Estéticas alternativas (al algoritmo): ¿abundancia o estado de coma?

“La moda pasa, el estilo permanece” es una de las citas más parrilladas de Coco Chanel. Forma parte del paquete de inicio en los primeros pasos de cualquier persona interesada en la moda. Sin embargo, en 2023, varias voces certifican a muerte de las tendencias, y el estilo ha pasado a ser relevante para una menguante proporción de insiders jóvenes del sector. Sí, es cierto, se ha hablado mucho de lujo silenciosopero también de la dificultad de rentabilizar una firma de lujo siendo fiel a estos preceptos (de Prada a Carolina Herrera, una pieza tan poco silenciosa como los pantalón caliente ha tomado las pasarelas, por poner sólo un ejemplo). Sí, se habla de los básicos, de la inversión en prendas atemporales y de calidad casi como única receta para el consumo sostenible, pero al mismo tiempo las plataformas de compraventa de moda de segunda mano enloquecen con intercambios de prendas bajo las tendencias más extremas de los 2000, las camisetas de fútbol colorean looks con traje de chaqueta, las faldas ahora son tan caladas y transparentes que se puede ver a través sede. El lujo silencioso y el estilo dinero viejo no lo son todo, y es muy posible que la mayoría de sus adeptos lo repliquen comprando moda rápidaen una maniobra irónica propia de la cultura de consumo de masas actual en la que parece que todo, también lo viejo, puede performarse.

Existe un discurso que apela a la elegancia infalible y normativa de las camisas blancas ligeramente sobredimensionado con pantalones vaqueros estilo padre de corte impecable. Uno que confía en jerséis de punto cuidados, de buenas lanas, en gabardinas y camisetas básicas, pero la parte superdotada en moda de la generación Z estalla en un inclasificable fenómeno de referencias y universos visuales que se agrupan en nomenclaturas no menos coloreadas como cottagecore, la academia oscura, microtendencias inspiradas en frutas o nostalgia de una década de los dos mil atravesada por un filtro actual. Alguien dijo en la red social X que ya no existen tendencias para esta generación, sino que ahora el juego de la moda consiste en perfeccionar tu avatar. ¿Cómo encaja esto con algo hasta hace poco tan fundamental como las estéticas contraculturales? ¿Abundancia y diversidad son sinónimo del triunfo de la individualidad? ¿Qué papel queda para lo colectivo y todo el significado político que la moda ha sido históricamente capaz de manifestar en sus expresiones más espontáneas y callejeras?

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