Con más de 200 años de tradición vitivinícola, la bodega Miquel Pons, ubicada en La Granada (Alt Penedès), quiere unir la tradición que imponen las seis generaciones del árbol familiar que llevan haciendo vino en esta tierra con las innovaciones más pertinentes, una apuesta por los vinos ecológicos y, lo más importante, la recuperación de algunos. Un ejemplo es la malvasía de Sitges.
«Como enólogo te diría que la malvasía es un tesoro bestial que tenemos en el Penedès, principalmente porque tiene una capacidad aromática y, sobre todo, una capacidad de acidez, que es una joya», afirma contundente Pere Pons, doctor en Enología y enólogo de Cava Miquel Pons. Según explica, otras variedades autóctonas de la zona van perdiendo acidez a causa de la madurez de la uva; en cambio, la malvasía la sostiene muy bien, por eso son vinos que mantienen una muy buena acidez. Prueba de ello es el Montargull Malvasía de Sitges 2024, aromático, fresco y profundamente mediterráneo.
“Es curioso que un vino tan mediterráneo tenga aromas tan locas como el mango, la fruta de la pasión, la piña… parece que nos hayan regalado un pedazo de trópico”, asegura Pons. La subgama Montargull de Miquel Pons busca en cierto modo homenajear a variedades autóctonas recuperadas, ya sea porque las pudo llegar a trabajar la familia Pons en generaciones anteriores o porque sean históricas del Penedès.
De este modo empezaron con la malvasía de Sitges, aunque les costó un poco que funcionara. Pons reconoce que la primera cosecha no llegó a la bodega, pero desde entonces han aprendido y, por ejemplo, actualmente la están trabajando con cristal, en damajuanas, para conservar mejor todos los registros aromáticos.
«Es una variedad que teníamos en un cuarto de hectárea, pasamos a tener media hectárea y ya tenemos una hectárea entera», explica con orgullo el enólogo, que reconoce que, si la vendieran, le pagarían muy bien, «pero siempre queremos para nosotros estas uvas tan especiales. Mi abuelo nos transmitió mucho sobre tener.

200 años y seis generaciones de Pons
Para Miquel Pons, primo de Pere, es un orgullo que generación tras generación siempre alguien de su familia haya estado dedicándose a la bodega, a veces sólo una, pero siempre llevando el apellido Pons y una filosofía sobre la importancia del terruño y de las variedades autóctonas que persiste hoy en día.
«En la variedad local damos muchísimo valor y nos hemos especializado en recuperar variedades que nos transmiten cosas y que queremos después llevar al mercado para intentar emocionar a los clientes y contar la historia que hay detrás de estos parcelarios», apunta Miquel Pons.
Además, existe un componente especial de este tipo de uva que Pere Pons llama “nuestra guerrera y nuestro escudo contra el cambio climático” y es precisamente su adaptación, mucho mayor que la de otras variedades. Algo que también señala Miquel Pons: “Si ya estaba aquí, se adaptaba bien y era uno de los grandes vinos dulces del mundo en su momento, ¿por qué no probar y volver a plantar un viñedo ya ver qué nos da?”.
Para el enólogo, la malvasía de Sitges se convertirá en unos años “un factor clave para hacer vinos de una cierta solera o una cierta crianza y también creo que es un motor clave para los espumosos del Penedès para sobrevivir un poco al cambio climático”.
Así pues, parece que a la malvasía de Sitges le espera un futuro prometedor, algo que también parece extensible a la bodega. La séptima generación ya asoma, aunque Miquel Pons, padre reciente, afirma entre risas que no quiere condicionar; eso sí, tiene muy claro el legado que le gustaría dejar: “Me gustaría dejarles una bodega que respete el origen que tenemos, una base vitícola de variedades que para ellos sean fáciles, que se adapten a nuestro terruño y, sobre todo, también una bodega que la gente perciba como honesta, que hace vinos cuidados, de gran cantidad.

