la de conseguir articular propuestas, e implicar a agentes, que vayan más allá de señalar el vaciado de la institución y exigir la salida de Meriton. Hay que explorar la senda mas adecuada y posibilista.

En esta ocasión es imprescindible elegir bien el camino, porque la existencia del VCF nos va en ello.

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